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Derechos Humanos

Conferencia Mundial de Derechos Humanos, 14 a 25 de junio de 1993, Viena (Austria)

El 25 de junio de 1993, representantes de 171 Estados aprobaron por consenso el documento Declaración y Programa de Acción de Viena de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, poniendo así el broche a dos semanas de conferencia mundial y presentando a la comunidad internacional un plan común para el fortalecimiento de la labor en materia de derechos humanos en todo el mundo.

La conferencia se caracterizó por un grado de participación sin precedentes de delegados gubernamentales y de la comunidad internacional de derechos humanos. Unos 7.000 participantes, entre ellos académicos, órganos creados en virtud de tratados, instituciones nacionales y representantes de más de 800 organizaciones no gubernamentales (dos terceras partes de ellas de nivel popular) se reunieron en Viena para examinar sus experiencias compartidas y beneficiarse de ellas.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali, en un mensaje a la Conferencia, dijo a los delegados que, con la aprobación de la Declaración y el Programa de Acción de Viena, habían renovado el compromiso de la comunidad internacional con la promoción y la protección de los derechos humanos. Felicitó a la reunión por haber forjado “una nueva visión para la acción mundial en favor de los derechos humanos en el próximo siglo”.
La Declaración y Programa de Acción de Viena supone la culminación de un largo proceso de examen y deliberaciones sobre la situación actual de los mecanismos de derechos humanos en el mundo. También señala el comienzo de un esfuerzo renovado por fortalecer e impulsar la aplicación del marco de instrumentos de derechos humanos que se han ido formulando laboriosamente sobre la base de la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948.

En su presentación del documento ante la sesión plenaria final, el Sr. Ibrahima Fall, Secretario General de la Conferencia, dijo que la Declaración de Viena aporta a la comunidad internacional un nuevo “marco de planificación, diálogo y cooperación" que permitirá aplicar un enfoque holístico a la promoción de los derechos humanos y obtendrá la participación de interlocutores en todos los niveles: internacional, nacional y local.

En 1989, la Asamblea General solicitó que se convocara una reunión mundial en la que se examinaran y evaluaran los progresos logrados en la esfera de los derechos humanos desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y donde se señalaran los obstáculos y la manera en que se podrían superar. La primera reunión mundial sobre derechos humanos había tenido lugar en Teherán en 1968.

El programa de la Conferencia, establecido por el cuadragésimo séptimo período de sesiones de la Asamblea General en 1992, incluyó también el examen de la relación entre desarrollo, democracia y derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos, así como la evaluación de la eficacia de los métodos y mecanismos de las Naciones Unidas con objeto de recomendar formas de garantizar recursos financieros y de otros tipos adecuados para las actividades de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos.

Desde la primera de las cuatro reuniones del Comité Preparatorio, celebrada en Ginebra en septiembre de 1991, quedó claro que esas tareas presentaban numerosos problemas difíciles, a veces divisivos, sobre la soberanía nacional, la universalidad, la función de las organizaciones no gubernamentales y cuestiones sobre la viabilidad, la factibilidad y la imparcialidad de instrumentos de derechos humanos nuevos o reforzados.

La búsqueda de un terreno común para estas y otras cuestiones se caracterizó por un diálogo intenso entre los gobiernos, docenas de órganos de las Naciones Unidas, organismos especializados y otras organizaciones intergubernamentales, y miles de organizaciones no gubernamentales de todo el mundo dedicadas al desarrollo y a los derechos humanos.

El proceso preparatorio incluyó tres reuniones regionales fundamentales (en Túnez, San José y Bangkok) que formularon declaraciones en las que se describían las inquietudes y perspectivas particulares de las regiones de África, América Latina y el Caribe, y Asia y el Pacífico. Además, las reuniones oficiosas celebradas en Europa y América del Norte, y las numerosísimas reuniones conexas en todo el mundo contaron con la participación de amplios sectores de la sociedad y realizaron aportaciones extremadamente valiosas. En la última reunión de mayo, que finalizó tras un período ampliado de sesiones, el Comité Preparatorio elaboró un proyecto de documento final con el cual comenzaron la labor y las negociaciones finales de la conferencia, organizada en Viena por el Gobierno de Austria.

El documento final convenido en Viena, que fue aprobado por el cuadragésimo octavo período de sesiones de la Asamblea General (resolución 48/121, de 1994), reafirmó los principios que habían evolucionado durante los 45 años anteriores y fortaleció más aún las bases para nuevos progresos en la esfera de los derechos humanos. El reconocimiento de la interdependencia entre democracia, desarrollo y derechos humanos, por ejemplo, allanó el camino para la cooperación futura entre organizaciones internacionales y los organismos nacionales en la promoción de todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo.

Igualmente, la Conferencia dio nuevos pasos históricos para promover y proteger los derechos de las mujeres, los niños y los pueblos indígenas apoyando la creación de un nuevo mecanismo, el Relator Especial sobre la violencia contra la mujer, nombrado posteriormente en 1994; recomendando la proclamación por la Asamblea General de un decenio internacional sobre los pueblos indígenas del mundo, lo que dio lugar a la proclamación de dos decenios (1995-2004 y 2005-2014); y haciendo un llamamiento a la ratificación universal de la Convención sobre los Derechos del Niño para el año 1995. A fecha de hoy, la Convención ha sido ratificada por todos los países, con excepción de Somalia y los Estados Unidos de América.

La Declaración de Viena también hace recomendaciones concretas para el fortalecimiento y la armonización de la capacidad de vigilancia del sistema de las Naciones Unidas. A este respecto, solicitó el establecimiento de un Alto Comisionado para los Derechos Humanos por la Asamblea General, que posteriormente creó ese puesto el 20 de diciembre de 1993 (resolución 48/141). El Sr. José Ayala Lasso fue designado por el Secretario General para el puesto de primer Alto Comisionado y comenzó a ejercer sus funciones el 5 de abril de 1994.

La Declaración de Viena hace hincapié además en la necesidad de que los demás instrumentos de derechos humanos sean ratificados con rapidez.
"Al aprobar la Declaración", dijo el Sr. Fall en su discurso final ante la conferencia, "los Estados Miembros de las Naciones Unidas han prometido solemnemente respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, y emprender individual y colectivamente acciones y programas para lograr que el disfrute de los derechos humanos sea una realidad para todos los seres humanos”.

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