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Declaración de la relatora especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos: 68° Período de Sesiones de la Asamblea General

Nueva York, 23 de octubre de 2013

Señor Presidente, Excelencias, distinguidos delegados, señoras y señores,

Tengo el honor de presentar mi sexto y último informe a la Asamblea General como Relatora Especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos.

Cuando asumí este mandato hace cinco años, la crisis financiera acababa de sacudir la economía mundial a su núcleo. Hoy en día, los pobres del mundo siguen sufriendo las consecuencias de la crisis y en muchos países la pobreza es más severa y la desigualdad más profundamente arraigada. Las medidas de austeridad adoptadas por muchos gobiernos están agravando aún más esta tendencia. El compromiso internacional de no escatimar esfuerzos para liberar a todos los hombres, mujeres y niños de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema, que todos los Estados asumieron hace más de una década, sigue siendo una visión más que una realidad.

Sin embargo, también hemos visto algunos avances. El tema de la desigualdad parece haber ganado un espacio en las agendas políticas de muchos países. Ahora que el plazo del 2015 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se acerca y los líderes mundiales están discutiendo maneras de avanzar y ampliar los objetivos logrados, hay una oportunidad para lograr un progreso real en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Me siento alentada por el hecho de que ahora hay un reconocimiento explícito de que el respeto de todos los derechos humanos es un requisito esencial no sólo para el logro de los ODM, sino para el desarrollo en general. También hay un amplio consenso en que el empoderamiento de las mujeres y la realización de sus derechos es una de las claves para luchar contra la pobreza, a nivel de las familias, comunidades y sociedades enteras.

Me parece que la agenda global de desarrollo post-2015 podrá hacer una importante contribución a mejorar las condiciones de vida de aquellos que no se han visto aun beneficiados si se hacen esfuerzos serios para incluir compromisos significativos y medibles para mejorar el disfrute de los derechos humanos de las mujeres y avanzar hacia la equidad de género.

El informe que hoy presento busca llamar la atención sobre un tema que ha permanecido obstinadamente ignorado por los responsables políticos, a pesar de ser una de las bases del bienestar de nuestras sociedades y fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo social.

El tema que me refiero, que además constituye un gran obstáculo para el ejercicio de los derechos de la mujer, el desarrollo equitativo y la equidad de género, es la distribución desigual del trabajo de cuidado no remunerado.

En todo el mundo las mujeres realizan la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado - como cocinar, limpiar, cuidar a los niños y las personas mayores, e ir a buscar agua y combustible. En todos los países, las mujeres trabajan más horas que los hombres cuando se toma en cuenta el trabajo no remunerado - y sin embargo reciben menos recompensa financiera o reconocimiento.

Las mujeres que viven en la pobreza suelen dedicar más tiempo al trabajo de cuidado no remunerado porque no pueden pagar la tecnología que les permitiría ahorrar tiempo o ayuda externa y tienen un acceso limitado a los servicios públicos y las infraestructuras que pueden aliviar la carga de tiempo y la monotonía.

No podemos hablar de "empoderamiento de las mujeres" haciendo caso omiso de la cuestión de quién prepara la comida, realiza la limpieza y el cuidado de los hogares. Dedicarse al trabajo de cuidado no remunerado, sin apoyo y sin el reconocimiento, limita el tiempo y las oportunidades que tienen las mujeres y las niñas para superar la pobreza y disfrutar de sus derechos en igualdad de condiciones con los hombres. El trabajo de cuidado es una responsabilidad social y colectiva que debe distribuirse más equitativamente entre mujeres y hombres, entre el Estado y los hogares, y entre los que tienen y los que no tienen. Si realmente aspiramos a empoderar a las mujeres, debemos asegurarnos de que el trabajo de cuidado es mejor valorado, apoyado y compartido.

Señor Presidente:

Es hora de que nos demos cuenta de que la desigual distribución del trabajo de cuidado no remunerado - incrementada por estereotipos de género discriminatorios contra las mujeres y sobre los roles de los hombres en la sociedad y en la familia – es un importante problema de derechos humanos. La desigualdad en este asunto subyace a muchos otros aspectos de la discriminación contra la mujer y por lo tanto tiene implicaciones mucho más amplias para la igualdad de género.

Si estamos de acuerdo en que la desigualdad de género y la discriminación son las principales preocupaciones en materia de derechos humanos y el desarrollo social, entonces debemos prestar atención al trabajo de cuidado no remunerado.

Por otra parte, la distribución desproporcionada de las responsabilidades de cuidado crea múltiples obstáculos para las mujeres en el disfrute de muchos de sus derechos humanos en igualdad de condiciones que los varones.

El derecho a una remuneración adecuada y al trabajo decente es obstruido en gran medida por el trabajo de cuidado no remunerado. La carga de las responsabilidades de trabajo de cuidado puede impedir el acceso de las mujeres al mercado de trabajo o puede forzarlas a aceptar trabajos informales de baja remuneración, sin condiciones de trabajo decente. Por otra parte, cuando las mujeres embarazadas o las madres pierden sus puestos de trabajo como consecuencia de perjuicios discriminatorios sobre sus roles de cuidado, se vulnera de manera directa el derecho al trabajo.

En cuanto al derecho a la educación, el impacto puede comenzar desde una edad temprana, causando daño irreparable a las oportunidades de las niñas. Las niñas pueden ser retiradas de la escuela para llevar a cabo el trabajo de cuidado en el hogar, o la carga desproporcionada de estas tareas pueden afectar el tiempo y la energía que pueden dedicar a las tareas escolares, lo que obstaculiza su progreso en relación con los niños. En la edad adulta, las mujeres tienen menos acceso a la formación y la educación a causa de su trabajo de cuidado.

El derecho a la salud es otra preocupación importante. Hay un límite al trabajo de cuidado que una persona puede hacer sin dañar su salud mental o física. El trabajo de cuidado no remunerado puede ser difícil, estresante y emocionalmente difícil y hasta peligroso (por ejemplo, mediante la exposición a enfermedades contagiosas, humos o quemaduras de cocinas o riesgo de asalto mientras se va a recolectar combustible o agua). Por otra parte, las mujeres con pesadas cargas de trabajo de cuidado pueden no tener acceso a una atención sanitaria adecuada, debido a la falta de tiempo o dinero.

El derecho a la seguridad social también se ve afectado negativamente, lo que implica que en muchas sociedades, la pobreza es la recompensa de las mujeres fruto de toda una vida dedicada a la atención de los demás.

El disfrute de muchos otros derechos también se ven afectados negativamente por las fuertes cargas de trabajo de cuidado no remunerado, desde la libertad de asociación al disfrute de los derechos al agua y al saneamiento.

Particularmente importante es el derecho a la participación. Uno de los obstáculos más importantes a la capacidad de las mujeres para participar más activamente en la vida pública y política es el peso del trabajo de cuidado, la falta de muchos hombres de compartir este trabajo y la falta de servicios de apoyo al mismo.

Tanto para las mujeres que caminan kilómetros cada día para recoger agua y combustible, como para aquellas que tienen que trabajar un largo y duro "segundo turno" al llegar a casa de su trabajo remunerado, el tiempo para la educación, la salud o simplemente de ocio es un lujo. La carga de trabajo desigual y pesada que recae sobre las mujeres está afectando gravemente el disfrute de sus derechos y es el principal obstáculo para la igualdad de género.

Distinguidos delegados, señoras y señores,

Los derechos humanos crean derechos y obligaciones. En el informe, explico las obligaciones de los Estados en relación con el trabajo de cuidado no remunerado, según las normas de derechos humanos existentes. El mensaje principal es que los Estados tienen el deber de actuar. Con el fin de lograr la igualdad de género y la igualdad en el disfrute de los derechos humanos por las mujeres, los Estados deben hacer frente a las cargas pesadas y las distribuciones desiguales del trabajo de cuidado no remunerado.

El informe que presento hoy llama a todos los Estados, cualquiera que sea su nivel de desarrollo, para posicionar el trabajo de cuidado como una responsabilidad social y colectiva, y proporciona recomendaciones concretas en este sentido.

Desde reformas legislativas para consagrar la igualdad de género, hasta la inversión en infraestructura y prestación de servicios públicos, hay una amplia variedad de áreas en las que los diferentes Estados deben tomar medidas, teniendo en cuenta los desafíos específicos que enfrentan para lograr la igualdad de género. En todos los casos, sin embargo, los responsables políticos deben aplicar una “perspectiva de cuidado”: esto significa que cualquier política o intervención específica debe ser evaluada teniendo en cuenta si es sensible a las exigencias del trabajo de cuidado no remunerado y su distribución de género, si refuerza implícitamente el trabajo de cuidados como la responsabilidad solo de mujeres o por el contrario desafía los estereotipos negativos de género.

Los derechos laborales tales como licencia por maternidad, el permiso parental y el trabajo flexible son sin duda herramientas esenciales. Sin embargo, para las mujeres que viven en la pobreza, la acción más importante que los gobiernos pueden tomar para reducir y redistribuir el trabajo de cuidado no remunerado y aumentar su disfrute de los derechos, es mejorar la prestación de servicios públicos e infraestructura.

A menudo, los servicios públicos son insuficientes o inaccesibles para las mujeres que viven en la pobreza - especialmente en las zonas rurales o asentamientos informales. Como resultado, las mujeres tienen que asumir una carga más alta de trabajo de cuidado no remunerado: el cuidado de los enfermos, ancianos, niños y niñas, personas con discapacidad y de ir a buscar agua y combustible. En África subsahariana, las mujeres y las niñas gastan 40 mil millones horas por año a recoger agua, lo que equivale al valor de un año de trabajo de toda la plantilla en Francia. La falta de carreteras decentes y transporte público, carencia de centros de salud y escuelas, aumenta la carga de trabajo no remunerado y agrava la pobreza de tiempo de las mujeres.

Por el contrario, cuando los Estados mejoran la calidad y accesibilidad a los servicios públicos en las zonas pobres, el tiempo y el potencial de las mujeres que viven en la pobreza se libera para el empleo, la educación y la participación en la vida social, cultural y política. Esto conduce a una mayor igualdad, mejoras en el disfrute de los derechos y al empoderamiento.

Distinguidos delegados, Señoras y señores:

En conclusión, es hora de que los Estados, los defensores de los derechos humanos y los agentes de desarrollo reconozcan la importancia del trabajo de cuidado no remunerado y su impacto sobre la pobreza, la desigualdad y los derechos humanos.

Esta es una preocupación en todas nuestras sociedades. Hace casi 20 años, la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción pusieron en relieve la importancia de la lucha contra la distribución desigual del trabajo remunerado y no remunerado entre hombres y mujeres como un paso esencial hacia la igualdad de género. Por desgracia, se ha avanzado muy poco en este aspecto. En todas partes del mundo, millones de mujeres todavía encuentran que la pobreza es su recompensa por toda una vida de cuidado, y la provisión de cuidado no remunerado de las mujeres y las niñas sigue siendo tratada como un recurso infinito y sin costo.

En efecto, el problema de la carga desigual del trabajo de cuidado no remunerado se ha visto agravado en tiempos recientes. Las medidas de austeridad en los países desarrollados y en desarrollo están intensificando la carga laboral de las mujeres que han de hacer frente a los recortes a los servicios públicos, a los presupuestos de salud y a los servicios de atención a las personas mayores, niños y personas con discapacidad. Mientras tanto, en los países afectados por la pandemia del VIH / SIDA, en lugar de proporcionar una ayuda más amplia de salud financiado por el Estado y cuidados paliativos en los hospitales o en las comunidades, los gobiernos se apoyan en la "atención domiciliaria" – que una vez más, por lo general es realizada por las mujeres que viven en la pobreza a un gran costo de oportunidad en la generación de ingresos u otras oportunidades.

Con la presentación de este informe, espero poder convencer a los defensores de derechos humanos y a los responsables políticos de que el reconocimiento, la reducción y redistribución del trabajo de cuidado no remunerado deben ser un elemento central de la lucha por la igualdad de género. Se necesita un esfuerzo concertado por parte de los Estados para que la carga desigual de trabajo no remunerado no sea un obstáculo imbatible para el disfrute de los derechos humanos de las mujeres en igualdad de condiciones que los varones, para que participen igualitariamente de la obtención de los beneficios del desarrollo y se ponga fin a la transmisión intergeneracional de la pobreza.

En este sentido, el potencial de la agenda post-2015 para erradicar la pobreza, combatir la desigualdad y mejorar el disfrute de los derechos humanos mejoraría en gran medida mediante la inclusión de los compromisos concretos relativos al trabajo de cuidado no remunerado y alentando a los Estados a considerar la economía del cuidado en la creación y la consecución de objetivos y metas en sectores relevantes como el empleo y la protección social. El cuidado debe ser entendido como una responsabilidad social y colectiva - crucial para el desarrollo basado en los derechos humanos y la reducción de la pobreza en todos los países.

Gracias.