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Declaración conjunta Habitat III: Tiempo de cambio hacia una Nueva Agenda Urbana basada en derechos humanos

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Ginebra, 13 de octubre de 2016

Como expertos independientes en derechos humanos1/ , nombrados por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, celebramos la primera reunión mundial del siglo XXI sobre urbanización y su papel fundamental en la vida de millones de personas, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Humano Sostenible (Habitat III, Quito, 17-20 de octubre de 2016).

Habitat III es una oportunidad única. Llega en un momento crucial para ciudades y asentamientos urbanos, donde más del 56% de la población mundial reside actualmente. Será una reunión amplia entre diversos actores y delegaciones, con más de 30.000 participantes registrados provenientes de todo el mundo. Esta puede ser una ocasión para desarrollar nuevas e inusuales alianzas, y para colaborar en el cumplimiento de un único objetivo común: el desarrollo de un plan que asegure que las ciudades y los asentamientos humanos sean lugares donde todas las personas, (independientemente de su situación o su estatus migratorio) puedan vivir con dignidad, seguridad e inclusión, esenciales en una perspectiva de derechos humanos.

La Nueva Agenda Urbana, el documento final que se aprobará en Quito concuerda con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y comparte la visión de garantizar un desarrollo urbano sostenible, la inclusión social y la eliminación de la pobreza. Reconoce el potencial transformador de los derechos humanos con respecto a algunas de las cuestiones más apremiantes de nuestros tiempos. Pero ¿es suficiente? ¿Ofrece la Nueva Agenda Urbana una brújula para los próximos 20 años, una brújula que corrija el curso hacia ciudades con la gente y para la gente y sus derechos humanos?

Al abordar esta cuestión, vale recordar que Habitat III tendrá lugar, por primera vez, en América Latina. Aunque pueda parecer agridulce, éste es un símbolo perfecto para la Cumbre: por un lado, esta región ha experimentado una rápida urbanización no planificada, corrientes migratorias masivas, desplazamiento de los pueblos indígenas de sus tierras ancestrales, criminalización de los pobres, frecuentes desalojos y gentrificación. Asentamientos informales convergen con mega-ciudades; lo que solía ser territorio rural se ha convertido en una creciente periferia suburbana; barrios amurallados y ricos coexisten, a veces en las mismas calles, con asentamientos de personas sin hogar, viviendo entre cartones y chozas. Es una región que conoce muy bien los efectos devastadores que puede tener el desarrollo no regulado en la vida de los más vulnerables y de los pobres. Es, después de todo, y a pesar de los progresos logrados, una de las  regiones más desiguales del mundo.

Por otra parte, ésta es también una región de esperanza, fuerza y perseverancia. Es una región de diversidad inspiradora, de organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales que luchan por la justicia social, los derechos humanos y el acceso a la justicia. Es la región donde el movimiento por el ‘derecho a la ciudad’ ha tomado forma y se ha llenado de sentido y sustancia al poner sobre la mesa la necesidad esencial de asegurar que las ciudades sean consideradas como bienes comunes, donde todos los derechos humanos estén protegidos y todas las personas tengan un verdadero acceso a los espacios, servicios, instalaciones y oportunidades, pero también a una voz y un lugar en la toma de decisiones. Para muchos de los movimientos sociales reunidos en Quito la próxima semana, el reconocimiento de un ‘derecho a la ciudad’ en la Nueva Agenda Urbana cristaliza por primera vez sus esfuerzos para mirar más de cerca y más en serio lo que ha faltado durante décadas en el rápido auge de la urbanización globalizada.

Habitat III debe poner de manifiesto las contradicciones y contrastes que conviven en América Latina, y en centros urbanos de todas las regiones. Esta conferencia debería provocar un sentimiento de indignación ante las condiciones de vida en las ciudades y asentamientos, y un sentido de urgencia para desarrollar soluciones que giren en torno al ser humano. No se puede dejar de tener en cuenta que diariamente suceden atroces violaciones de los derechos humanos en los centros urbanos en todo el mundo.

En efecto, la mayoría de la población mundial vive en zonas urbanas y peri-urbanas, a menudo en deplorables condiciones de vivienda – ya sea literalmente en la calle o en viviendas informales y terriblemente inadecuadas. Aproximadamente una de cada cuatro personas no tienen un lugar seguro para vivir, una en cinco no tienen agua potable, uno en tres no tienen servicios de saneamiento. Millones de personas fueron desplazados internos en 2015, no sólo debido a los conflictos, sino también debido a proyectos de desarrollo, a violencia y a desastres naturales, y muchos de ellos están ahora dispersos en ciudades luchando por encontrar un lugar donde vivir, aunque la gravedad y  prevalencia de su situación no sea conocida totalmente. Los desalojos forzosos, la segregación y el aislamiento, la violencia extrema y la discriminación, la xenofobia y el racismo, la falta de asequibilidad de la vivienda y los servicios básicos, están proliferando en todas las ciudades. Estas condiciones son un agravio a la dignidad humana y, sin embargo, rara vez son tratadas como cuestiones de derechos humanos que exigen respuestas urgentes. Estas son las realidades que deben ser tomadas en cuenta, y abordadas en una conferencia mundial sobre la urbanización sostenible.

La Nueva Agenda Urbana debe cobrar vida en los próximos veinte años enfrentando estos inmensos desafíos con ambición y urgencia. No hay lugar para la complacencia. Una respuesta eficaz a las condiciones de vida de las personas más marginadas y discriminadas exigirá a todos los niveles del gobierno, el sector privado, bancos multilaterales, instituciones financieras internacionales, donantes y agencias de la ONU a aceptar y tomar en cuenta las dimensiones de derechos humanos de la vida urbana.

Es por esta razón que deseamos conjuntamente solicitar que Habitat III establezca un plan de acción para la implementación de una Nueva Agenda Urbana, que se base en derechos humanos y que incluya los siguientes cuatro puntos centrales:

1. La Nueva Agenda Urbana debe comprometerse a la verdadera participación y el empoderamiento de las mujeres y otros grupos de población que a menudo son discriminados y marginados de las ciudades, como sujetos de sus derechos y residentes de las ciudades a las que contribuyen diariamente. Simplemente mencionarlos en una lista es un pequeño paso, pero insuficiente, para responder a sus necesidades particulares. Las personas con discapacidad, los pueblos indígenas, los adultos mayores, los niños, las personas sin hogar, los migrantes y los refugiados, las minorías étnicas y religiosas,  los LGBTI y otros deben ser incluidos como participantes activos en la implementación de la Nueva Agenda Urbana. Esta debe diseñar y aplicar planes claros, significativos, para la inclusión y participación, que consideren las experiencias, preocupaciones y temores específicos de las personas más marginadas, así como su contribución esencial.

2. La Nueva Agenda Urbana debe aplicarse de manera coherente con las normas internacionales de derechos humanos y los derechos fundamentales a la vida y a la no discriminación. Cada persona es inherentemente humana y -como dijo una vez Desmond Tutu - merece el "menú completo de los derechos humanos, no sólo las migajas que alguien arroja de su mesa". En otras palabras, en su aplicación, la Nueva Agenda Urbana debe sostener la amplia gama de derechos humanos necesarios para una vida digna: acceso sin discriminación a una vivienda adecuada, agua, saneamiento, educación, alimentos, oportunidades de empleo y bienes, servicios y centros de salud; la libertad de expresión, de reunión, el acceso a la justicia y a recursos efectivos.

3. Habitat III debe dar un cambio significativo – que vaya más allá de exaltar las virtudes de la prosperidad, para enfocarse en la vida de las personas y comunidades cuyos derechos están en juego. La Nueva Agenda Urbana incluye un interés incondicional en el crecimiento económico, y los aspectos financieros de la urbanización sin abordar de manera eficaz la tensión entre estas políticas y el disfrute de los derechos humanos de los más marginados. La Nueva Agenda Urbana debe desafiar, no halagar, a los agentes inmobiliarios, empresas constructoras y contratistas, a los fondos de inversión en vivienda y en tierra para ganancia personal, y a los bancos multilaterales e instituciones financieras internacionales, que siguen financiando proyectos urbanos e infraestructura que conducen a desalojos forzosos, desplazamientos de población, aislamiento y exclusión. Para que este cambio tenga lugar, la Nueva Agenda Urbana debe exigir de todos los niveles de gobierno medidas audaces y una reglamentación rigurosa del mercado privado y los actores privados para frenar "tendencias del mercado", aplicando las normas y principios de derechos humanos.

4. Los gobiernos locales deben recibir apoyo para adquirir o mejorar los conocimientos y capacidades para asegurar que la Nueva Agenda Urbana se haga realidad. La Agenda reconoce acertadamente el papel esencial que desempeñan los gobiernos subnacionales y locales en cada aspecto de las ciudades y asentamientos urbanos. También reconoce la necesidad de una mejor cooperación entre los distintos niveles de gobierno. Los gobiernos subnacionales y locales no pueden cumplir sus obligaciones en materia de derechos humanos si no reciben apoyo a nivel nacional por parte de los gobiernos centrales y otros actores clave.

Si se concede la importancia necesaria a estas cuatro condiciones en la implementación de la Nueva Agenda Urbana, Habitat III no será otra conferencia mundial más, llena de retórica y vacía de promesas reales para la gente a la que está destinada a proteger y cuya vida se pretende mejorar. Los participantes en Quito sabrán que harán historia y que han sido parte de un evento singular en sus vidas. Habrán hecho una inversión que nos lleve hacia un mundo mucho más rico - una inversión en derechos humanos.

FIN

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1/ Relatora Especial sobre derecho a la vivienda, Leilani Farha; Relatora Especial sobre los derechos de las personas con discapacidad, Catalina Devandas Aguilar; Relator Especial sobre el derecho a la educación, Koumbou Boly; Relator Especial sobre extrema pobreza y derechos humanos, Philip Alston; Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver; Experto Independiente sobre los efectos de la deuda externa, Juan Pablo Bohoslavsky; Relator Especial sobre el derecho a la salud, Dainius Pūras; Relatora Especial sobre los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Lucia Tauli-Corpuz; Relator Especial sobre los derechos humanos de los migrantes, François Crépeau; Experta independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad, Rosa Kornfeld-Matte; Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, Dubravka Šimonovic; y Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y el saneamiento, Léo Heller.