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Mesa redonda de alto nivel debate la situación de derechos humanos en la República Árabe Siria

Declaración del Alto Comisionado

14 de marzo de 2017

Excelencias, colegas:

Hace poco me reuní con un grupo de mujeres sirias cuyos familiares han estado detenidos o simplemente han desaparecido desde hace varios años. Algunas de ellas también estuvieron detenidas, al igual que lo estuvieron varios miembros de este distinguido panel. Un número incalculable de personas han sufrido arrestos arbitrarios, detenciones, torturas, secuestros y desapariciones forzosas en Siria. Como ustedes saben a mi Oficina y a la Comisión de Investigación se les ha negado el acceso al país, y tampoco se ha admitido la presencia de observadores internacionales de derechos humanos en los lugares donde, con toda probabilidad, decenas de miles de personas se encuentran hoy arrestadas. Esos lugares son antros de tortura.

En verdad, todo este conflicto –este inmenso tsunami de atrocidad y derramamiento de sangre- comenzó con la tortura: el arresto y la tortura, perpetrados por agentes de seguridad, de un grupo de muchachos de Daraa que habían pintarrajeado lemas contra el gobierno en el muro de una escuela. A medida que las protestas aumentaron, el gobierno desató una guerra contra su propio pueblo, lo que dio origen a movimientos de insurrección, estimuló a los extremistas violentos y creó las condiciones para un conflicto regional que es también una guerra por procuración entre varias potencias.  

Actualmente, en cierto modo todo el país ha llegado a ser una inmensa cámara de tortura: un lugar donde predominan el horror más salvaje y la injusticia absoluta. El conflicto, que entra ahora en su séptimo año, es el peor desastre de origen humano que el mundo ha presenciado desde la Segunda Guerra Mundial. Y ni siquiera los llamamientos desesperados que los vecinos de Alepo emitieron el año pasado repercutieron en los dirigentes del mundo cuya influencia podría poner fin a esta lucha. Las atrocidades infligidas a la comunidad yazidí por el grupo extremista Daesh –entre otras, el secuestro y la venta de niñas y mujeres como esclavas sexuales- no generaron una acción rápida y decidida con miras a exigir responsabilidades. La esperanza de poner fin a esta carnicería sin sentido y de remitir los presuntos crímenes a la Corte Penal Internacional se ha visto frustrada una y otra vez por el veto de determinados países.

La adopción por la Asamblea General de la Resolución 71/248 el pasado mes de diciembre, constituyó un importante paso de avance. Mi Oficina procede actualmente con toda la celeridad posible a establecer el mecanismo internacional, imparcial e independiente que colaborará con la Comisión de Investigación, a fin de reunir y analizar las pruebas y elaborar expedientes detallados sobre los sospechosos, con lo que se sentarán las bases para los procesos penales contra los autores de esos delitos.

La rendición de cuentas, el esclarecimiento de la verdad y la atribución de reparaciones jurídicas son condiciones sine qua non para que el pueblo sirio pueda alcanzar la reconciliación y la paz. Esos requisitos no son negociables. El asunto de las detenciones sigue siendo un problema esencial para muchas personas en Siria –un problema que podría decidir la viabilidad de cualquier acuerdo político. Es nuestra responsabilidad apoyar la lucha de las familias sirias en pro de la verdad. Únicamente cuando el pasado haya comenzado a sanar, podrá el país concebir un futuro sólido.

Insto a todas las partes en conflicto a que pongan fin a la tortura, detengan las ejecuciones y suspendan los juicios injustos que realizan los tribunales improvisados. Los agentes humanitarios y los observadores internacionales deben recibir autorización para acceder a todos los centros de detención. Asimismo insto a todas las partes que mantengan a personas detenidas o cautivas a que las pongan en libertad o, al menos, a que proporcionen información básica sobre ellas: nombres de los reos y lugares donde están detenidos, y lugares donde han sido enterradas las personas fallecidas.

Muchas gracias