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Se cierra el círculo del duelo por 4 mujeres desaparecidas forzosamente

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Hace diez años, el 1 de enero de 2000, en La Dorada, en el departamento de Putumayo, al sur de Colombia, Nancy Galárraga fue citada con sus hermanas a ‘La Marranera’ por un comandante paramilitar. El hombre le dijo a Nancy que no se preocupara, que regresara a su casa y que “las muchachas volvían mas tarde”. Nunca regresaron: Patricia, de 22 años; Mónica y Nelsy, gemelas de 19; y María Nelly, de 13.

Nieves Galárraga y su nieto han descansado tras encontrar los restos de sus seres queridos pero el sufrimiento continúa - Colombia © Fiscalía General de la Nación - ColombiaEl 7 de julio de 2010, cuatro cofres blancos, adornados con flores y fotografías de mujeres, reposaron sobre una mesa principal. Fue una ceremonia inusual que, según los expertos, buscaba cerrar el círculo de duelo por la desaparición forzada de cuatro jóvenes mujeres. Según la familia de éstas, aquí en la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, 10 años después de su desaparición, tortura y asesinato, y en medio de un dolor inmenso, se les devolvió la dignidad. La madre, su hermana y cuatro de sus hijos expresaron una tristeza difícil de describir.
 
Hace seis meses, una fiscal colombiana informó del hallazgo de una fosa común exhumada por su despacho, luego de la declaración de dos paramilitares quienes, acogiéndose a la figura de beneficios por colaboración, entregaron las coordenadas del lugar donde se encontraban los restos de las jóvenes Galárraga. 
 
Después de abrir la tierra con sus propias manos y entregar más de 100 fosas con restos humanos a la Fiscalía, terminó la espera de Nieves, la madre de las jóvenes, de Nancy, su hermana,  y de sus cuatro hijos. El dolor, en cambio, aún no termina. Nieves dice que está cansada de sufrir. Llora y expresa que hoy  han devuelto la dignidad a sus hijas, porque ahora todos pueden repetir  que ellas eran jóvenes alegres, buenas y trabajadoras. También insiste en que cuando se las llevaron nadie hizo nada. Y pide justicia.
 
La  desaparición forzada ocurre cuando, con la acción o la omisión de autoridades del Estado, una persona es llevada forzosamente y el paradero de esta persona es ocultado intencionalmente por sus captores. Como consecuencia, las víctimas están en un lugar al cual no alcanza la protección de la ley. En muchos casos, la única información que se tiene sobre la persona desaparecida proviene del relato que existe sobre la última vez que fue vista viva y  en libertad.
 
Nieves pide ayuda. Quiere que sus nietos puedan ir al colegio y ahora no tienen el dinero para hacerlo. Llegó al Putumayo sembrando arroz y maíz, se ha pasado la vida trabajando y enfrentando el desplazamiento forzado, por causa de las amenazas contra su vida que llegaron apenas comenzó a averiguar el paradero de sus hijas.
 
“Se sentían valientes ante unas niñas inocentes: degollándolas, violándolas…”, repite Nieves al mirar los cofres blancos en los cuales están los restos de sus hijas.
 
La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos recibió con honor la solicitud de realizar una ceremonia de este tipo en sus instalaciones. Abrir las puertas a las víctimas, pero al mismo tiempo, a las autoridades en un acto de entrega de los restos mortales, luego de la desaparición forzada de 3 jóvenes y una niña, es doloroso. No obstante, al mismo tiempo impulsa el importante trabajo de insistir en el establecimiento de normas que permitan procesos de verdad, justicia y reparación. Hay un mensaje claro para Colombia, el derecho internacional de los derechos humanos prohíbe la desaparición forzada y obliga a buscar y a encontrar a los desaparecidos.
 
“Es muy triste recibir los restos mortales de tres jóvenes mujeres y una niña. Al mismo tiempo es un honor tener a su familia aquí. Comprendemos su dolor. Nos solidarizamos y nos unimos a las voces que claman justicia ante estas gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidas por los grupos paramilitares”, dijo Christian Salazar, representante de la Alta Comisionada en Colombia.
 
“El derecho a la verdad y la necesidad de reconciliación no desmerece la necesidad de la justicia. Nuestro trabajo continuará para contribuir a encontrar a los desaparecidos, así como a exigir la prevención, investigación y sanción de la desaparición forzada”, puntualizó.
 
En el país, después de más de 40 años de conflicto armado, no hay una cifra exacta de personas desaparecidas forzosamente, posiblemente sumarían miles.
 
La ceremonia de entrega de los restos mortales de las hermanas Galárraga finalizó con rosas blancas y rojas por cada persona desaparecida en Colombia. Y con las palabras de Nancy, su hermana: “Yo buscaba a mis hermanas y las esperaba vivas…No como me las están entregando ahora, diez años después…”.

6 Septiembre 2010