Ayudar a la comunidad desde muy joven


Desde una edad muy temprana, Milka Chepkorir Kuto sabía que quería ser una activista de derechos humanos.

“Hemos afrontado numerosas violaciones de derechos humanos, desalojos de los bosques que eran nuestros hogares… y, como resultado, no tenemos un lugar donde poder sentarnos y decir: “Este es nuestro hogar, afirmó. “De modo que empecé con la labores de activismo desde que estaba en la escuela secundaria”.

Esta joven activista de 26 años de edad es miembro del grupo indígena sengwer, que vive en los bosques de Embobut y Kabolet, en el Valle de Rift (Kenya), una zona conocida como las colinas Cherang’any.  El eje inicial de su labor de activismo fueron los derechos de las niñas, aunque luego se amplió a las mujeres y, con el tiempo, a todos los indígenas que habitan en los bosques. Su devoción a la causa la trajo aquí, a la Oficina del ACNUDH, para participar en el Programa de becas para representantes indígenas 2016 de la Organización.

El ACNUDH creó este programa en 1997, para ofrecer a los participantes la oportunidad de ampliar sus conocimientos acerca del aparato de derechos humanos de las Naciones Unidas y de cómo éste puede ayudar en la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas. Cuando los becarios regresan a sus países, pueden usar los conocimientos adquiridos para contribuir a la promoción de sus derechos humanos y los de su comunidad, señaló Estelle Salavin, coordinadora del Programa de Becas.

“Este es un contexto excepcional, donde los becarios indígenas del mundo entero pueden intercambiar experiencias, forjar alianzas e inspirarse mutuamente”, dijo. Un valor añadido de este programa de formación es que ofrece la posibilidad de adquirir conocimientos prácticos sobre cómo funcionan esos dispositivos, mediante la observación y la participación directa en las reuniones de los mecanismos de derechos humanos. El programa ofrece también la oportunidad de establecer contactos con representantes de las Naciones Unidas, sus organismos especializados, los gobiernos y las ONG de derechos humanos representadas en Ginebra”.

La Sra. Kuto afirmó que los problemas más graves que los segwer afrontan en la actualidad son los que afectan a las mujeres. 

Los desalojos se caracterizan por la destrucción total de las propiedades, mediante la quema de las viviendas. Durante los desalojos, los hombres suelen esconderse, porque los funcionarios encargados de la expulsión podrían arrestarlos, dijo. Pero las mujeres y los niños suelen quedarse y contemplar cómo las llamas reducen a cenizas sus hogares y pertenencias.

“Una mujer me dijo que no lograba olvidar la imagen de su casa en llamas, con todo lo que poseía dentro”, declaró la Sra. Kuto. “Todo lo que había salvado era la ropa que ella y sus hijos llevaban puesta”.

El hecho de haber venido a Ginebra ya ha dado frutos, dijo la Sra. Kuto. En el curso de la beca, aprendió mejores técnicas para entrar en contacto con las instituciones financieras internacionales y promover su causa ante ellas. En 2013, con la ayuda de los ancianos de la comunidad, su organización, denominada Programa de los pueblos indígenas segwer, presentó una denuncia ante un equipo de inspectores del Banco Mundial a fin de que esta entidad revisara su política con respecto a Kenya porque, declaraban los denunciantes, dicha política alentaba al gobierno a desalojar ilícitamente a los sengwer de sus territorios tradicionales. “Aquí he aprendido otros métodos para garantizar un seguimiento más eficaz del informe del equipo de inspectores”. La Sra. Kuto transmitió de inmediato esa información a sus colegas que estaban en Kenya.

A pesar de ser una destacada activista de los derechos de las niñas y las mujeres, antes de participar en la formación en Ginebra la Sra. Kuto ignoraba la existencia de la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés). Ahora ya sabe que hay tratados y mecanismos de derechos humanos establecidos para supervisar la aplicación por parte de los Estados de las obligaciones que han contraído y que también hay personal de las Naciones Unidas y ONG disponibles para ayudarles, a ella y a su pueblo, a sostener sus denuncias en la materia y a alcanzar el disfrute de los derechos humanos de los que son titulares.

La dificultad, asegura, es por dónde empezar.

“Creo que dispongo de demasiada información”, dijo entre risas. “Me siento confundida, pero confundida en sentido positivo. Tengo mucha información y mucha fuerza a mano, para empezar a trabajar de inmediato, en cuanto llegue a casa”, afirmó.

Este artículo forma parte de una serie que se publica con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, el 9 de agosto de 2016. La conmemoración de este año está dedicada al derecho a la educación, que está protegido por diversos instrumentos internacionales de derechos humanos.

8 de agosto de 2016

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