Los centros de acogida de inmigrantes en Italia plantean interrogantes jurídicos


Unos 15 hombres esperan en fila; cada uno lleva colgada al hombro una bolsa en la que guarda sus escasas pertenencias. A una voz, salen ordenadamente del edificio para subir a un autobús, en el calor de la tarde. Es el comienzo de la próxima etapa del viaje.

Pero para las demás personas que aguardan en el centro de acogida cerrado de Pozzallo, en Sicilia, probablemente sea otro día más en espera de conocer a dónde serán trasladadas, en el marco del sistema de recepción de inmigrantes establecido por las autoridades italianas.

“Los funcionarios nos dijeron que trabajan a toda prisa para asegurarse de que los adultos son trasladados en 48 horas, pero muchos adultos permanecen más tiempo en el centro y para los niños que viajan solos el asunto es aún más complicado, porque hay pocos hogares de acogida”, declaró Imma Guerras-Delgado, miembro de la misión de seguimiento del ACNUDH que visitó Italia para evaluar la situación de derechos humanos de los refugiados e inmigrantes.

El centro de Pozzallo es uno de los cuatro “centros de acogida” del sur de Italia donde se retiene inicialmente a los migrantes rescatados en alta mar, mientras los funcionarios italianos y de la Unión Europea tratar de determinar su edad, nacionalidad, identidad y razones para emigrar, como parte de la evaluación que decidirá su destino ulterior.

Unos 207 “huéspedes” –como llaman los funcionarios a los migrantes- se hallaban internados en Pozzallo cuando la Sra. Guerras-Delgado y otros siete colegas del ACNUDH visitaron el centro. 

Casi la mitad de la superficie del edificio, parecido a un hangar, estaba ocupada por filas de literas y colchones tendidos en el suelo, sin una separación nítida entre las zonas de los hombres, de las mujeres y de los niños que viajaban solos. En lo alto de la pared había un aparato de televisión encendido, pero pocos miraban la emisión porque la mayoría había preferido tenderse en su litera o permanecer de pie, formando grupos. Algunos jóvenes de Bangladesh se sentaron en círculo y empezaron a cantar y a dar palmas para matar el tiempo.

En Pozzallo, algunos migrantes pueden solicitar un pase diario para salir del centro. En cambio, a los que se encuentran retenidos en la isla de Lampedusa no se les permite salir del recinto –un complejo formado por varios edificios, con alojamientos separados para hombres, mujeres, niñas y niños. En Lampedusa, los adultos permanecen en promedio ocho días antes de ser trasladados.

Las diferencias en cuanto a las condiciones de vida y la falta de un marco jurídico nítido que regule el funcionamiento de los centros se plantearon varias veces durante la misión que el ACNUDH realizó a Italia, del 27 de junio al 1 de julio.

El equipo del ACNUDH prestó atención a las preocupaciones de quienes sostienen que los centros se utilizan más como lugares de detención que como albergues de registro. La detención en casos de inmigración sólo debe imponerse como medida de último recurso, pero en los centros no existe un dispositivo que permita evaluar la necesidad de detener a los inmigrantes que van llegando. Según manifestaron al equipo del ACNUDH las ONG nacionales e internacionales que operan en Italia, resultan especialmente preocupantes la falta de claridad en lo tocante al tiempo que los migrantes pueden permanecer retenidos y al grado de fuerza que puede emplearse en caso de que un inmigrante se niegue a que le tomen las huellas dactilares.   

“En la actualidad, Italia no es capaz de garantizar los mismos estándares de protección de derechos humanos en todo el sistema de acogida de inmigrantes. Esta situación se debe a una combinación de factores, entre otros, a las políticas de inmigración que la Unión Europea le ha impuesto a Italia y al hecho de que el gobierno italiano subcontrata servicios sin disponer de normas y regulaciones nítidas”, afirmó Pia Oberoi, Asesora sobre Migración y Derechos Humanos del ACNUDH.  

Italia, que este año ha recibido ya a unos 90.000 inmigrantes llegados por vía marítima, ha aumentado el número de plazas disponibles en su sistema de acogida, de las 22.118 que tenía en 2013 a unas 120.000, a finales de 2015. Aunque el Ministerio del Interior es el principal responsable de organizar y coordinar el sistema en su conjunto, la gestión de los centros se subcontrata con otras entidades, entre las que figuran empresas privadas y asociaciones caritativas. De modo que son las personas que administran los centros quienes deciden cómo y en qué se gastan los fondos gubernamentales.

“Sabemos que el Ministerio del Interior italiano y sus socios internacionales se esfuerzan actualmente por mejorar y armonizar la gestión de los centros de acogida. Creemos que es una buena medida. Lo que pediríamos es que hubiera más colaboración y más acuerdos con los organismos de las Naciones Unidas y la sociedad civil, a fin de proporcionar servicios médicos y psicosociales adicionales, así como actividades recreativas, y que les permitan a esas entidades supervisar los centros para velar por que se haga hincapié en la protección de los derechos de los migrantes, incluidos los niños”, dijo la Sra. Oberoi.

En Pozzallo, una muchacha de 16 años oriunda de Nigeria se entretenía en peinar a un chico, usando un tenedor de plástico a modo de peine y tejiendo con destreza sus trenzas. El muchacho, de su misma edad pero procedente de Guinea, hacía un esfuerzo por no gritar de dolor cuando ella le tiraba del cabello. Ninguno de los dos parecía tener muchas ganas de hablar.

El equipo del ACNUDH se preparaba a partir de Pozzallo cuando un joven se acercó a la Sra. Guerras-Delgado y le pidió que le regalara el reloj que llevaba puesto.

“No comprendí por qué lo quería, es un reloj barato. Sólo más tarde me di cuenta. En el centro no hay ningún reloj, a pesar de los esfuerzos que ha realizado un colega del ACNUR. De modo que a los internos les resulta difícil saber qué hora es y eso debe de resultarles desagradable”, dijo la Sra. Guerras-Delgado. “Ahora lamento no haberle dejado el reloj”. 

Este es el tercero de una serie de cuatro artículos sobre la misión que un equipo del ACNUDH realizó a Italia, del 27 de junio al 1 de julio.

2 de Agosto de 2016

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