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La crisis de los refugiados en Europa hace que una víctima de la tortura evoque su doloroso pasado


Las imágenes de nutridos grupos de refugiados que cruzan Europa desatan sentimientos de horror en la mente de Azra *. La ex refugiada bosnia y víctima de la tortura afirma: “Me veo reflejada en ellos, aunque no tengo fuerzas para mirarlos, ni siquiera cuando aparecen en la televisión”.

Azra tenía 33 años cuando la guerra llegó a su aldea, situada entre Tuzla y Zvornik, en el noreste de Bosnia y Herzegovina. “Imágenes, recuerdos y sentimientos de mi propio pasado regresan una vez más y tengo que tomar tranquilizantes para mantener el dominio de mí misma”, añade.

Aunque bosnios y serbiobosnios habían convivido en armonía en su aldea, la situación cambió en abril de 1992, al comienzo de la guerra. 

“Me expulsaron de mi casa y durante un tiempo tuve que vivir en el bosque. Cuando mi madre y yo regresamos a la aldea, vimos que la mayoría de las personas que habíamos conocido de toda la vida habían sido asesinadas, quemadas y masacradas. El olor a carne quemada y destrucción era terrible”.     

Su madre necesitaba medicamentos, de modo que, para comprarlos, Azra se vistió con un traje de serbia y caminó unos 10 kilómetros hasta Zvornik. Allí una vecina serbia la descubrió. 

Cuando Azra salió de la tienda, varios soldados serbios la siguieron y la obligaron a cruzar un puente sobre el río Drina y dirigirse a Mali Zvornik, en Serbia.  

Entonces comenzó una experiencia de un horror abominable. “Me llevaron al sótano de una casa donde había otros soldados y me torturaron y violaron, una y otra vez. Me golpearon con cadenas y fusiles, me humillaron totalmente y me trataron como a un animal. Tras unos seis meses de torturas y violaciones, no recuerdo el tiempo exacto, me dejaron por muerta”, recuerda Azra.

Su historia es uno de los nueve relatos que figuran en una publicación reciente, titulada From Horror to Healing: A life-saving journey supported by the UN Fund for Victims of Torture.[Del horror a la curación: Un viaje que salvó vidas con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura]. El Fondo, de cuya creación se cumplen 35 en 2016, es administrado por la oficina del ACNUDH en Ginebra (Suiza).

Los testimonios fueron compilados por organizaciones que reciben apoyo del Fondo y que a su vez proporcionan cada año asistencia directa para la rehabilitación médica, psicológica, social y jurídica a unas 50.000 víctimas de torturas y a sus familiares.  

Azra no murió. Una vecina, que conocía la situación, la ayudó a escapar. Luego la transportó hasta una zona libre en el maletero del coche de un amigo.

“Estaba totalmente desorientada y me quería morir”, dice Azra. “Mi madre, que ya estaba en Tuzla, estuvo a punto de fallecer por la conmoción que sufrió al verme de nuevo, porque le habían dicho que me habían matado”.

Los médicos del lugar le proporcionaron cuidados compasivos y buena atención facultativa. Pero Azra necesitaba una asistencia más especializada que la que ellos podían ofercerle. En ese punto, alguien le dijo que tal vez podría obtener ayuda de Vive Žene, una organización que se dedica a apoyar y tratar a víctimas de la guerra y la tortura. Esta organización cuenta con el apoyo financiero del UNVFVT. La sugerencia resultó providencial para Azra.     

“Me sentía sucia y tenía la impresión de que no valía nada, pero mediante la terapia que recibí en Vive Žene comencé a recuperar mi propia personalidad y a sentirme de nuevo como una persona. Durante largo tiempo tuve pesadillas y un miedo profundo a que me capturasen otra vez”.

Azra necesitó muchos años de psicoterapia y apoyo social, porque su salud, tanto física como mental, estaba gravemente dañada.

Azra ha llegado a ver a los profesionales de Vive Žene como una nueva familia, porque siempre están a su disposición cuando los necesita. Esto es particularmente cierto, porque su madre falleció hace algunos años y ella mantiene escasos contactos con su hermano y su hermana. Todos los demás miembros de su familia fueron asesinados.

“Ahora vivo en Tuzla y he conocido a poca gente nueva, pero mi vida es muy diferente a lo que era antes. No sé qué hubiera sido de mí sin la ayuda de Vive Žene”, asegura.

Azra afirma que todavía necesita ver a su psicoterapeuta, en particular cuando se ve expuesta a las imágenes de los refugiados que le hacen evocar su calvario: “Por mi propia experiencia sé que a los refugiados no se les quiere realmente, pero también sé que nadie desea convertirse en refugiado. Espero que encuentren afecto y apoyo en los países de Europa, como yo lo encontré en mi propio país, Bosnia y Herzegovina”.

Desde 1981, el UNVFVT, administrado por el ACNUDH en Ginebra, ha repartido más de 168 millones de dólares estadounidenses entre más de 630 organizaciones que prestan asistencia médica, psicológica, social y jurídica a las víctimas de torturas. 

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*El nombre se ha cambiado para asegurar su protección.

9 de mayo de 2016

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