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Festival ‘El legado de las mujeres’, Florencia (Italia)

Mensaje en video de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

Care amiche, cari amici, é per me un onore poter partecipare a questa magnifica celebrazione dell’eredità delle donne. [Queridas amigas, queridos amigos, es para mí un honor poder participar en esta magnífica celebración del legado de las mujeres].  

Amigos: Es para mí un honor participar en esta magna celebración del legado de las mujeres. Les felicito a todos ustedes, presentes aquí en Florencia.

Tenemos muchos motivos de celebración en lo relativo al legado de las mujeres, tanto en Italia como en el resto del mundo. Las mujeres han sido –y siguen siendo—líderes y agentes de influencia en todos los ámbitos de la vida. Han coordinado el cambio social que ha facultado a muchas personas el disfrute de sus derechos humanos. Y han logrado borrar la distinción artificial que existía entre los derechos de la mujer y los derechos humanos.

Esto es muy importante, porque los derechos de la mujer son derechos humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos, comprometida con la “igual dignidad y derechos para todos los seres humanos, sin discriminación”, no podría ser más nítida en este punto.

Hoy disfrutamos de un rico legado gracias a los movimientos feministas y los activistas de derechos humanos de las mujeres que actuaron antes de nosotros. Personas que decidieron defender sus derechos o los derechos de los demás –a veces pagando un costo enorme--. Esas mujeres nos han inspirado, nos han estimulado y han orientado nuestro progreso.  

Como miles de mujeres sudafricanas que fueron las primeras en manifestarse contra el apartheid en Pretoria, en 1956. Como las afroamericanas que en Alabama, en la década de 1950, hicieron circular panfletos en pro del boicot del uso de los autobuses, luego que Rosa Parks fuera arrestada por negarse a ceder su asiento en un autobús segregado. Como las   mujeres sudanesas que encabezaron este año las protestas contra el fundamentalismo religioso, o las que se declararon en huelga en Polonia en 2016 contra el proyecto de condenar cualquier tipo de aborto. Como las mujeres del mundo entero que han apoyado al movimiento #MeToo.  

Celebramos también a aquellas que nos han demostrado que nunca se es demasiado joven para marcar la diferencia. Greta Thunberg en Suecia, que comenzó una huelga escolar para exigir medidas contra el cambio climático. Malala Yousafzai en Pakistán, que se negó a que la silenciaran en su campaña en pro de la educación de las niñas, incluso después de que los talibanes le pegaran un tiro en la cabeza. Franca Viola, que en Italia, en el decenio de 1960, se negó a contraer matrimonio con el hombre que la había violado y logró que fuera enviado a prisión. 

El ejemplo que ofrecieron todas estas niñas y mujeres valientes me lleva hoy a dar un apoyo ilimitado al objetivo del festival de empoderar a las mujeres y a su principio esencial de que las raíces culturales constituyen una de las claves fundamentales para la consecución de la igualdad de género. En el mundo entero hay numerosas normas culturales que siguen restringiendo el desarrollo de la mujer. Demasiadas niñas y mujeres tienen que convivir con opciones y libertades limitadas, con la violencia, la mutilación genital y las peores consecuencias de la guerra y la migración. Demasiadas mujeres soportan una carga desproporcionada de trabajo doméstico y cuidados familiares. Y son muchas las niñas y mujeres marginadas del planeta que no han recibido los mismos beneficios del progreso que ya se ha logrado.  

Los desafíos que afrontamos son nítidos. Aguantar con firmeza en lo que ya hemos logrado y mantener el impuso para seguir adelante. Resistir las exhortaciones a volver a los “valores tradicionales”, cuando estos valores son anhelos apenas velados de restaurar la desigualdad y privar de derechos a mujeres y niñas. Un esfuerzo por contrarrestar todos los empeños encaminados a controlar las opciones y libertades de la mujer, y su capacidad de decidir sobre su propio cuerpo.  

Espero que Florencia, esta gran ciudad renacentista, les sirva de inspiración para lanzar un nuevo renacimiento de los derechos de las mujeres, hasta que se hagan realidad todos los derechos humanos de todas las personas. Les deseo que tengan un evento significativo y provechoso.