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Mesa redonda anual de debates sobre cooperación técnica en la promoción y protección de los derechos humanos

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10 julio de 2019

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Tema: La cooperación técnica y el aumento de capacidades en el ámbito de los derechos humanos de las personas ancianas
41° período del Consejo de Derechos Humanos

Discurso de la Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Kate Gilmore

10 de julio de 2019

Presidente del Consejo,
Distinguidos panelistas,
Excelencias,
Colegas y amigos:

El año pasado, el debate anual sobre cooperación técnica que llevó a cabo el Consejo se centró en la Agenda 2030.
Como ustedes bien estimaron en esa ocasión, los Estados Miembros aplican la agenda para el desarrollo sostenible en medio de transformaciones mundiales, entre otras las que repercuten profundamente en los derechos humanos. 

Los fenómenos climáticos, las nuevas tecnologías, la rápida urbanización, los desplazamientos de población: el cambio ya está aquí, en nuestro entorno, y nos afecta a todos porque impulsa movimientos populares y populistas, modula el discurso político y reclama nuevas prioridades políticas.  

Sin duda los ODS son herramientas poderosas que nos permiten interactuar con esas fuerzas y modularlas de modo que generen cambios constructivos centrados en los derechos humanos: los cambios que necesitamos, los cambios que confirman nuestra condición de titulares de derechos.

Para que esa agenda sostenible se afiance, es indispensable lograr el pleno compromiso de la población. Es fundamental ejecutar políticas centradas en el pueblo, que lo incluyan, con cambios para él, con él y que le rindan cuentas. 

Pero el cambio también acontece en la demografía del mundo actual. Cambios notables, que ofrecen enormes beneficios estratégicos y plantean nuevas oportunidades, pero también auténticos problemas, si nos equivocamos, si hacemos caso omiso de sus consecuencias políticas. 

Coinciden ahora la generación joven más nutrida de la historia y, --elemento crítico—el grupo de mayores de 65 años más numeroso de todos los tiempos, un sector que además va en aumento. Este fenómeno es el resultado de los máximos logros de la humanidad, el fruto de que se haya reducido el número de fallecimientos por enfermedades prevenibles, de que millones de personas hayan logrado salir de la pobreza extrema, de los avances en materia social, en cuestiones médicas y de salud pública que nos permiten vivir más tiempo y en mejores condiciones de salud y seguridad. 

Hoy en día, por primera vez en la historia de la humanidad, hay más personas mayores de 65 años de edad que niños menores de cinco años. 

En 1950, había en el mundo 205 millones de personas de 60 o más años de edad. Al inicio de la próxima década, habrá en el planeta mil millones de personas de ese grupo etario. Y antes de 2050, esa cifra se duplicará.  

De aquí a 2050, uno de cada seis habitantes del mundo tendrá más de 65 años y se calcula que el número de mayores de 80 años se triplicará.

Las personas son nuestra esperanza; su dignidad, nuestro propósito; sus derechos, nuestro deber; y su contribución, nuestro recurso más renovable. Y ya les hemos hecho una promesa que en el nuevo decenio debemos cumplir: que nadie quedará rezagado. Eso significa, específicamente, que ninguna persona mayor ha de quedar rezagada. El número cada vez mayor de personas de la tercera edad implica que el cumplimiento de esta promesa debe tener cada vez más prioridad.

El envejecimiento mundial suele considerarse, erróneamente, como una carga para la sociedad y la economía. Pero los estudios confirman que la preservación de los derechos de los mayores y la inversión en sus capacidades es una operación rentable para todos, porque prolonga su contribución a la sociedad.

La celebración de esta mesa redonda constituye una oportunidad idónea para reflexionar sobre las medidas de cooperación técnica que pueden reforzar la atención programática y orientar las inversiones en los derechos y las capacidades de la tercera edad. 

Es importante destacar aquí las ideas fundamentales que deberían estar presentes en todos nuestros debates: 

Los derechos humanos se aplican a todos nosotros,  sin distinción de los años que tengamos ni del grupo etario en que nos hallemos. Las bases para la garantía universal de no discriminación están lejos de ser exhaustivas. No obstante, tal como señaló la Experta Independiente sobre los derechos humanos de las personas mayores en su minucioso informe, suele haber lagunas en las normativas en lo relativo a la protección de los ancianos, incluso en lo tocante a su autonomía e independencia, y su capacidad legal, por solo mencionar algunos aspectos. Las consecuencias de esta situación son inaceptables. Siguen apareciendo informes sobre casos escandalosos de negligencia institucional y abuso de personas mayores. En muchas sociedades, estas personas padecen graves déficits de protección en lo que atañe a sus derechos al trabajo y la seguridad social, entre otros derechos económicos y sociales, civiles y políticos. La ausencia de referencias explícitas a la edad como causa de discriminación prohibida en los instrumentos internacionales y regionales vigentes, hace que la discriminación por motivo de edad sea menos visible. Por ejemplo, entre más de 13.000 recomendaciones relativas a la discriminación que figuran en el Índice Universal de Derechos Humanos, menos del uno por ciento abordan la discriminación contra las personas mayores por motivos de edad. Es preciso también que los mecanismos internacionales de derechos humanos se percaten del efecto que estas novedades mundiales pueden tener sobre las personas de la tercera edad. En este ámbito también debe mejorarse la cooperación técnica.

En realidad, hace ya algún tiempo que debería haberse producido en el mundo entero un cambio en nuestras actitudes hacia las personas mayores. En nuestras familias e instituciones, en las pantallas de televisión y en el ciberespacio, en las juntas de administración de las empresas y las salas de consulta de los hospitales, en nuestras instituciones de gobierno y nuestros procesos de participación, debemos combatir la discriminación por motivos de edad.

Gracias a las competencias y experiencias adquiridas a lo largo de toda una vida, los ancianos realizan contribuciones muy valiosas, aunque a veces invisibles, a la sociedad, así como contribuciones singulares a la economía que a menudo pasan inadvertidas.  Y malgastar, desdeñar o incluso impedir esas contribuciones es tan inaceptable como poco inteligente.

La clave para aportar respuestas políticas eficaces es mantener a las personas mayores en el  centro de las decisiones, garantizar su participación en la elaboración y aplicación de la cooperación técnica y el aumento de capacidades, y garantizar también que su tránsito (y el nuestro) a los años finales de la vida se facilita mediante la participación, la contribución y el respeto de los derechos humanos.

Excelencias:

Todos deberíamos celebrar el logro que significa envejecer: los gobiernos, la sociedad civil, las comunidades, las familias y los mismos ancianos—todos deberíamos velar por que cada una de nuestras culturas incorpore y promueva la afirmación de que las personas mayores son estimadas, necesitadas e importantes en su calidad de miembros activos de la sociedad.

La vejez es la identidad a la que todos aspiramos –pero nuestro recorrido hacia la tercera edad y el tiempo que en ella pasemos deberían estar facilitados por los derechos humanos, para vivirlos con dignidad.

Tenemos la esperanza de que esta mesa redonda contribuya a realzar el carácter estratégico del asunto y proporcione asesoramiento sobre la función decisiva que deben desempeñar las actividades de colaboración técnica y fomento de capacidades en la defensa de los derechos y la dignidad de las personas mayores.

Muchas gracias.

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