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Bachelet pide más apoyo a la protección social, la prensa independiente y la participación de la población en la toma de decisiones

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22 febrero de 2021

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46º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos
Discurso inaugural de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
22 de febrero de 2021

Sr. Secretario General,
Sr. Presidente de la Asamblea General,
Sra. Presidenta del Consejo de Derechos Humanos,
Excelencias y amigos:

El año pasado nos dejó una imagen extraordinariamente nítida de nuestros países, nuestras comunidades y del mundo entero.

La pandemia desenmascaró las terribles realidades de la discriminación, la profunda desigualdad y la insuficiencia permanente de financiación que afectan a los servicios y derechos fundamentales, aspectos que, en general, muchos responsables políticos suelen pasar por alto. La epidemia demostró hasta qué punto la vulneración de los derechos humanos pone en peligro a nuestras sociedades. Al mismo tiempo, puso de relieve la gran capacidad de protección de las estrategias basadas en esos derechos.

Hoy en día, la repercusión sanitaria de la pandemia todavía está lejos de terminar y sus consecuencias sobre las economías, las libertades, las sociedades y las personas apenas han comenzado a manifestarse. El aumento a escala mundial de la pobreza extrema y la creciente desigualdad, los retrocesos en materia de igualdad y derechos de la mujer, en educación y oportunidades para niños y jóvenes, y en la consecución de la Agenda para el Desarrollo Sostenible son otros tantos efectos que podrían sacudir los cimientos de nuestras sociedades.

Ahora, es urgente que procedamos con la lucidez alcanzada en 2020 para enfrentarnos al segundo año de la COVID-19.
Para combatir la pandemia, debemos reconocer y reparar las grietas que han socavado la resiliencia de nuestras sociedades.

Es preciso que preparemos la recuperación, porque ahora, a medida que los Estados despliegan esfuerzos enormes para apuntalar y reconstruir, tenemos la posibilidad de edificar sistemas mejores y más inclusivos, que aborden las causas profundas de los problemas y nos preparen para hacer frente a los desafíos que sin duda tendremos que abordar.

Esto equivale a dar prioridad a la construcción o el refuerzo de sistemas que hagan realidad el derecho a la salud y a la protección social, inversiones esenciales para brindar apoyo social a todos que, en muchos casos, se han deteriorado por decenios de austeridad.

También significa eliminar toda forma de discriminación, erradicar los sistemas y estereotipos costosos, humillantes, carentes de fundamento y totalmente improductivos que perjudican la salud, generan injusticia e impiden que las mujeres, los miembros de minorías étnicas, religiosas o de casta y muchos otros contribuyan a la sociedad en el pleno disfrute de sus derechos.  

Significa fomentar una importante participación pública en la elaboración de políticas que sean más eficaces, porque estarán basadas en la realidad y las necesidades de la población.

Significa coordinar toda la capacidad operativa de cada órgano de las Naciones Unidas para apoyar a los Estados; trabajar solidariamente para respaldar la buena gobernanza, el derecho al desarrollo, la democracia y todos los demás derechos humanos.

Porque creo que todos coincidimos en la idea de que el uso de la fuerza no pondrá fin a esta pandemia. El encarcelamiento de quienes critican no acabará con la enfermedad. La restricción ilegítima de las libertades públicas, la ampliación de las facultades de emergencia y el uso innecesario o excesivo de la fuerza no solo son medidas contraproducentes y carentes de principios. Son normas que disuaden a la población de participar en la toma de decisiones, que constituye la base de una sólida formulación de políticas.  

Lo que pondrá fin a esta pandemia -y lo que va a acelerar una recuperación duradera y resiliente- es la aplicación eficaz de los principios de derechos humanos, basada en la confianza pública. Y para fomentar esa confianza, es preciso que exista un gobierno transparente, que rinda cuentas y sea inclusivo, fundamentado en la prensa libre, en instituciones democráticas eficaces y en una participación significativa de la población en la formulación de políticas.  

Estoy convencida de que cada país, -así como las Naciones Unidas y otros socios internacionales- deberían invertir a fin de consolidar más estos pilares esenciales y fomentar organizaciones de la sociedad civil auténticamente libres e independientes.

Excelencias:

En los últimos 12 meses, hemos tenido la suerte de contar con el apoyo decidido del Secretario General, especialmente con el Llamamiento a la acción para revitalizar los derechos humanos, que presentó a este Consejo hace un año. Este documento ha sido una hoja de ruta sumamente oportuna para el trabajo que hemos llevado a cabo con los Estados y los socios de las Naciones Unidas en lo tocante a la igualdad de las mujeres, la creación de un ámbito cívico de amplia participación y los derechos de los jóvenes y las generaciones venideras.

Durante el último año, nuestra Oficina ha colaborado con asociados en más de 90 Estados, en la tarea de proporcionar orientaciones detalladas y prácticas sobre la preparación de políticas y las respuestas de país. 

Hemos elaborado un conjunto exhaustivo de orientaciones e indicadores de derechos humanos, así como una lista de comprobación para una estrategia de respuestas socioeconómicas nacionales basada en los derechos humanos, con el fin de orientar la labor de los equipos de país de las Naciones Unidas.

Hemos aumentado nuestra capacidad y el apoyo que brindamos a los Estados en lo relativo a las estrategias de recuperación, lo que abarca las opciones para reducir las desigualdades y para recuperar el terreno perdido en la consecución de los ODS, mediante la extensión del ámbito fiscal.

Pero este asunto no se limita a los esfuerzos del ACNUDH. Exhorto a los Estados Miembros a que examinen de nuevo su historial en la materia, en lo relativo a la repercusión real de sus esfuerzos para acabar con la discriminación, corregir las desigualdades y garantizar que toda la población pueda participar plenamente en la toma de decisiones.

Ahora que la desesperación y el sufrimiento cunden por todas las regiones, ha llegado el momento de dar a los pueblos una esperanza real de que habrá cambios rápidos e importantes de signo positivo. 

Muchas gracias.


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