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El estado de la situación en la lucha contra el racismo y la discriminación 20 años después de la aprobación de la Declaración y el Plan de Acción de Durban así como los efectos negativos que la pandemia de COVID-19 ha tenido para estos esfuerzos

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22 febrero de 2021

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46º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos
Mesa redonda anual de alto nivel sobre la incorporación de los derechos humanos
Declaración realizada por Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

22 de febrero de 2021

Distinguido Presidente del Consejo,
Excelencias, Amigos,

Hace veinte años, los Estados se reunieron en Durban, en una Sudáfrica que acababa de conseguir la libertad, para aprobar un plan de acción detallado y concreto para acabar con el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y formas relacionadas de intolerancia, cuestiones que siguen estando de candente actualidad hoy en día. 

En muchos sentidos, la Declaración y el Programa de Acción de Durban crearon un marco premonitorio.

Este venía a reconocer que formas pasadas y contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas relacionadas de intolerancia continúan victimizando a africanos y personas de descendencia africana, a asiáticos y personas de descendencia asiática además de a pueblos indígenas.

Apelaba a los Estados y a los organismos encargados de hacer cumplir la ley a eliminar la aplicación de perfiles raciales y garantizar la rendición de cuentas por mala conducta por parte de personas encargadas de hacer cumplir la ley motivada por el racismo y formas relacionadas de discriminación.

Exigía a los Estados hacer frente a la intolerancia religiosa, incluyendo el anti-semitismo y la Islamofobia.

Exigía también el reconocimiento de las múltiples y acentuadas discriminaciones que sufren muchas mujeres y niñas en todo el mundo.

A lo largo de todo el espectro de las nuevas tecnologías; en asistencia sanitaria; en barreras para la educación y las oportunidades de empleo - en resumen, en todas las áreas en las que la discriminación priva a las personas de sus derechos humanos, la Declaración y Programa de Acción de Durban (DPAD) estableció un marco integral para exigir cambios.

Rindo homenaje a las organizaciones de la sociedad civil que se han manifestado, a menudo enfrentándose a amenazas, para exigir igualdad y la aplicación real del DPAD.  Recalco la importancia de asegurarnos la participación de las mismas, y de que sus esfuerzos y actividades reciben nuestro apoyo y refuerzo.

Porque aunque algunos Estados han conseguido avances cuantitativos en su lucha contra el racismo y la discriminación, a menudo a través de enmiendas constitucionales o leyes nacionales, aun nos queda mucho por hacer.

Excelencias,

La pandemia de la COVID-19 nos vuelve a recordar que el racismo tiene consecuencias devastadoras, ya que determinadas comunidades han resultado afectadas de forma desproporcionada.

Se demuestra una vez más que el racismo, la discriminación y la pobreza forman un círculo vicioso, debido a que la discriminacion conduce a privaciones económicas, a la vez que la pobreza intensifica las numerosas consecuencias que acarrea la intolerancia.

El racismo constituye un obstáculo enorme para el desarrollo, por lo que la lucha contra el racismo y todas las demás formas de discriminación debe constituir una parte integral de nuestros esfuerzos para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El DPAD detalla las medidas que los Estados deben adoptar en colaboración con parlamentos, instituciones nacionales, la sociedad civil y otros, así como estrategias para una mejor cooperación internacional e integración, lo cual implica a todos los miembros de la familia de las Naciones Unidas.

Durante este trascendental año pasado, sé que todos los órganos dentro de las Naciones Unidas, así como los Gobiernos de todas las partes del mundo, han sido testigos también de la solidaridad y la fuerza moral del movimiento por la igualdad.    

Estamos obligados a pasar a la acción.  Es hora de revitalizar nuestra labor, como órganos multilaterales, y como naciones, en pro de la justicia racial.

Podemos empezar demostrando liderazgo, y hablando y manifestando nuestro compromiso por la igualdad y la no discriminación.

Pero deben existir también más actuaciones conjuntas, desde las bases comunitarias hasta los Parlamentos, el mundo corporativo, las escuelas, las calles, las zonas deportivas, los hospitales y muchos más, para abordar de una manera seria la discriminación sistémica.

La implementación del DPAD solo se podrá conseguir mediante esfuerzos conjuntos por parte de todos nosotros, las Naciones Unidas, los Estados, las instituciones de derechos humanos, la sociedad civil, las empresas y otros.

Debemos abordar las causas subyacentes, y a menudo estructurales, del racismo y formas relacionadas de discriminación, y centrarnos en la educación y la sensibilización.

Debemos actuar para poner fin al papel que juega la discriminación a la hora de producir miseria.

Necesitamos mejorar la rendición de cuentas para esta labor.

Mi Oficina trabajará con todos nuestros socios para promover estos esfuerzos. Pero por encima de todo, espero que podamos aprovechar el potencial de los órganos internacionales y de todos los Estados para garantizar un mayor apoyo a la Declaración y Programa de Acción de Durban, además de una cooperación más estrecha y mayores sinergias para la implementación del Programa de Actividades del Decenio Internacional para los Afrodescendientes.

Este es un objetivo prioritario para las Naciones Unidas y para este Consejo. El acabar con el racismo y todas las formas relacionadas de discriminación es vital.  Y nos ayudará a construir un mundo mejor para todos nosotros.

Gracias, señora Presidenta.


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