Afrodescendientes piden medidas que pongan fin a la discriminación racial


La tarea de hacer plenamente reales los derechos humanos de los afrodescendientes es un cometido urgente para toda la humanidad, afirmó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein.

Paolo, Sonny, Igiaba, Marta, Dulcineida, Kwanza y Camilla son miembros del movimiento Italiani Senza Cittadinanza (Italianos sin ciudadanía). Créditos: © Mohamed Badarne

Al hacer uso de la palabra en la conmemoración del Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, celebrada en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el 21 de marzo de 2018, el Alto Comisionado declaró que el racismo no sólo empobrece económicamente a sus víctimas, sino que también empobrece el alma y la conciencia de los racistas.

“El racismo perjudica, no solo a las vidas de quienes lo padecen, sino también a la sociedad en su conjunto. Agrava la desconfianza, fomenta la sospecha por todas partes y desgarra el tejido social”, dijo Zeid. “Y al impedir que gran número de personas puedan hacer realidad su valor potencial, daña el desarrollo económico del que todos podrían beneficiarse”.

La conmemoración se centró en las contribuciones que aportan y los desafíos que afrontan más de 200 millones de personas que viven fuera de África y se consideran a sí mismas afrodescendientes.

El Alto Comisionado señaló que a pesar de la abolición de la esclavitud, las numerosas victorias sobre la segregación legalizada y las nuevas medidas encaminadas a fomentar la inclusión y la justicia social, “las personas afrodescendientes siguen enfrentándose al racismo y la discriminación en una amplia gama de circunstancias”, propiciadas por mensajes de miedo y violencia que se difunden con miras a obtener ventajas políticas.

En un debate sobre cuál sería una vía eficaz para que los pueblos afrodescendientes alcanzaran los objetivos de desarrollo sostenible, el Reverendo Jesse Jackson Sr., célebre activista estadounidense de derechos humanos, declaró: “El esfuerzo y la excelencia significan mucho. Pero la herencia y el acceso significan aún más”.

Cuando no hay acceso al capital, la tecnología y otras oportunidades económicas, explicó Jackson, “[ser] libres e iguales resulta radicalmente insuficiente”. El Reverendo hizo hincapié también en la importancia de la participación política en el marco del sistema democrático como medio para que los afrodescendientes puedan hacer realidad sus derechos humanos.

La cantante y compositora peruana Susana Baca, que fue Ministra de Cultura de su país, narró sus experiencias en relación a lo que significa ser afrodescendiente en una sociedad multicultural.

“La vivencia de la negritud en un contexto de diversidad racial puede resultar penosa”, afirmó. Pero insistió en que ser negra o mestiza era una fuente de inmenso orgullo. 

“Nunca vi que mi madre llorase porque era negra”, dijo la Sra. Baca. Al contrario, sus experiencias le proporcionaron una base de “solidaridad y perdón”, que le permitió acoger a los más necesitados. 

La periodista, escritora y cineasta francesa Rokhaya Diallo y la dirigente cristiana Gwen Dressaire, contaron las penosas experiencias que vivieron al tropezar con la discriminación racial institucionalizada y afirmaron que no debe permitirse que el racismo prospere. 

La Sra. Gay McDougall, miembro del Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial, describió la trayectoria de la acción internacional contra la discriminación racial y puso de relieve la influencia de la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos, -cuyo 70º aniversario se celebra este año-, la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial de 1965 y la Declaración y Plan de Acción de Durban contra el racismo de 2001.

“Todos debemos comprometernos de nuevo a poner fin a este ultrajante abuso”, declaró la Sra. McDougall.

22 de marzo de 2018


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