Tolerancia, inclusión, unidad y respeto a la diversidad


Los sucesos que hace poco más de medio siglo provocaron la aprobación por parte de las Naciones Unidas de una Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (ICERD por sus siglas en inglés) serían síntomas propios de otros tiempos, si no fuera porque en el mundo todavía abundan las muestras de racismo y discriminación racial.

Un grupo de dolientes asiste a las exequias de Marielle Franco, concejal brasileña y activista contra el racismo, y de su chófer, Anderson Pedro Gomes, que fueron asesinados en Río de Janeiro el 14 de marzo de 2018. Créditos: ©AFP

En el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, un grupo de expertos en materia de derechos humanos analizó esas muestras y compartió prácticas idóneas y medidas para promover la tolerancia, la inclusión, la unidad y el respeto a la diversidad.

Como recordó en la mesa redonda Nicolás Muragán, miembro del Comité de las Naciones Unidas que supervisa el cumplimiento de la ICERD por parte de los Estados, el 21 de marzo de 1960 miles de sudafricanos se concentraron en Sharpeville para manifestarse contra la opresión y la humillación impuestas por el régimen del apartheid. Los cuerpos de seguridad gubernamentales mataron a 69 manifestantes.

La masacre de Sharpeville fue un punto de inflexión en la lucha contra el apartheid. Seis años después de esos trágicos incidentes, las Naciones Unidas decidieron conmemorar cada año en esa fecha el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

El Sr. Mugarán manifestó: “El racismo es una preocupación creciente y es preciso dar un impulso adicional a la ratificación universal de la ICERD”.

Al describir la cara actual del racismo, el Sr. Sello Hatang, Director Ejecutivo de la Fundación Mandela, dijo que parecía como si en Estados Unidos y Sudáfrica las vidas de los negros no importasen tanto como las demás. También manifestó que los países del hemisferio norte no se preocupaban por el sufrimiento de las personas de los países en conflicto del resto del mundo

“El racismo ha de entenderse como un aparato de poder que excluye y oprime a las personas de color. El enemigo [de Nelson Mandela] no eran las personas blancas sino un aparato de poder, un sistema que oprime a las personas no solo basándose en la raza sino que también lo hace por motivos de género y etnia”.

El Sr. Hatang señaló que el racismo en Sudáfrica ha sido privatizado: en 2016 las personas blancas ocupaban el 68,9 por ciento de los altos cargos, mientras que solo representaban el 9 por ciento de la población económicamente activa del país.

“Vemos nuevas formas de racismo, como el racismo medioambiental, que permite canalizar un conducto a través de las tierras de una comunidad aborigen o situar un vertedero cerca de un barrio de negros”, afirmó.

Como escritora, Fatou Diome, trata de hablar por los que no tienen voz y los desesperados. En sus textos examina los derechos humanos y el racismo, y uno de sus temas recurrentes es el maltrato a los inmigrantes en Francia.

La Sra. Diome señaló que el racismo y la discriminación no eran sólo una cuestión de desprecio por el individuo, insultos y violencia, sino que también eran el resultado de decisiones políticas que reflejaban la estructura jerárquica de la sociedad. También dijo que ésta, a su vez, fomentaba la indiferencia hacia los problemas de las minorías y que el trato actual a los inmigrantes era un triste reflejo de esa indiferencia.

La Sra. Diome también advirtió que en respuesta a los movimientos extremistas europeos podrían suscitarse actitudes muy vengativas y condenó las posturas de revancha.

“La educación cambió mi vida y ojalá también alcance a iluminar los caminos de todo el mundo. El conocimiento nos permite salir del laberinto identitario”, afirmó. “El oscurantismo y el miedo hacia los demás muchas veces proceden de la ignorancia. Por eso quisiera que la educación nos iluminara a todos, abriera nuestras vías de escape y nos diera una oportunidad para familiarizarnos unos con otros”.

El Sr. Foo Kok Jwee, Embajador de Singapur ante las Naciones Unidas, explicó al Consejo de Derechos Humanos que las protestas racistas ocurridas en Singapur en las décadas de 1950 y 1960 hicieron que la armonía racial y religiosa se convirtiese en una prioridad para el gobierno.

El gobierno elaboró políticas específicas de integración, tales como la normativa nacional de vivienda pública, para velar por que sus beneficiarios reflejaran proporcionalmente la composición étnica del país. Las minorías también estuvieron representadas equitativamente en el Congreso, dijo el Sr. Foo, y añadió que esas políticas fomentaron relaciones más estrechas entre los distintos grupos.

Adam Abdelmoula, Director de la División del Consejo de Derechos Humanos y de Mecanismos de Tratados en la Oficina del ACNUDH, declaró que se debe prestar más atención a la educación de los niños en lo tocante a la tolerancia.

El Sr. Abdelmoula manifestó que “la mundialización cultural” ya está en marcha. “Nuestra única alternativa es seguir la tendencia e inculcar a las nuevas generaciones los valores del respeto, la diversidad, la unidad y la igualdad”.

“La diversidad de las numerosas religiones, culturas, lenguas y etnias de nuestro mundo no puede servir de excusa a las actitudes xenófobas, la violencia o el conflicto. La diversidad es un tesoro que nos enriquece a todos y es preciso velar por que así se entienda”.

21 de marzo de 2018


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