“No traicionen a las víctimas”: En La Haya, el Alto Comisionado Zeid insta a brindar un sólido apoyo a la CPI


Estamos reunidos hoy en el contexto sombrío que han generado, una vez más, algunos Estados Partes que se han propuesto abandonar esta Corte, abandonar a las víctimas de los crímenes internacionales más abominables, abandonarnos a todos nosotros, que durante años hemos trabajado arduamente en su favor. Si los Estados Partes que, al parecer, han fingido en los últimos años ser fieles al principio de la rendición de cuentas en materia penal, desean abandonar esta Corte, pues deben hacerlo.

Pero no estamos convencidos de que su posición se base totalmente en cuestiones de principio. Más bien al contrario: parece que su objetivo es proteger a sus dirigentes del encausamiento criminal. Sin embargo, aunque los poderosos sientan temor hacia la Corte, las víctimas del mundo entero claman por su intercesión. Las víctimas de los delitos de mayor entidad tendrán dificultad para comprender por qué las abandonan estos Estados –junto con los otros que nunca se adhirieron- y por qué las victimizan de nuevo, ya que esta retirada les priva del derecho al remedio jurídico y la reparación.

A largo plazo, estos Estados regresarán, porque cada vez son más los Estados que aceptan a la CPI. La adhesión universal a la Corte es un hecho incontestable; no hay sustituto para la CPI. La Corte Africana de Justicia y Derechos Humanos es muy estimable. Pero, aun en el caso de que se le otorgara jurisdicción penal sobre delitos internacionales, su anteproyecto de protocolo le prohíbe de manera específica investigar “a cualquier Jefe de Estado o de Gobierno de la Unión Africana en ejercicio de sus funciones…. o a cualquier otro alto funcionario del Estado, por el desempeño de sus funciones durante su mandato”. Al retirarse del Estatuto de Roma, los dirigentes quizá puedan escudarse en la inmunidad, pero lo harán a expensas de privar a sus pueblos de la protección que les confiere una institución excepcional y fundamental. 

Insto a esta asamblea a que se mantenga firme en lo tocante al Artículo 27. Aunque en el Estatuto de Roma se prevén las revisiones, ningún cambio debería emprenderse bajo la amenaza de retirada y tampoco ninguna enmienda futura debería afectar a los artículos fundamentales del Estatuto. De manera específica, el principio de la irrelevancia del cargo oficial es fundamental y concierne a la esencia misma de la Corte.

Señor Presidente:

Me entristece esta situación. Los países africanos han sido la columna vertebral de esta Corte y su liderazgo, en particular en los primeros tiempos, fue ejemplar. De hecho, a menudo fue majestuoso. Tan sólo conocimos entonces a un continente africano lleno de coraje y fidelidad a los principios. Cuando, en la Conferencia de Roma, la delegación de los Estados Unidos de América, sometida a la presión del Congreso, desató un candente ataque contra la independencia del Fiscal, se produjo entre nosotros un silencio de estupor. No se oía el más mínimo ruido en el salón rojo de la sede de la FAO y el silencio duró largo tiempo. ¿Quién iba a responder y cómo lo haría? Miramos a la delegación de Noruega, que a su vez miraban a sus papeles sin apenas pestañear. Volvimos ansiosos la vista a la de los Países Bajos, que ¡miraba a Noruega! Por fin, se alzó una bandera y todos nos volvimos hacia la delegación de Malawi que, con calma, elegancia y habilidad, esbozó varios razonamientos jurídicos lo bastante convincentes como para superar la parálisis, para nuestro alivio y satisfacción. Así era el África que necesitábamos entonces, así es el África que necesitamos y deseamos ahora, y me complace que muchos países africanos, entre ellos Botswana, Cote d’Ivoire, Nigeria, Malawi, Senegal, Tanzania, Zambia y Sierra Leona, hayan anunciado que no abandonarán la Corte.

El desafío actual no constituye la primera prueba ardua que la Corte ha de afrontar ni tampoco será la última. Una nueva tendencia al aislacionismo y el liderazgo inescrupuloso cobra fuerza a lo largo y ancho del mundo. Es posible que se preparen nuevos ataques contra la CPI.

Para afrontar esos retos, se necesitarán todo el temple y todos los recursos de los Estados Partes que están auténticamente comprometidos con la Corte. Este no es el momento de desertar; es el momento de la determinación y la solidez. 

La tarea de mantener la integridad de nuestras instituciones internacionales en defensa de todas las víctimas de la barbarie es suficientemente necesaria, por su mérito intrínseco. Preservar intacto este sistema internacional resulta aún más urgente ante las enormes presiones que hoy se ejercen sobre él, sobre todo para los pequeños Estados que, por motivos de seguridad, necesitan la compañía y la protección que les proporcionan el derecho internacional y la CPI.

No traicionen a las víctimas ni a sus propios pueblos. Apoyen al Estatuto de Roma y a la Corte. Quizá esta institución no sea perfecta, ni en su concepción ni en su funcionamiento –como tampoco lo son otras entidades u otros Estados-. Pero, en conjunto, es lo mejor que tenemos. El anarquista Elbert Hubbard, que murió en 1915 en un suceso que, irónicamente, hoy calificaríamos de crimen de guerra, señaló: “El progreso nace del uso inteligente de la experiencia”. Terminar con la destrucción premeditada e ilícita de vidas humanas mediante la aplicación de la disuasión, librando al mundo de la impunidad que fomenta esos crímenes, sigue siendo el más cabal cumplimiento del apotegma de Hubbard.

En un mundo que parece estar cada vez más a la deriva, los trastornos que quizá acechen a la humanidad podrían ser mucho mayores que cualquier otro problema vivido hasta ahora. Estamos confrontados a una alternativa. Podemos preservar nuestras sociedades mediante la firme defensa de los principios de justicia que constituyen el zócalo de esta institución. O podemos desechar las estructuras jurídicas establecidas para salvar al mundo del horror y volver la espalda a los alaridos, mientras la impunidad aplasta a hombres, mujeres y niños en oleadas sucesivas de violencia.

En nombre del ACNUDH y de innumerables personas del mundo entero, les insto a hacer acopio de determinación para respaldar mancomunadamente a esta institución y, cuando las tensiones lleguen al límite, todos los miembros de la comunidad internacional de derechos humanos estaremos junto a ustedes y a esta Corte, nuestra Corte.  

16 de noviembre de 2016

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