Siria: Privación deliberada del derecho a la vida y a la salud


“Estamos metidos en un holocausto y no vemos luz alguna al final del túnel”.

Con estas palabras describe el Dr. Abd Arrahamn Alomar la situación actual del pueblo sirio.

Alomar es un pediatra que ejerce en Siria y presta servicio en ciudades especialmente vulnerables, entre ellas Alepo. Sus declaraciones tuvieron por marco un evento paralelo sobre mortalidad infantil y derechos humanos, celebrado el 26 de septiembre en Ginebra, durante el 33er. periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos.

“La situación de Siria es desesperada. Se trata de una privación deliberada del derecho a la vida y el derecho a la salud”, afirma.

A pesar de la violencia, Alomar y un puñado de otros trabajadores sanitarios como él han seguido sirviendo en Siria, en primera línea de combate.

“Los trabajadores sanitarios son los objetivos a los que se ataca de manera más sistemática, en las zonas que no están bajo el control del régimen. Se les ataca con más frecuencia que a los militares”, dice Alomar.  

La situación de violencia a la que están sometidos los trabajadores sanitarios es algo más que un riesgo laboral, porque son blancos de ataques aéreos y bombardeos. “Según se informa, más de 750 trabajadores sanitarios han muerto, pero la cifra real es aún mayor. Y no se trata de una casualidad”.

“Ha habido ataques deliberados contra instalaciones médicas”, asegura Alomar.

A causa del asedio que padecen varias ciudades sirias, los servicios de salud adolecen de una grave escasez de recursos médicos y humanos. En Alepo, hay 30 médicos que atienden a 300.000 personas bajo intensos bombardeos. Tan sólo hay dos pediatras para atender las necesidades de los 85.000 niños de la ciudad.

“La salud es un lujo en Siria”, señala Alomar al describir el estado actual de los servicios sanitarios en el país. “La gente no muere por las enfermedades, muere porque se les impide acceder a la atención médica”.

Desde 2011, no es raro encontrar en Siria casos de niños que padecen desnutrición aguda y heridas de guerra. La carencia de recursos y la falta de vacunas impiden que se les dé el tratamiento adecuado, lo que incrementa la tasa de mortalidad infantil en el país. Los niños mueren por causas que son totalmente evitables, explica Alomar.

La Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Sra. Kate Gilmore, hizo hincapié en que muchos casos de mortalidad infantil se deben tanto a las acciones perpetradas como a actos de omisión. “La mortalidad infantil que puede prevenirse no debería existir en el mundo actual”, afirmó.

Alomar también experimentó una terrible pérdida personal. Su hijo de 17 años, periodista de profesión, se hallaba realizando un reportaje sobre la campaña de erradicación de la polio en el norte de Siria cuando cayó víctima de la violencia cotidiana.

A pesar de todas estas desdichas, el sentido del deber impulsa a Alomar a seguir ayudando a las víctimas en Siria, no obstante los terribles peligros que afronta cada día en el ejercicio de su profesión. Considera que el pueblo sirio es su pueblo, su propia familia, y está consagrado a ayudar al mayor número posible de sus compatriotas.

“Que cesen los ataques a las instalaciones humanitarias, en particular a los hospitales y centros médicos. Que cesen los ataques al personal sanitario, que sólo cumple con su deber”. Alomar quiere que este mensaje se difunda por todas partes.

10 de octubre de 2016

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