Una reunión virtual de las Naciones Unidas ofrece a las víctimas la oportunidad de exponer sus casos


El 4 de mayo de 2020 se cumplieron cinco años, diez meses y 26 días desde la última vez que María Nohemí Barbosa González vio a su hijo, John Alexander.

Fotografías de personas desaparecidas expuestas en Cali (Colombia) durante la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas, el 30 de agosto de 2019. © EPA/Ernesto Guzman Jr

Ambos viajaron a la isla de San Andrés, situada al noroeste de Colombia, para celebrar el cumpleaños de la madre. Llegaron a la isla el viernes 6 de junio de 2014. Al día siguiente, John Alexander, que entonces tenía 32 años de edad, desapareció del hotel sin llevar consigo dinero, teléfono móvil, equipaje ni objetos de valor, salvo la llave de la habitación.

María Nohemí denunció la desaparición de su hijo ante las autoridades locales y nacionales de Colombia, pero, según ella, nadie le prestó atención ni la ayudó. Su paso siguiente fue dirigirse al Comité contra las Desapariciones Forzadas.

El 27 de marzo de 2015, María Nohemí presentó al Comité una petición de acción urgente sobre la desaparición de su hijo. En 48 horas, el Comité analizó la demanda, solicitó información adicional y dio curso a la petición de acción urgente. Acto seguido, el Comité envió una nota al Estado competente, en la que pedía que se adoptaran medidas inmediatas para buscar y encontrar a John Alexander.  

“Desde entonces, el Comité ha seguido apoyándome”, declaró María Nohemí. “En cuanto reciben información del Estado, me la transmiten. Cuando les envío una pregunta, me responden de inmediato. Cuando les pido apoyo, me lo proporcionan si lo consideran apropiado. Y si no, me explican por qué no pueden hacerlo. Siguen mandando recomendaciones al Estado para que tome medidas con el fin de encontrar a mi hijo y para que se investigue su caso”.

María Nohemí relató su historia en el marco de la jornada inaugural del 18º periodo de sesiones del Comité contra las Desapariciones Forzadas. Esta reunión tuvo una característica diferencial: la necesidad de establecer una distancia física a causa de la pandemia del COVID-19 hizo que, por primera vez en la historia, se celebrara de manera virtual la inauguración del periodo de sesiones de un mecanismo supervisor de un órgano de tratado.

Pero el significado de esta reunión virtual no radica en su formato sino en el mensaje que transmitió, dijo Ibrahim Salama, Jefe de la Subdivisión de Tratados de Derechos Humanos del ACNUDH. La Convención contra las Desapariciones Forzadas es clara en este aspecto: ninguna circunstancia excepcional justifica las desapariciones forzadas, señaló Salama. Este principio sigue vigente durante la pandemia.

“Al tomar esta medida, a pesar de los enormes esfuerzos y las concesiones que ha supuesto, el Comité demuestra que la Convención sigue siendo una realidad para todos los Estados y todas las víctimas de este odioso delito, cualesquiera sean las circunstancias”, afirmó Salama.

La celebración de la reunión virtual presentó diversos retos técnicos, logísticos y de otra índole, dijo el Presidente del Comité, Mohammed Ayat. La participación de sus diez miembros tuvo que coordinarse a través de múltiples husos horarios, desde Perú hasta Japón. La sesión no contó con interpretación simultánea, de modo que en algunos segmentos de la reunión se empleó la interpretación consecutiva, mientras que la mayor parte restante se desarrolló en inglés.

El hecho de que la reunión se celebrase en línea también obligó a posponer los diálogos interactivos con los Estados, que figuraban en el programa original de la sesión. En la actualidad, no existe ninguna opción disponible que permita al Comité llevar a cabo estos diálogos y, al mismo tiempo, cumplir con los requisitos técnicos, de seguridad y de calidad.

Mientras tanto, “nuestro mensaje es nítido: las víctimas de desapariciones forzadas deben saber que, aunque la pandemia plantee dificultades adicionales en determinadas situaciones, el Comité sigue dispuesto a prestarles asistencia”, dijo Ayat.

“La urgencia derivada de la crisis sanitaria no debilita en modo alguno el compromiso y la disponibilidad. Al contrario, los refuerza más que nunca. Por consiguiente, las víctimas no deben dudar en solicitar la intervención del Comité, incluso mediante el procedimiento de acción urgente”.

Para María Nohemí, este acceso permanente al Comité ha significado un sentimiento de apoyo y solidaridad en la búsqueda de respuestas sobre el caso de su hijo.

“La asistencia del Comité no soluciona todos los problemas”, apuntó. “Pero sí añade otra dimensión al caso de mi hijo. Confío en que el Comité no me abandone hasta que logremos averiguar dónde está John Alexander”.

Vea la apertura de la virtual 18ª sesión del Comité sobre Desapariciones Forzadas aquí.

6 de mayo de 2020

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