El cambio de nuestro mapa subconsciente es la vía hacia la igualdad


La Alta Comisionada Adjunta para los Derechos Humanos, la Sra. Kate Gilmore, recuerda la primera vez que se vio confrontada directamente con la desigualdad de género en su trabajo.

Tenía veintitantos años y había encontrado empleo en un centro de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos en su Australia natal. Todo lo que empezó a ver en el centro estaba orientado hacia los hombres, afirmó. Los hombres dirigían los programas, los hombres coordinaban el centro. Toda la actividad de rehabilitación estaba organizada en torno a modalidades masculinas de trabajo y ejercicio. Nada se ajustaba al hecho de que las mujeres bebían de manera diferente y presentaban esquemas distintos en cuanto al abuso de narcóticos, por lo que podrían necesitar otras vías para acceder a los tratamientos y recibir ayuda. La Sra. Gilmore había leído en la universidad acerca de la desigualdad de género, pero al verla en carne y hueso a su alrededor, auspiciada por un servicio público que admitía a las mujeres como residentes, sospechó que “algo muy malo estaba ocurriendo”. 

“El dolor de esas mujeres, a medida que trataban de superar sus adicciones,
el hecho de que no se tuviera en cuenta lo que para ellas significaba ser madres, esposas e hijas y qué diferente era para los hombres, en tanto que padres, maridos e hijos, es algo que nunca olvidaré. Ese fue un vector de cambio mucho más poderoso que cualquier diploma universitario que hubiera recibido”.

La Sra. Gilmore afirmó que esa experiencia y otras similares la ayudaron a orientarse en su labor de velar por que las personas no recibieran tratos diferentes solo por “por tu condición al nacimiento y la manera en que el mundo formula un juicio sobre quién eres”. Ella es uno de los cuatro “Adalides de Género” que participarán en un debate sobre cómo afrontar los prejuicios de género menos visibles, durante un evento que tendrá lugar el Día Internacional de la Mujer. En el debate se examinará de qué manera los prejuicios inconscientes afectan la vida y los derechos humanos de las mujeres.

El ACNUDH promueve la igualdad de género en tanto que derecho humano fundamental. “Los prejuicios y los estereotipos llegan a ser dañinos cuando limitan las opciones de las personas y repercuten en la realización de sus derechos”, afirmó la Sra. Veronica Birga, jefa de la Sección de género y derechos humanos de las mujeres. “Consideren el ejemplo del estereotipo, al parecer benigno, de que las mujeres son más protectoras que los hombres. Es un estereotipo que contribuye a que la carga del cuidado de los niños recaiga de manera desproporcionada sobre la mujer, lo que afecta su vida profesional”, añadió. El ACNUDH ha emprendido estudios en materia de trabajo a fin de para mostrar las múltiples formas en que los estereotipos pueden lesionar los derechos de las mujeres y cuáles son las obligaciones de los Estados al respecto.

Los prejuicios inconscientes son los puntos ciegos que todos tenemos, en los que realizamos conexiones implícitas sobre las personas y las situaciones, dijo la Sra. Tanya Odom, una consultora que ha estudiado el fenómeno y que actuará de moderadora en el debate del Día de la Mujer. Esos prejuicios conforman un mapa que llevamos en el subconsciente, compuesto de diversos elementos, tales como experiencias vitales, formación cultural, expectativas sociales e incluso los medios de comunicación. Estos prejuicios pueden ser positivos o negativos, pero se activan sin que seamos conscientes de ello ni podamos controlarlos, afirmó la Sra. Odom.

“Es algo que asusta”, dijo. “Pero también es algo que permite que las personas alcancen una opinión favorable de sí mismas. Un estudio sugiere que la gente puede creer conscientemente en la igualdad, pero proceder movida por estos mecanismos subconscientes y actuar en contra de sus ideas”.         

Cabe preguntarse entonces, ¿cómo se puede luchar contra algo que está tan arraigado? La Sra. Odom afirmó que la clave está en la conciencia y la acción. Uno puede adquirir conciencia de esos prejuicios ocultos mediante diversos exámenes que están disponibles en Internet (tales como el que analiza la asociación implícita). Y una vez que se tiene conciencia de esos prejuicios, se puede trabajar para contrarrestarlos, dijo.

“Ustedes tienen que hacer frente a imágenes que contradigan esos estereotipos”, señaló la Sra. Odom. “De modo que si quieren que las mujeres ocupen más puestos de liderazgo, tienen que ver a más mujeres en esos cargos”.

La Sra. Birga declaró que el ACNUDH ha colaborado con facultades de Derecho de varios países para definir y abordar los estereotipos relativos a las mujeres que puedan comprometer la imparcialidad de los jueces y dar por resultado errores judiciales, especialmente en los casos de violencia sexual y de género.

Una manera de contrarrestar las imágenes estereotipadas es la Iniciativa “Adalides de Género” de Ginebra. En el marco de esta iniciativa, que se inauguró el año pasado, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos y otros dirigentes se comprometieron, entre otras medidas, a no participar en ningún grupo o panel oficial en el que no hubiera mujeres. La Sra. Odom y la Sra. Gilmore quieren que esta promesa se amplíe, más allá de los funcionarios de las Naciones Unidas, al sector privado y que incluya la exigencia de que los paneles sean más diversos en términos raciales y geográficos.

“Nuestros mapas mentales constituyen uno de los obstáculos más difíciles de cambiar y un elemento de esos mapas nos dice que las cosas no pueden cambiar, que no podemos generar diferencias”, dijo la Sra. Gilmore. “Pero eso no es cierto. Todos podemos modificar cosas. La diferencia que podemos marcar radica primordialmente en nosotros mismos, en nuestra transformación íntima y personal, y ahí es donde el cambio comienza realmente”.

15 de marzo de 2016

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