El incremento de la violencia contra los niños debe abordarse con un planteamiento basado en los derechos


Silueta de dos niños © Getty Images

La violencia contra los niños, así como nuevas formas de explotación y abuso sexual en línea y fuera de línea, viene incrementándose como consecuencia de los confinamientos por la COVID-19, según un nuevo informe.

El informe, elaborado por la Relatora Especial sobre la venta y la explotación sexual de niños, Mama Fatima Singhateh, se presentó en el 46º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza.

Este aumento de la violencia y el abuso “amenaza con socavar aún más la situación de millones de niños de todo el mundo que ya se encuentran en una situación socioeconómica precaria”, declaró Singhateh durante la presentación del informe.

Según el informe, los niños bien pueden ser las principales víctimas de la crisis a largo plazo, puesto que su educación, nutrición, seguridad y salud se verán considerablemente afectadas. La pandemia ha dejado las vidas de millones de ellos pendientes de un hilo. UNICEF observa, por ejemplo, que la cantidad de niños que viven en una pobreza multidimensional ha ascendido a 1,2 mil millones, un aumento del 15 por ciento desde que la pandemia se propagara a principios de 2020.

Esa fragilidad económica a gran escala, combinada con los efectos del confinamiento, se ha traducido en varias consecuencias trágicas en términos de violencia y abuso contra los niños.

El abuso en línea va en aumento. La explotación sexual y el ciberacoso han empeorado al dedicar los niños más tiempo a estar en línea y sin supervisión.

El informe recoge también el efecto desproporcionado de la pandemia en las niñas. Muchas de ellas se han visto expuestas a la violencia física y sexual en sus hogares por el confinamiento, a menudo por parte de los mismos abusadores. Al mismo tiempo, tienen menos acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva o a los servicios de prevención de la violencia de género, puesto que en muchos lugares no se consideran "servicios esenciales". Además, es posible que prácticas perjudiciales, como el matrimonio infantil, aumenten con la interrupción de los programas de prevención y con la toma de esta decisión por parte de familias que afrontan una pobreza acrecentada, aclara Singhateh.

Nuevos enfoques para la trata de personas

La crisis de la COVID-19 ha cambiado los modelos habituales de trata de personas y explotación, según el informe, y los grupos delictivos dedicados a la explotación sexual no han tardado en adaptar su forma de trabajo aumentando el uso de las comunicaciones en línea y la explotación en los hogares.

“Las crisis tienden a alimentar la impunidad, el quebrantamiento de la ley y el orden, la destrucción de comunidades y favorecen las condiciones en las cuales la trata de personas y otras formas de explotación prosperan, permaneciendo a menudo estos factores incluso tras haber terminado la crisis”, afirma Singhateh.

En algunos países, las restricciones y los cierres de hoteles y locales de ocio han dado lugar a la venta de niños a manos de tratantes de personas en el interior de vehículos. Se ha observado la venta “al volante” de niños en varios países. Además, la venta de menores ahora se suele realizar a través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, en vez de en lugares físicos.

Asimismo, existen informes sobre campamentos de refugiados y migrantes que señalan la venta de niños por alimentos y suministros básicos, así como la participación forzada de niños en actividades sexuales a cambio de alimentos, habida cuenta de los recortes en la ayuda humanitaria y las restricciones rigurosas a los viajes. 

Estrategias de prevención, y la importancia de la participación de los niños 

“La pandemia no solo está agravando la difícil situación existente de los niños, sino que también está poniendo más en peligro la anulación de muchos logros alcanzados con tanto esfuerzo con miras a los objetivos de 2030”, señala Singhateh. 

La experta ha realizado varias recomendaciones en su informe. En primer lugar, fomenta un enfoque preventivo e insta a los gobiernos a poner en vigor sistemas de protección basados en los derechos humanos incluso antes de que el desastre golpee, a fin de evitar o mitigar los riesgos crecientes de violencia, abuso, abandono y explotación de niños.

Asimismo, en el informe se recomienda una mejor recopilación de datos y el desarrollo de herramientas de evaluación rápida que evalúen el impacto de la pandemia en los servicios esenciales para las víctimas.

Por último, y de forma crucial, deben buscarse las aportaciones de los niños a la hora de tomar decisiones y de desarrollar estrategias.

“Los niños y los jóvenes se enfrentarán a una realidad nueva y distinta después de la crisis”, concluye Singhateh. “La participación de los niños nunca ha resultado tan fundamental para el desarrollo de cualquier estrategia nacional basada en los derechos de los niños que esté destinada a evitar la venta y la explotación sexual de niños, así como garantizar la protección, la recuperación y la reintegración de los mismos”.

29 de marzo de 2021


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