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Declaración de Zeid Ra'ad Al Hussein

Declaración de Zeid Ra'ad Al Hussein, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos

Las víctimas de la tortura proceden de todos los ámbitos de la sociedad. Viven en todos los países. Pueden ser defensores de derechos humanos, migrantes, periodistas, personas con discapacidad, indígenas, miembros de minorías o del colectivo LGBT.

A los niños también se les puede torturar, tanto para obtener información como para presionar a sus padres o sus comunidades.

La labor del Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura indica que en la actualidad el número de niños torturados va en aumento. Se calcula que, en 2016, unos 5.279 niños y adolescentes víctimas de torturas recibieron asistencia de las organizaciones financiadas por el Fondo, lo que representa un aumento del 35% en comparación con 2015.

Además, un número sorprendentemente alto de niños migrantes y refugiados son detenidos en las fronteras y pueden ser objeto de maltrato físico y abuso psicológico por parte de los agentes del Estado mientras se encuentran detenidos.

Hace 29 años, la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes alcanzó rango de ley. En la actualidad, ha sido ratificada por 159 Estados. La Convención prohíbe totalmente todo acto por el cual se inflija intencionalmente a una persona dolor o sufrimiento grave, ya sea físico o mental, con el fin de obtener de ella información, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a terceros.

La tortura es una violación grave de derechos humanos que no puede justificarse nunca, ni siquiera en periodos de guerra o cuando la seguridad nacional está amenazada. El Artículo 14 de la Convención obliga a los Estados Partes a velar por que todas las víctimas de la tortura bajo su jurisdicción reciban reparación y tengan derecho a una rehabilitación lo más completa posible.

Cuando los Estados no atienden adecuadamente a estas y otras víctimas, el Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura interviene para ayudarlas a obtener rehabilitación y reparación. El Fondo, administrado por la Oficina del ACNUDH en Ginebra y que este año cumple su 35º aniversario en la labor de ayudar a las víctimas, ha proporcionado más de 180 millones de dólares a más de 630 organizaciones en el mundo entero.

Sólo en 2016, el Fondo financiará 178 proyectos con 7,1 millones de dólares estadounidenses, que ayudarán a que más de 47.000 víctimas de 81 países recobren su dignidad.

Cada víctima es importante.  Auxiliar al Fondo para que proporcione rehabilitación especializada a estos hombres, mujeres y niños es una manera muy real en la que cada uno de nosotros puede marcar la diferencia. Y es además una expresión concreta de nuestro compromiso con la erradicación de la tortura.