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El sufrimiento de los migrantes en Libia es un atropello a la conciencia de la humanidad, afirma Zeid

GINEBRA (14 de noviembre) - El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos mostró su inquietud por el considerable aumento del número de migrantes recluidos en horribles condiciones en establecimientos de detención en Libia y afirmó que la política de la Unión Europea que ayuda a los guardacostas libios a interceptar y repatriar a migrantes en el Mediterráneo era inhumana.

“El sufrimiento de los migrantes detenidos en Libia es un atropello a la conciencia de la humanidad” dijo Zeid Ra’ad Al Hussein. “Lo que ya era una situación grave, se ha vuelto catastrófica”.

“El sistema de detención de migrantes en Libia está descompuesto y sin solución” declaró Zeid. “Solo las alternativas a la detención pueden salvar la vida de los migrantes y su seguridad física, conservar su dignidad y protegerla de posteriores atrocidades”.

“La comunidad internacional no puede seguir haciendo la vista gorda a los inimaginables horrores que sufren los migrantes en Libia, ni fingir que la situación se puede solucionar con solo mejorar las condiciones de reclusión”, afirmó Zeid, al tiempo que pedía la promulgación de normas jurídicas nacionales y la despenalización de la migración ilegal para asegurar la protección de los derechos humanos de los migrantes.

Según la Oficina para combatir la migración ilegal de Libia (DCIM por sus siglas inglés), el número de detenidos en centros bajo su control aumentó de unos 7.000 a mediados de septiembre hasta 19.000 a finales de noviembre, a consecuencia del arresto de miles de inmigrantes, tras los combate ocurridos en Sabratha, un polo de contrabando y tráfico ilícito situado a unos 80 kilómetros al oeste de Trípoli.

La Unión Europea e Italia prestan ayuda a los guardacostas libios para interceptar los barcos de migrantes en el Mediterráneo y también en aguas internacionales, a pesar de las preocupaciones planteadas por los grupos de derechos humanos, en el sentido de que dichas acciones someterían a más migrantes a detenciones arbitrarias e indefinidas, y los expondrían a la tortura, las violaciones, el trabajo forzado, la explotación y la extorsión. Los migrantes detenidos carecen de la posibilidad de impugnar la legalidad de sus detenciones y no disponen de asistencia letrada.

“La intensificación de las intervenciones de la UE y sus Estados Miembros no ha hecho nada hasta ahora para reducir el volumen de abusos que sufren los migrantes”, dijo el Alto Comisionado. “Nuestro seguimiento, de hecho, muestra un rápido deterioro de su situación en Libia”.

Del 1 al 6 de noviembre, los observadores de derechos humanos de las Naciones Unidas visitaron cuatro centros de la DCIM en Libia, donde entrevistaron a detenidos que han huido de los conflictos, la extrema pobreza y la persecución en países de toda África y Asia.

“Los observadores se conmovieron mucho con lo que presenciaron: Miles de hombres, mujeres y niños hacinados, famélicos y traumatizados, encerrados en hangares incapaces de satisfacer las necesidades más básicas y despojados de su dignidad humana”, manifestó Zeid.

“Muchas de esos detenidos se han visto expuestos a tráfico ilícito, secuestros, tortura, violaciones y otras agresiones sexuales, trabajo forzado, explotación, violencia física grave, hambruna y otras atrocidades en el transcurso de sus recorridos a través de Libia, con frecuencia a manos de traficantes o contrabandistas”.

Un hombre recluido en un centro de la DCIM en Tarik al-Matar, donde unos 2.000 migrantes se hacinaban en un hangar carente de aseos, le dijo al personal de las Naciones Unidas: “Estamos como sardinas en lata, no dormimos, estamos enfermos, hay muy poca comida y hace meses que no nos duchamos. Todos moriremos si no nos sacan de aquí, esto es un calvario y resulta cada vez más difícil sobrevivir entre el hedor de las heces y la orina; hay muchas personas [que yacen] inconscientes en el suelo”.

Hombres, mujeres y niños recluidos en los centros de la DCIM contaron que los guardias los apaleaban. “Nos golpean todos los días, con porras eléctricas, solo porque pedimos comida o atención médica o porque solicitamos información sobre qué va a ser de nosotros”, dijo a los observadores un migrante procedente de Camerún.

Las mujeres aseguraron que los contrabandistas y los guardias las habían violado y sometido a otras formas de violencia sexual. Una mujer de Cote d’Ivoire le contó a un observador de las Naciones Unidas que durante el viaje “un grupo de hombres armados entró y escogió a seis mujeres, entre ellas yo, y nos hicieron salir una a una. Cuando al principio me negué, me abofetearon y me apuntaron a la cabeza con una pistola. Afuera, cuatro hombres me violaron. Yo estaba embarazada de pocas semanas, sangré mucho y creo que perdí el bebé. Desde entonces no he podido ver a un médico”.

Otra mujer subsahariana afirmó: “Me sacaron del centro de la DCIM y tres hombres, entre ellos un guardia del centro, me violaron en una casa”.

La Oficina del ACNUDH insta a las autoridades libias a que adopten medidas concretas para suprimir las violaciones y los abusos de derechos humanos en las instalaciones que están bajo su control, aparten de sus puestos a los presuntos violadores, investiguen y encausen a los responsables y expresen públicamente que no tolerarán nunca más esos abusos. El ACNUDH pide también que no se recluya a los migrantes y que los centros permanezcan abiertos.

“No podemos ser testigos mudos ante hechos de esclavitud moderna, violaciones y otras agresiones sexuales, y asesinatos cometidos en nombre del control de la migración, con el fin de impedir que esas personas desesperadas y traumatizadas lleguen a las costas de Europa”, afirmó el Alto Comisionado.

FIN

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