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Conmemoración del Día internacional del recuerdo de las víctimas de la esclavitud y de la trata transatlántica

(De conformidad con la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en diciembre de 2007, en la que se dispuso que cada 25 de marzo se conmemorara el Día internacional del recuerdo de las víctimas de la esclavitud y de la trata transatlántica)
Ginebra, 20 de marzo de 2018, 13:30-15:00
Discurso de la Alta Comisionada Adjunta Kate Gilmore

Excelencias,
Distinguidos ponentes y participantes,
Colegas y amigos:

Durante más de cuatro siglos el mundo practicó un sistema de comercio basado en la absoluta degradación de determinadas personas, a las que, con el fin de obtener un beneficio comercial, se despojó de manera permanente e implacable de todo lo necesario para vivir dignamente o con un mínimo de humanidad.

Fue el capítulo más prolongado y brutal de la historia humana porque también fue exaltado, defendido con denuedo y explotado despiadadamente.

La trata trasatlántica de africanos, el comercio de seres humanos, fue el resultado de la acción deliberada de prestigiosas instituciones legales, sociales, económicas y políticas y se prolongó desde mediados del siglo XV hasta finales del siglo XIX. 

Los números reales de esas identidades, familias, hogares, tierras, culturas y voces arrebatadas cruelmente nunca se podrán confirmar. Pero más de 15 millones de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados y transportados por la fuerza a lugares situados a miles de kilómetros de sus hogares. Por supuesto, millones de ellos, ya fueran mujeres, hombres, niños o recién nacidos, nunca llegaron a su nuevo destino, porque murieron durante el atroz desplazamiento. 

Aunque otros millones sobrevivieron para ser vendidos, sobre todo en territorios americanos, como simple mercancía, con miras a ser explotados, maltratados, utilizados y luego morir en las más terribles circunstancias.

Hoy honramos la memoria de las víctimas de la trata trasatlántica. Honramos sus testimonios. Honramos su lucha por la libertad y la igualdad.

Honramos además su legado de sufrimiento y resistencia, que hoy se constituye en un deber sagrado para todos: el deber de hacer cuanto sea posible con miras a garantizar que nunca más se vuelva a cernir sobre la humanidad una sombra tan pesada y tan maligna. Que la cruel codicia de unos pocos malvados nunca más vuelva a ser saciada a un precio inconmensurable para muchos. Que la intolerancia infundada nunca más vuelva a atrapar y encadenar, ni el nocivo prejuicio vuelva a azotar y fustigar, ni el odio atroz vuelva a mutilar, herir o destruir. 

Este Día del recuerdo, establecido por la Asamblea General en 2007, reconoce un capítulo importante en la historia humana. Una historia contada y también negada, pero cuya secuela todavía deforma y modula las interacciones sociales, culturales, políticas e incluso económicas entre personas y entre países.

Pero como hoy conmemoramos, vamos también a recordar. En este Día internacional recordamos la inmensa contribución de los afrodescendientes, especialmente en el contexto de la trata en América, a la economía, la cultura y las comunidades del mundo.

El Decenio Internacional para los Afrodescendientes aporta reconocimiento, justicia y desarrollo a éstos en primer lugar. Pero lo hace en el contexto de una negación constante de derechos, habida cuenta de los graves impedimentos para hacer efectivos los derechos que plantean el racismo, la discriminación racial, la xenofobia, la afrofobia y las nocivas combinaciones que forjan esos odios al mezclarse con el sexismo, la homofobia y la islamofobia.

Colegas y amigos:

La esclavitud no es solo una aberración del pasado. La trata y la esclavitud continúan a pesar de los diversos instrumentos legales que las prohíben en todo el mundo de manera explícita. De hecho, la denigración de las personas con el fin de explotarlas es una práctica actual y no solo histórica. En 2016, la OIT calculó que 40 millones de personas siguen esclavizadas o trabajan en condiciones análogas a la esclavitud, de los que 10 millones eran niños. Sin ir más lejos, el año pasado se documentó en informes de prensa que varios inmigrantes afrodescendientes fueron subastados como esclavos.
Sin embargo la esclavitud todavía continúa en gran parte oculta a la vista, en forma de trabajos forzosos o servidumbre, matrimonio forzado, explotación de menores, trata de seres humanos y explotación sexual.

Al igual que les ocurrió a las víctimas de la esclavitud de ayer, a las de hoy casi nunca se les ofrece remedio ni rehabilitación, a pesar de que se trata de una obligación formal de los Estados.

Excelencias:

La erradicación de la esclavitud moderna es un compromiso de la Agenda 2030. No solo necesitamos medidas políticas y legislativas eficaces para abolir la esclavitud, sino que también necesitamos transformar la dinámica estructural socioeconómica que propicia esos delitos.

Para acabar con esas formas modernas de esclavitud se requiere una lucha más amplia con el fin de combatir sus causas originales, que son la pobreza, el analfabetismo, la falta de educación, la privación de tierra, la explotación y las irregularidades en el sector laboral, la discriminación, la desigualdad de género, el racismo y los prejuicios. La erradicación de estas lacras es un compromiso de la Agenda 2030, razón por la cual, con el esfuerzo de los Estados Miembros para no dejar a nadie rezagado, los objetivos y las metas del desarrollo sostenible representan una gran oportunidad para abolir la esclavitud de una vez por todas.

Excelencias:

Los primeros abolicionistas fueron los propios esclavos, defensores de los derechos humanos, dispuestos a defender sus derechos mediante la acción civil. La gran rebelión de esclavos de 1791 en Santo Domingo marcó el comienzo de una lucha que se prolongó durante décadas y que culminaría con la creación de un Estado soberano que sería llamado Haití.

Al otro lado del Atlántico, unos pocos abolicionistas, también abnegados defensores de los derechos humanos, cargaron contra los intereses creados del Estado, la Iglesia y las grandes empresas, a fin de acabar con la esclavitud, mediante una lucha en la que, cito textualmente, “las personas se indignaron y se mantuvieron indignadas durante muchos años por los derechos del prójimo y no por los suyos propios” (Adam Hochshild – Bury the Chains)

Este año celebramos el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y hoy también luchamos precisamente por ello, para que las personas defiendan los derechos de los demás. 

Hacerlo es honrar a las víctimas de la esclavitud moderna y respetar la memoria de quienes fueron víctimas de la trata trasatlántica durante muchísimo tiempo, hace muchas décadas. Pero nosotros, como comunidad internacional que somos, debemos hacer más. Debemos admitir la alta radioactividad de las consecuencias de la esclavitud, el efecto continuo de sus secuelas sobre los afrodescendientes, un efecto tan duradero que todavía puede consumir sus vidas.

Los países deben tomar medidas urgentes y eficaces para erradicar ese legado venenoso, poner fin al racismo y la xenofobia, y adoptar también medidas razonables para garantizar que su final sea definitivo y que no se vuelva a repetir el sufrimiento que entraña la esclavitud en todas sus formas.

Nunca más. Never again. Plus jamais.

Muchas gracias.