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Reunión plenaria de la Asamblea General con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial

Promover la tolerancia, la inclusión, la unidad y el respeto a la diversidad en el contexto de la lucha contra la discriminación racial
Discurso del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein
Nueva York, 20 de marzo de 2018

Muchas gracias, Sr. Vicepresidente.
Sr. Secretario General,
Excelencias,
Colegas,
Y a todas las personas que en el mundo están viendo esta transmisión, mi más cordial saludo:

La Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo 70º aniversario conmemoramos este año, comienza con una nítida afirmación de jure y de facto que figura en el Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Este principio quedó subrayado en la Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial: “Toda doctrina de superioridad basada en la diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta y peligrosa, y …nada en la teoría o en la práctica permite justificar, en ninguna parte, la discriminación racial”.

Estos textos fundamentales han ayudado a millones de personas a librarse de la violencia, la injusticia y la pobreza basadas en la repugnante idea de que existen “razas inferiores” de seres humanos.

Pero en la actualidad la xenofobia y la discriminación, basadas en el origen racial, étnico o nacional y en la religión, van en aumento y alcanzan niveles sumamente preocupantes, un auge que a menudo promueven políticos y funcionarios en aras de su propio interés partidista. Se orienta el odio hacia los migrantes. Se estereotipa, difama y ataca a las comunidades musulmanas. Las feas calumnias del antisemitismo aumentan de nuevo y otras minorías religiosas, tales como la cristiana, padecen también por el aumento de la discriminación y la violencia en determinadas regiones. Mientras tanto, incluso en algunas de las sociedades más prósperas, un racismo estructural muy arraigado sigue perjudicando a las comunidades indígenas, los afrodescendientes y otras minorías.

Donde quiera que un niño es humillado y se le hace sentir indigno de un trato igual a causa del color de su piel o de la comunidad en la que nació; donde quiera que grupos humanos reciben un trato despectivo y se ven privados de acceso equitativo a la justicia, empleo, vivienda, derecho de sufragio o de ciudadanía; donde quiera que se manifiesta la discriminación y se incita al odio, se está transgrediendo un principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas: “practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos”.

La discriminación racial no es solo un asunto de injusticia individual. La Declaración Universal de Derechos Humanos advierte claramente que la falta de protección a los derechos puede ser causa de conflictos. La experiencia ha demostrado una y otra vez que la discriminación, la intolerancia, el prejuicio y el uso de chivos expiatorios no sólo causan una fragmentación desastrosa en las sociedades, que pone en peligro la cohesión nacional, sino que también suelen generar amenazas a la paz regional y desembocan en conflictos.

Exhorto a todos los responsables políticos a que reflexionen sobre el compromiso contraído en la Declaración y Programa de Acción de Durban, que en 2001 ratificó el principio de que “la preservación y el fomento de la tolerancia, el pluralismo y el respeto de la diversidad pueden producir sociedades más abiertas”.

La historia de cada uno de los Estados que integran las Naciones Unidas ha sido configurada por la dinámica del movimiento de personas a través de fronteras y océanos. Cada sociedad es un conjunto multifacético, formado por comunidades diferentes que se sienten orgullosas de su identidad y contribuyen a objetivos comunes. La aceptación activa de la diversidad –que nosotros llamamos tolerancia- es la gran hacedora de sociedades sólidas y estables, en las que cada persona está empoderada para contribuir con su plena participación.

Evoco aquí la memoria de aquel gigante de los derechos humanos, Nelson Mandela, que logró preservar a su país de la catástrofe gracias a la fuerza de su liderazgo, basado en principios, y al poder de sus ideas. En colaboración con mi predecesora, la Sra. Mary Robinson, Nelson Mandela formuló una visión para la tolerancia y la diversidad en el siglo XXI, un documento que todos los dirigentes de hoy deberían consultar.

Podemos hacer retroceder a las fuerzas del odio, el fanatismo y la violencia, y podemos construir en su lugar sociedades basadas en la igualdad y la justicia. 

Para librarnos a nosotros mismos y a nuestros congéneres del peso aplastante de la injusticia y la discriminación, es preciso desmontar las actitudes de prejuicio racial, étnico y religioso que existan en nuestras sociedades; es preciso que otorguemos una prioridad auténtica y constante a los mensajes y las medidas políticas que refuerzan el respeto mutuo. Es necesario que cumplamos las promesas de inclusión que constituyen la esencia de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

No hay tarea más urgente que ésta, en aras de la supervivencia de la humanidad sobre el planeta que todos compartimos.

Muchas gracias, Sr. Vicepresidente.