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Defender los derechos mediante el desarrollo es rentable y urgente

Discurso del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein

Washington, 20 de abril de 2018

Dr. Kim,
Distinguidos colegas,
Damas y caballeros:

Me complace sobremanera estar hoy aquí para celebrar con el Banco Mundial el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que sus actividades son esenciales para la materialización de los compromisos asumidos por los Estados en esa Declaración. Agradezco a mi estimada amiga Sandie Okoro sus amables palabras de presentación y quisiera también expresar mi gratitud a cuantos aquí participan en labores de derechos humanos.

Porque muchos de vosotros lo hacéis - como pone de manifiesto el reciente informe Pathways to Peace [Opciones de paz] elaborado por el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Se trata de un texto basado en los derechos humanos que demuestra de manera amplia y solvente la rentabilidad y la urgencia de defender los compromisos en este ámbito. Este informe nos conmina a “hacer cuanto podamos para ayudar a los países a evitar el estallido de una crisis que tendría graves consecuencias para la humanidad, porque socavaría las instituciones y la capacidad de alcanzar la paz y el desarrollo”. El documento nos pide además que “nos consagremos nuevamente a la Carta de las Naciones Unidas, con el mandato de la Agenda 2030, protegiendo y respetando los derechos humanos y garantizando que nuestra asistencia llega a quienes más la necesitan”.

Y también nos recuerda que “la prevención debe abarcar todo lo que hacemos. Debe estar presente en todos los pilares de la labor de las Naciones Unidas y unirnos para lograr prestaciones más eficaces”.

Respaldo totalmente esas metas y estoy seguro de que ustedes también. Los objetivos de derechos humanos no son propiedad exclusiva de mi Oficina. La anticuada idea de promover los derechos humanos de manera legalista, admonitoria y ajena a las limitaciones del mundo real es una visión que mi Oficina rechaza por completo: es tan inexacta - y espero que estén de acuerdo - como la idea de que la economía es una “ciencia lúgubre” en la cual la rígida aplicación de las leyes de la oferta y la demanda siempre genera sufrimiento.

Nosotros, que trabajamos en el ámbito de los derechos humanos, somos realistas y estamos consagrados a la tarea de ayudar a que los Estados hagan realidad sus compromisos de derechos humanos sobre el terreno y en la vida real. La labor de desarrollo eficaz realizada por el Banco Mundial y demás instituciones conlleva hacer realidad muchos ideales incorporados en la Declaración Universal: la prevención de conflictos, la reducción de la pobreza y la mejora de los derechos económicos y sociales.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible abarca tanto los derechos humanos como la economía e incorpora explícitamente una visión integral del desarrollo y los derechos. En realidad, considero que ese componente de derechos humanos es el que pone la S en los ODS y creo que este es el factor fundamental que diferencia a la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

Porque la defensa de los derechos humanos conduce a medidas económicas acertadas.

Los procesos de desarrollo interno que respaldan la justicia y el Estado de derecho- medidas que luchan contra la discriminación de cualquier tipo y promueven la igualdad de oportunidades y el respeto a la dignidad, una gobernanza transparente y que sirva a las personas - a todas las personas  - estos procesos dan mejores resultados, son más eficaces y crean un ciclo virtuoso de mayor prosperidad a corto, medio y largo plazo.

Las investigaciones realizadas por el Banco Mundial y otros organismos han demostrado ampliamente que los conflictos tienen costos devastadores. Sabemos que la gran mayoría de los conflictos actuales provienen de litigios enconados, cuyo origen está en la exclusión - en la idea de que hay grupos específicos que han de estar excluidos de la participación política, de los beneficios sociales y económicos del desarrollo y del acceso legítimo a servicios y oportunidades fundamentales. En las muchas y crecientes crisis que acontecen en nuestro entorno, vemos que - y cito de nuevo el informe Pathways to Peace  - “el desarrollo económico por sí solo no garantiza la paz.”

No todas las vulneraciones de derechos humanos desembocan en violencia directa. Pero incluso cuando se evita el conflicto, estas vulneraciones generan costos enormes en términos económicos sociales y humanos que han sido demostrados a fondo y de manera repetida por diferentes fuentes autorizadas. Entre otros, por ejemplo, los efectos de la discriminación, que puede excluir de la fuerza laboral a mujeres, miembros de minorías étnicas y otros grupos; el solo hecho de marginar a las personas con discapacidad puede costarle a la economía hasta el 7% del PIB. Numerosos estudios han demostrado también la repercusión negativa de las desigualdades entre grupos de personas sobre la sostenibilidad del crecimiento.

Ha llegado el momento de aunar los derechos humanos y la economía. Es preciso abordar las desigualdades y la exclusión. Debemos ayudar a que los programas y las instituciones nacionales sean más inclusivos y velar por que las voces y las metas de todos los miembros de la sociedad se reflejen en la política. Debemos poner las necesidades de la sociedad civil en el centro de nuestra labor, recordando que tanto el desarrollo como la gobernanza han de estar al servicio de las personas y no al revés.

Debemos hacerlo así, no porque sean objetivos de derechos humanos - aunque lo son. No porque medidas de este tipo defiendan la Declaración Universal - aunque lo hagan. Sino porque conducen a una buena economía; a un desarrollo sólido; a una prosperidad mayor y más sostenible. Porque tienen sentido en términos empresariales.

El hecho de prevenir las vulneraciones de derechos humanos - y así prevenir conflictos - salva vidas y ahorra dinero. Se trata de un atajo - es, de hecho, el único camino sostenible - para obtener mejores resultados en nuestro mundo convulso.

Estimados colegas:

Hace 20 años prácticamente no había conciencia de los vínculos entre el desarrollo y los derechos humanos, y existía muy poca interacción entre nuestras comunidades profesionales. En la actualidad, hemos empezado a colaborar en cuestiones que abarcan desde las políticas de protección social hasta la gobernanza, la prevención de conflictos, la recuperación y reintegración, la diligencia debida, los derechos laborales, la estadística y la economía y las políticas de comercio e inversión., 

Esto no significa que seamos todos iguales, o que no existan tensiones entre disciplinas y comunidades profesionales. 

Toda institución ha de guiarse por su propio mandato, su análisis de oportunidades y sus ventajas comparativas. Pero nuestro trabajo será más eficaz cuanto más nos comuniquemos y actuemos de manera concertada. Me gustaría ver una relación mucho más estrecha entre agentes del desarrollo y de los derechos humanos, y el desmantelamiento de las barreras que estorban la colaboración entre ambos, para que podamos trabajar mancomunadamente en aras de la prevención. 

A menudo es como si los agentes del desarrollo se sintieran limitados a la hora de plantear cuestiones delicadas a los gobiernos - y por delicadas, parecen referirse a cuestiones de derechos humanos. Nosotros, como parte de la comunidad de derechos humanos, estamos acostumbrados a promover esos temas. Juntos, unidos por un propósito común, nuestra defensa puede llegar a ser mucho más eficaz.

La gran capacidad de monitoreo de mi Oficina y de otros agentes de derechos humanos puede también contribuir a la evaluación de riesgo que realiza la comunidad del desarrollo, para lograr una mejor identificación y comprensión de los crecientes indicadores de exclusión y violencia inminente. Esta información puede asistir a los agentes del desarrollo en la tarea de reorientar los fondos hacia las regiones en las que se excluye a las personas; ayudarles a invertir en la educación y las capacidades de los grupos que padecen discriminación - y alentar a la comunidad del desarrollo a establecer o apoyar mecanismos imparciales para reparar agravios antes de que se conviertan en una espiral de violencia incontrolable.

En situaciones de conflicto abierto, cuando comienzan a disminuir los signos de violencia, existe siempre una necesidad urgente de restablecer los procesos de desarrollo capaces de prevenir el recrudecimiento de la lucha. Creo que nuestra contribución puede ser vital para velar por que las instituciones de desarrollo apoyen instituciones y medidas que generen confianza; produzcan un tejido social más fuerte e inclusivo y promuevan la justicia.

Ahora quisiera escuchar a los demás, así que os dejaré con este pensamiento: la Declaración Universal de Derechos Humanos ha resistido a muchas tormentas en los últimos siete decenios. En su entorno e inspirados por sus compromisos, los Estados han elaborado un enorme corpus jurídico en materia de derechos humanos, en el que figuran tratados fundamentales que son esenciales para la paz y el desarrollo. Pero los derechos humanos no son únicamente competencia de los juristas.

Tanto si hablamos en términos jurídicos como si lo hacemos en el lenguaje de las finanzas, la economía, la gobernanza o la política social, los derechos forman parte de vuestro trabajo. La Agenda 2030 es una plantilla para hacer realidad los derechos humanos - y un ámbito donde nuestra colaboración fortalecida puede acarrear resultados poderosos.

Muchas gracias.