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Diálogo sobre derechos humanos de Glion

El lugar de los derechos humanos en unas Naciones Unidas reformadas
Discurso del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein

30 de mayo de 2018
Excelencias, colegas:

Me complace acompañarles hoy y espero que logremos establecer un diálogo franco y abierto sobre algunos temas de importancia.

En primer lugar, permítanme algunas precisiones sobre los planes de reforma de las Naciones Unidas formulados por el Secretario General, que ya están en marcha.

El objetivo general de dichos planes es la prevención, en el entendimiento de que los enfoques reactivos y fragmentarios aplicados hasta ahora a los conflictos violentos han sido demasiado onerosos –tanto términos de sufrimiento humano como de repercusión económica- y han resultado poco eficaces. 

Al igual que el mantenimiento de la paz, la prevención forma parte del programa de derechos humanos. No he visto nunca una medida de derechos humanos que no esté orientada a prevenir o atenuar un conflicto: este objetivo es la esencia de nuestra tarea. De modo que esta insistencia renovada en la prevención constituye una auténtica oportunidad, tanto para el Consejo como para el ACNUDH, de llegar a ser cada vez más importantes en la labor de las Naciones Unidas.

Varios aspectos de las reformas administrativas formuladas por el Secretario General son sumamente positivos. Esas medidas abren camino a un sistema operativo más sencillo y más ágil, lo que entraña un grado considerable de delegación de funciones a los jefes de diversas secciones de la Secretaría en lo tocante a la gestión y dirección de recursos. Al disponer de autoridad para gastar dinero según sea necesario y presentar informes anuales de resultados, la Oficina podrá evitar las dilaciones actuales, a menudo prolongadas, que preceden a la ejecución de las decisiones, incluso de las que adopta el Consejo.

Asimismo espero que los cambios en el sistema de desarrollo abran nuevas posibilidades para que los derechos humanos se incorporen de manera enérgica y normalizada en este ámbito fundamental. En las reformas se reconoce claramente que el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas ha de ponerse al servicio de la Agenda 2030, que es un manifiesto de derechos humanos: los Objetivos de Desarrollo Sostenible son sostenibles precisamente porque están basados en normas y principios universales. Para hacer realidad esta agenda, las reformas del Secretario General proponen una nueva generación de Equipos de País de las Naciones Unidas, que cuenten con Coordinadores Residentes dotados de más autoridad e independencia, y con un sistema renovado de planificación del MANUD. Es decisivo velar por que las normas de derechos humanos y las actividades que en ellas se fundamentan estén firmemente asentadas en esta planificación. Necesitamos garantizar que las competencias pertinentes estén disponibles en la esfera nacional y que los documentos orientativos hagan hincapié en la incorporación de los derechos humanos y las recomendaciones de los mecanismos de derechos humanos en el análisis, el planeamiento y la promoción que llevan a cabo los Equipos de País. 

En los últimos años, la Oficina del ACNUDH ha adoptado una serie de medidas con el fin de asentar sólidamente los derechos humanos en la labor de los equipos de desarrollo de las Naciones Unidas. Estos avances deben preservarse. Es preciso sistematizar las competencias técnicas sobre derechos humanos y lo ideal sería que los asesores en materia de derechos humanos formaran parte del conjunto habitual de medios de apoyo que se proporciona a los Coordinadores Residentes y los Equipos de País.

También hemos elaborado el Índice Universal de Derechos Humanos para dar a los equipos de las Naciones Unidas, los Estados y la sociedad civil un acceso rápido y de amplio espectro a las recomendaciones de todos los mecanismos –y quiero destacar aquí que en el Índice se pueden realizar búsquedas específicas por cada meta de los ODS, de modo que las recomendaciones pertinentes a cada una de ellas resultan visibles de inmediato. En tres de los talleres para Coordinadores Residentes que la Oficina ha celebrado recientemente, los participantes mostraron su satisfacción ante la posibilidad de usar esta herramienta, en particular porque se trata mayormente de recomendaciones que los Estados han aceptado.

Una tercera medida significativa es la carta que la Oficina envía actualmente a cada Estado y Coordinador Residente, al término de su tercer ciclo de EPU, a fin de transmitirles nuestras ideas en lo tocante a los ámbitos de actuación prioritaria.

El fin de estas gestiones es reforzar la aplicación de las normas y recomendaciones, porque este es el punto de confluencia donde debemos realizar los cambios de mayor entidad. Con una perspectiva de futuro, creo que el modelo del Comité de Derechos Humanos consistente en evaluar y otorgar una calificación a los Estados, según éstos hayan cumplido con el seguimiento de las principales recomendaciones, podría ser un ejemplo interesante para otros mecanismos, incluso para el Examen Periódico Universal. Otra posibilidad sería usar el debate general, en virtud del punto 6, en el Consejo de Derechos Humanos, como una oportunidad para que los Estados informen voluntariamente sobre las medidas de seguimiento, tras el examen del EPU, al año siguiente de la aprobación de su informe y antes de la actualización prevista para mediados del periodo.

Pasando ahora a las reformas del Secretario General en materia de paz y seguridad, debemos dejar muy en claro que durante la reorganización de la estructura de la Sede deberá evitarse cuidadosamente cualquier menoscabo de la importancia que otorgamos a los derechos humanos. A través de amargas experiencias, las Naciones Unidas han aprendido que los componentes de derechos humanos son decisivos para proteger a las personas en las situaciones de conflicto y que la labor de los órganos de derechos humanos es fundamental para la prevención de conflictos y el mantenimiento de la paz. 

Pero, Excelencias, aquí hay un problema obvio y del que nadie quiere hablar. 

Podría referirme a muchísimos otros asuntos, comprendida la necesidad de iniciar un nuevo modelo de comunicación sobre derechos humanos que resulte atractivo para el público en general y, en particular, para los jóvenes. Lo mejor de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y la razón de su poder de convocatoria sin precedentes, es que no sólo es verdadera, sino que está expuesta en un lenguaje vívido y real.

Podría traer a colación –y sin duda lo debatiremos más tarde, durante la jornada- el próximo examen del Consejo de Derechos Humanos que la Asamblea General llevará a cabo, así como las diversas sugerencias formuladas con miras a reformar los métodos de trabajo del Consejo.

Pero hay una amenaza de carácter general que debo destacar aquí. Algunas tendencias inquietantes en el Consejo de Seguridad y en la comunidad internacional dificultan cada vez más la difusión de la información relativa a los derechos humanos. Hay una divisoria cada vez más ancha entre los Estados acerca de los principios básicos de derechos humanos, -incluso acerca de la idea misma de que las todas personas tienen los mismos derechos. Hay discrepancias cada vez más acentuadas entre los Estados en torno al valor fundamental del sistema multilateral. Algunos Estados Miembros poderosos están menoscabando enérgicamente los derechos humanos, socavando la labor de nuestra Oficina en casi todas las cuestiones que se plantean en el marco de las Naciones Unidas. Tanto en el ámbito nacional como en los foros internacionales, hay una reacción muy poderosa contra el progreso alcanzado en múltiples dimensiones esenciales de los derechos humanos. 

En abril, el Secretario General mencionó el surgimiento de una nueva Guerra Fría: “La Guerra Fría ha vuelto, recrudecida, pero con una diferencia. Al parecer ya no existen los mecanismos y las salvaguardas que en el pasado permitieron gestionar los riesgos de escalada”. Durante la Guerra Fría, la línea divisoria separaba al comunismo del capitalismo. Pero ahora me parece que existe una hostilidad fundamental dirigida contra los derechos humanos y el Estado de derecho, por parte de los Estados que difícilmente aceptan restricciones a su libertad absoluta de ejercer la soberanía, incluso cuando esta incluye la opresión y la violencia masivas. 

Yo sé –y ustedes lo saben también- adónde esas ideologías condujeron al mundo en épocas pasadas. Se trata de una amenaza existencial para los derechos humanos y un peligro real para la humanidad. De modo que, si bien es fundamental el debate sobre las reformas estructurales de los próximos años, quisiera dejarles esta idea: no olvidemos la enorme importancia de este asunto.