Header image for news printout

Justicia para Siria

Garantizar la justicia en Siria
Discurso de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet,
27 de septiembre de 2018


Distinguidos ponentes,
Excelencias,
Colegas y amigos:

Los últimos siete años y medio en Siria constituyen una tragedia; se han perpetrado crímenes de dimensiones históricas.
La cifra de víctimas mortales asciende a cientos de miles. Un número incalculable de personas han resultado heridas y más de la mitad de los habitantes del país se han visto forzados a abandonar sus hogares. Cuando los lugares de refugio también son objeto de ataques, las aterrorizadas familias se ven obligadas a huir de nuevo - a veces en múltiples ocasiones-. Y eso aumenta su vulnerabilidad. 

Esas son las personas que se amontonan actualmente en Idlib, entre el miedo y la desesperación.

Una y otra vez, mi Oficina y la Comisión de Investigación del Consejo de Derechos Humanos, que cuenta con nuestro apoyo, han informado de indicios claros de que las partes en conflicto, entre ellas el Gobierno sirio, han incumplido reiteradamente los principios fundamentales del derecho humanitario internacional. 

Las partes en conflicto han usado armas de efectos indiscriminados para atacar a zonas civiles 

Como informaron la Comisión de Investigación y el ya desaparecido Mecanismo Conjunto de Investigación, las fuerzas del Gobierno y el EIIL han usado armas químicas contra civiles, en algunos casos de manera reiterada. 

Los asedios han atrapado a cientos de miles de personas en situaciones de hambruna provocada, una táctica prohibida en virtud del derecho internacional.

Las fuerzas progubernamentales sirias han bombardeado una y otra vez instalaciones civiles tales como hospitales, clínicas, escuelas, mercados y panaderías, diezmando sistemáticamente los servicios humanitarios y la infraestructura de las comunidades.

Se ha denegado reiteradamente la prestación de ayuda humanitaria esencial.

Mi Oficina no ha recibido ninguna prueba fidedigna de que alguna de las partes en conflicto haya exigido una rendición de cuentas a un miembro de su personal o una unidad militar bajo su mando por estas u otras vulneraciones de derechos.
En 2014, el EIIL desató una campaña de violencia asimilable a un genocidio contra la comunidad yazidí, mediante la esclavitud sexual y otros abusos severos contra las mujeres y las niñas. Este sufrimiento atroz continúa y, al día de hoy, miles de niños, mujeres y hombres siguen desaparecidos y no se sabe en qué situación se encuentran.

Las atrocidades cometidas en este conflicto por el EIIL y demás agentes no estatales quedarán grabadas de manera indeleble en los anales de nuestra época.

Al igual que otros delitos horrorosos – tales como la tortura generalizada y sistemática, el maltrato a los detenidos y la desaparición forzada de decenas de miles de personas a manos de fuerzas estatales y no estatales - estos tormentos exigen que se imparta justicia.

No se puede considerar que la impunidad y la negación de lo ocurrido sean una especie de “precio a pagar” a cambio de la estabilidad política. En realidad, son la receta para ahondar los agravios que, cual barril de pólvora, pueden explotar en cualquier momento.

Excelencias:

A la vista de este dolor atroz, debemos pensar, ante todo, en las víctimas.

En fechas recientes, muchas familias sirias han recibido la noticia de la muerte de familiares que habían sido arrestados, detenidos o habían desaparecido en los últimos ocho años. Los familiares de todos los desaparecidos necesitan saber qué les sucedió a sus seres queridos y dónde se encuentran.

Su angustia evoca la experiencia de muchas personas de mi propia región, América Latina. Nuestra historia reciente demuestra que, para alcanzar la paz y la reconciliación duradera, es preciso impartir justicia. Además del indispensable enjuiciamiento de los responsables, se ha de incoar procesos en los que se reconozca la verdad y se aborden y se solucionen las causas profundas de los conflictos. 

En Argentina se ha trabajado arduamente para hacer frente a las vulneraciones pasadas, entre ellas la desaparición de unas 30.000 personas en las décadas de 1970 y 1980. Aunque el camino hacia la justicia no siempre ha sido fácil, se han llevado a cabo cientos de juicios. Los procesos en busca de la verdad - y de indemnizaciones para las víctimas y sus familias - también han desempeñado una función esencial al suscitar una reforma encaminada a lograr una sociedad respetuosa y unida. Estos procesos continúan: recientemente, se anunció el descubrimiento del “nieto desaparecido” número 128.

Los ciudadanos de mi propio país, Chile, también han reclamado justicia por las violaciones masivas de derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1990. También nosotros emprendimos procedimientos trascendentales de difusión de la verdad a gran escala para identificar a las víctimas, reconocer los crímenes cometidos en su contra y llevar a sus autores ante la justicia. Esto es importante ya que, al igual que ocurre con una herida, si no se limpia, no sanará. Además, se han puesto en marcha diversas medidas, entre ellas las reparaciones jurídicas, para las víctimas y sus familias.

Tras medio siglo de guerra, el acuerdo de paz en Colombia proporciona lo necesario para que se establezca un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Este sistema comprende mecanismos judiciales y extrajudiciales y ofrece una oportunidad histórica para reconstruir una sociedad que reconozca y aborde las necesidades de las víctimas y las causas fundamentales del conflicto.

En Guatemala se han llevado a cabo juicios pioneros en los que se ha imputado a oficiales de las más altas esferas de la jerarquía militar. En febrero de 2016, un tribunal nacional decidió que los cargos por haber sometido a esclavitud sexual a mujeres indígenas de etnia kekchí durante el conflicto armado se podían calificar de crímenes de lesa humanidad. En mayo de este año, otra decisión del tribunal declaró a cuatro miembros de las más altas esferas de la jerarquía militar culpables de crímenes de lesa humanidad, desaparición forzada y violación, lo que puso en evidencia a la cadena de mando responsable de esos delitos.

En esos países y en el mundo entero, los enfoques integrales de justicia de transición, que abarcan las consultas nacionales, la búsqueda de la verdad, los programas de reparación jurídica, las reformas institucionales y los juicios, han sido fundamentales para seguir avanzando hacia la reconciliación. Esa estrategia ha ayudado a reconstruir los sistemas políticos, abordar las relaciones sociales rotas y renovar el sentido de identidad nacional común y el tejido social.
Espero sinceramente que esto también ocurra en Siria.

Mi Oficina y nuestros muchos colaboradores estamos haciendo todo lo posible para velar por que los autores de crímenes de guerra, delitos de lesa humanidad y violaciones graves de los derechos humanos sean llevados algún día ante los tribunales.

Hemos apoyado la creación y puesta en marcha del Mecanismo internacional, independiente e imparcial para la ayuda en la investigación y enjuiciamiento de los responsables de los crímenes más graves bajo el derecho internacional cometidos en la República Árabe Siria desde marzo de 2011 (IIIM), un órgano innovador y de suma pertinencia establecido por la Asamblea General.

Este Mecanismo podría convertirse en un modelo para otras regiones - por ejemplo, podría servir para abordar los delitos cometidos contra los rohingya en Myanmar-.

Estamos colaborando con el IIIM para salvar la brecha que va de la determinación de los hechos en materia de derechos humanos a la investigación penal de los supuestos autores de delitos en Siria.

Junto con este esfuerzo por asegurar la aplicación de una justicia imparcial y eficaz a los autores de los crímenes más graves, es de vital importancia que las eventuales negociaciones de pacificación y reconciliación en Siria tengan por fundamento la necesidad de alcanzar la verdad y el respeto por las víctimas, además de crear programas que atiendan a sus necesidades.

Insto a la comunidad internacional a trabajar de manera conjunta para asegurar un alto al fuego de ámbito nacional e iniciar procesos creíbles, que puedan poner fin a este insensato conflicto y aporten paz, justicia y verdad al pueblo de Siria.

Muchas gracias