Header image for news printout

Las mujeres trabajan

Debate de alto nivel: Crecimiento económico mediante el empoderamiento de las mujeres
Discurso de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet
Nueva York, 27 de septiembre de 2018

Presidenta Grybauskaité,
Secretario General,
Excelencias,
Colegas y amigos:

Quisiera comenzar agradeciendo a la Presidenta Grybauskaitė por haber auspiciado este evento. Cuando yo era Presidenta de Chile, una periodista me preguntó en cierta ocasión: “¿Cómo va a lidiar con esto? Usted no tiene esposo”. Una periodista.

Todos los aquí presentes tienen alguna idea de lo difícil que puede ser superar los obstáculos que estorban el liderazgo de las mujeres. Quiero felicitar a la Presidenta Grybauskaitė por liderar mediante el ejemplo, mediante el fomento de la incorporación de las mujeres en las actividades políticas y económicas. En la actualidad, Lituania cuenta con el triple de parlamentarias que hace tres años: reciba mi más cordial enhorabuena.

El asunto que abordamos en esta reunión no es si podemos permitirnos la plena incorporación de las mujeres en la vida económica. Es si podemos permitirnos no hacerlo.

Las investigaciones indican que si las mujeres pudieran participar plenamente en la economía mundial, podrían contribuir hasta con 28 billones de dólares estadounidenses al PIB anual del mundo de aquí al año 2025. Esto representa un incremento del 26 por ciento en comparación con la hipótesis de una situación sin cambios, lo que resulta especialmente significativo en una época de crisis económica y en el contexto de la consecución de la Agenda 2030.

El empoderamiento de las mujeres libera un potencial económico en todos los niveles de la sociedad, desde el Estado y las empresas privadas y estatales, hasta las mujeres mismas, sus familias y comunidades.

La desigualdad de género es dañina para la sociedad en su conjunto. En términos de salud, duración de vida e instituciones participativas y representativas, no hay discusión posible. Es evidente que abordar la discriminación contra la mujer puede ser un vector poderoso que arroje resultados positivos.

Pero eso no es todo. Más allá del aspecto económico, el argumento de derechos humanos es abrumador.

Hace 70 años, la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamó: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.  Estas palabras, que son muy sencillas, también son –cuando uno reflexiona un momento- muy profundas. Todos nosotros tenemos el mismo valor. Todos nosotros tenemos el mismo derecho inherente a la libertad –a vivir libres del miedo y la necesidad, pero también la libertad de elección en las cuestiones más fundamentales, lo que abarca la libertad de tomar decisiones básicas acerca de nuestra vida-.

La autonomía, la capacidad de decisión y los derechos de las mujeres generan un crecimiento económico superior: Creo que eso está claro, porque las mujeres somos la mitad de la población mundial. Y esto significa un crecimiento más sostenible, porque éste cuenta con una base más amplia y produce beneficios más profundos.

Pero el empoderamiento de la mujer también tiene sentido porque las mujeres importan y sus opciones importan. No debemos olvidarlo. No podemos empoderar a las mujeres y las niñas si no respetamos, protegemos y cumplimos con sus derechos humanos.

En las últimas décadas hemos visto numerosas y notables transformaciones en este ámbito. Los cambios legislativos fundamentales realizados en muchos países han empoderado a las mujeres. Millones de mujeres –aunque no todas- han asistido a una enorme ampliación de sus opciones y sus derechos reales.

En modo alguno es una situación perfecta y tampoco ha sido fácil: en muchos aspectos ha sido un esfuerzo doloroso y estoy consciente de ello. Pero los derechos de la mujer han progresado en todas partes, de forma generalizada.

Sin embargo, todavía quedan obstáculos importantes.

Según el Banco Mundial, 2.700 millones de mujeres en el mundo entero están a sujetas a limitaciones legales que les impiden desempeñar los mismos empleos que los hombres. En 18 países, la ley autoriza a los maridos a impedir que sus esposas trabajen. Muchos otros países imponen o respaldan restricciones discriminatorias a niñas y mujeres, que abarcan el acceso a los derechos de propiedad, las pensiones, los subsidios de bienestar y los préstamos. Y esto es extraño, porque es bien sabido que las mujeres devuelven sus préstamos, incluso mejor que los hombres.

Hay ejemplos de prácticas idóneas que podemos encomiar. El mes pasado, Túnez se convirtió en el primer país de Oriente Medio y el Norte de África en anunciar que adoptaría medidas para garantizar la plena igualdad de género en materia de herencia. El Gobierno tunecino anunció también su intención de enmendar la legislación para facilitar el acceso de las personas que trabajan en la agricultura –muchas de ellas, mujeres- a los seguros de salud y los planes de pensión. Una vez que entren en vigor, estas medidas empoderarán a muchas mujeres y al conjunto de la sociedad tunecina.

La tarea de enfrentarse a los obstáculos que frenan el empoderamiento económico de la mujer requiere la aplicación de reformas en una enorme gama de asuntos. Necesitamos esforzarnos más para garantizar a mujeres y adolescentes el derecho a la salud, incluido el acceso a la información y los servicios de salud sexual y reproductiva. El potencial económico de las mujeres se reduce considerablemente a causa de los embarazos no previstos, la mala salud sexual y reproductiva, y las limitaciones del acceso a la planificación familiar. La exclusión también se ve reforzada por los estigmas que rodean a la menstruación, la lactancia materna y la menopausia.

Debe quedar claro que, a menos que seamos capaces de mejorar la planificación familiar, eliminar la mortalidad materna prevenible, garantizar el acceso a la contracepción, evitar el matrimonio precoz y adoptar otras medidas importantes, no podremos alcanzar el ODS 5 –igualdad de género y empoderamiento de todas las mujeres y las niñas- ni tampoco cumplir con el resto de la Agenda 2030.

Permítanme citar otro ejemplo. Los modelos económicos actuales no tienen en cuenta los cuidados y el trabajo doméstico no remunerado, aun cuando la economía, en su acepción tradicional, no podría sostenerse sin esas labores. Para facilitar la participación de las mujeres en la economía formal, es preciso alcanzar una repartición más equilibrada y justa de las responsabilidades en materia de cuidados y trabajo doméstico no remunerado. A este fin, son fundamentales los programas de licencia por maternidad y paternidad, la flexibilidad laboral y el cuidado infantil.

Pero para realizar estos cambios, es preciso transformar en profundidad los rígidos conceptos de masculinidad y feminidad, que dificultan la participación plena de las mujeres en las escuelas, las instancias vecinales, la política, la sociedad y el hogar.

Necesitamos más diálogo en torno a una amplia gama de asuntos que inciden en los derechos y la autonomía de la mujer. Necesitamos políticas sólidas, que tengan en cuenta las vivencias reales de niñas y mujeres, y necesitamos que ellas participen en esas conversaciones, en particular las integrantes de grupos marginados y excluidos.

Excelencias:

Por desgracia, lo que hoy vemos en numerosos países es una firme resistencia a importantes elementos del programa de derechos de la mujer. En muchos Estados, se han sucedido los intentos de aprobar leyes o aplicar cambios de políticas con el fin de controlar o limitar la libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre sus vidas.

Como siempre, quienes pagan el costo más alto por estas políticas son las niñas y mujeres más marginadas.

La lucha por la equidad, la dignidad y los derechos de la mujer –como los de cada persona- debe ser constante y dinámica, y debe estar en el centro y a la vanguardia de todo lo que hacemos. Esa lucha debe basarse en principios, debe ser notoria y debe ser incansable.

No sólo porque el empoderamiento de las mujeres es una meta esencial de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, ya que proporciona resultados poderosos, tanto en términos de desarrollo como de sostenibilidad.

No sólo porque el empoderamiento de las mujeres impulsa el crecimiento económico y genera muchos otros beneficios para el conjunto de la sociedad.

Sino porque ése es el significado de la frase “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. “Todos” significa cada uno de ellos y cada una de ellas.

Los derechos de las mujeres son inherentes a los derechos humanos. Y su ausencia –la negación del empoderamiento y de los derechos humanos de la mujer- socava las opciones y libertades de millones de seres humanos. Esa es una de las injusticias fundamentales de nuestra época.

En el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, me honra decirles, en calidad de Alta Comisionada de las Naciones Unidas, que ha llegado el momento de empoderar a las mujeres, por muchísimas razones. Y estoy convencida de que ese empoderamiento puede lograrse.

Espero con interés el resultado de sus debates.

Muchas gracias.