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“No existe niño que no sea importante”, declaró Bachelet en referencia al daño que sufren los niños por la contaminación del aire

El derecho a la salud y el derecho a respirar aire limpio en el contexto de los derechos de los niños y su salud medioambiental
Discurso de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

1 de noviembre de 2018

Director General Tedros,
Excelencias,
Colegas:

Aunque desempeño el cargo de Alta Comisionada, sigo siendo doctora en medicina y pediatra, y esto forma parte de mi ADN. Es un honor para mí dirigirme a la primera Conferencia Mundial de la OMS que se centra en el tema esencial de la contaminación del aire.

Al término de tres días de debates exhaustivos, estáis todos al corriente de las atroces estadísticas: sólo en 2016, hubo más de siete millones de muertes debidas a la contaminación del aire y más de 500.000 de esos fallecidos fueron niños menores de cinco años.

Y un número aún mayor de personas sufren lesiones permanentes. Esas cifras son realmente espantosas. Las personas más afectadas son las que menos han contribuido a la contaminación del aire y los que menos se han beneficiado de los procesos que la causan: los niños y las personas pobres.

En el mundo entero, el 93 por ciento de los niños vive en entornos donde la contaminación del aire supera a las directrices de la OMS. Esta exposición los amenaza en cada etapa de su desarrollo, desde que se encuentran en el vientre de sus madres. Debido a su metabolismo, fisiología y sistema inmunitario, es probable que la contaminación tenga repercusiones más severas y a largo plazo en los cuerpos en desarrollo de los niños que en los de los adultos.

La contaminación del aire acrecienta la posibilidad de que los niños mueran jóvenes o padezcan una inhibición del desarrollo neuronal, daños en la función pulmonar, asma, infecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

En muchos casos, los niños no están a salvo ni siquiera cuando respiran dentro de sus propios hogares. Desde hace muchos años se conocen la gravedad y extensión de los daños a la salud causados por el uso de fuentes de energía contaminantes para cocinar y calentar la casa. Eso subraya la importancia del derecho a tener acceso a energía limpia y sostenible para todos. El uso de sustancias tóxicas en el hogar –en productos de limpieza o materiales de construcción, por citar dos ejemplos – también puede perjudicar la salud de los menores.

Más del 90 por ciento de los efectos nocivos causados por la contaminación recae en personas de países en desarrollo. En esos países, las industrias contaminantes se encuentran localizadas, de manera desproporcionada, en comunidades pobres, lo que expone permanentemente a las familias desfavorecidas a niveles peligrosos de contaminación del aire, en el trabajo, la calle, el colegio e incluso en sus propios hogares.

La contaminación del aire aumenta la desigualdad y agrava las injusticias. La contaminación del aire repercute en la salud del ser humano y exacerba otras formas de contaminación - por ejemplo, del agua o de la tierra. Estas formas de contaminación se multiplican por desigualdades vinculadas con la discriminación sistemática y la desigualdad social y de género.

Dicho de otro modo, en comunidades enteras la contaminación del aire está empeorando una situación que ya era mala de por sí.

Además, el cambio climático también causa daños cada vez más graves y extensos a los derechos humanos, perjuicios que afectan principalmente a quienes no pueden permitirse escapar de su repercusión. La contaminación del aire es un factor de aceleración del cambio climático y, en un círculo vicioso de daños recurrentes, este cambio agrava a su vez los efectos nocivos de la contaminación.

Excelencias, colegas:

No existe niño que no sea importante.

No existe ningún ser humano o ninguna comunidad que sea desechable.

Salvaguardar el futuro es una responsabilidad fundamental de cada generación, como también lo es preservar el bienestar físico y mental de nuestros niños.

Es inaceptable que se perjudique sistemáticamente a los niños.

Cada persona tiene derecho a disponer de las condiciones necesarias para el disfrute de sus derechos y no cabe duda de que todos los seres humanos tienen derecho a respirar aire limpio, sin sentir miedo a que su salud o su vida se vean amenazadas.

La interconexión de la humanidad y las condiciones de nuestro entorno hacen de la protección del medio ambiente un requisito fundamental para el disfrute de todos los derechos humanos: Esta situación resulta cada vez más obvia en el mundo que nos rodea. 

De hecho, en el Acuerdo de París sobre Cambio Climático (suscrito con arreglo a la Convención Marco de las Naciones Unidas) figura un llamamiento a los Estados, para que, cuando tomen medidas en relación con el clima, respeten, promuevan y tengan en cuenta sus respectivas obligaciones de derechos humanos.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que es una hoja de ruta vital tanto para las personas como para el planeta, reconoce explícitamente la necesidad de hacer realidad los derechos humanos para poder alcanzar sus objetivos.

Es evidente que la contaminación del aire amenaza a una amplia gama de derechos humanos, entre otros el derecho a la salud y los derechos relacionados con la vida, la alimentación, el agua y el desarrollo. Es urgente que frenemos el deterioro ambiental que amenaza a nuestro futuro colectivo.

Se están realizando esfuerzos para asegurar el reconocimiento jurídico universal del derecho humano a un entorno saludable - un derecho que abarcará tanto la pureza del aire y el agua, como un clima estable y seguro, la biodiversidad y los ecosistemas saludables-.

A principios de este año, el Relator Especial sobre los derechos humanos y el medio ambiente y el Director Ejecutivo de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, formularon un llamamiento conjunto en pro del reconocimiento del derecho humano a un entorno saludable.

En una Observación General sobre el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud, el Comité de los Derechos del Niño pidió a todos los Estados que adoptaran  medidas para hacer frente a los peligros que la contaminación del medio ambiente plantea a la salud infantil en todos los entornos. En el documento se describe el cambio climático como un vector que empeora las disparidades en el estado de salud de los niños y una de las principales amenazas a la salud infantil. El Comité abordó directamente el asunto de la contaminación en 2016, cuando examinó la repercusión de los tóxicos medioambientales sobre los derechos del niño.

Además, el Comité de Derechos Humanos, en una Observación General reciente relativa al derecho a la vida, califica al deterioro medioambiental como “una amenaza apremiante y grave para la capacidad de las generaciones presentes y futuras de gozar del derecho a la vida”.

Hace ocho años, -a raíz de una Observación General formulada por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que calificaba el derecho humano al agua como un requisito fundamental para el disfrute del derecho a la salud- la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció por vez primera el derecho humano al agua y el saneamiento.

Tan sólo es cuestión de tiempo que la comunidad internacional reconozca formalmente el derecho universal a disfrutar de un medio ambiente saludable, incluido el aire limpio.

De hecho, el año que viene los Estados iniciarán las negociaciones sobre un posible Pacto Mundial por el Medio Ambiente, debates que tendrán como eje el derecho humano a disfrutar de un entorno saludable.

El reconocimiento del derecho humano a un medio ambiente saludable a escala mundial contribuirá a promover y proteger los derechos de todos, en todas partes.

Ese reconocimiento extendería a todas las personas un derecho ya reconocido en 155 jurisdicciones nacionales y en numerosos instrumentos jurídicos regionales, y ayudaría a proteger el aire que respiramos.

Pero incluso en ausencia de ese reconocimiento mundial, es evidente que existe un consenso jurídico cada vez más amplio sobre la necesidad de una estrategia basada en los derechos humanos para frenar la contaminación del aire. De manera igualmente clara, hay motivos crecientes de alarma, como ha quedado de manifiesto en esta primera conferencia mundial.

Mi Oficina se ha comprometido a velar por que la comunidad internacional centre sus esfuerzos de prevención, atenuación y eliminación de la contaminación del aire en una estrategia basada en los derechos humanos.

De conformidad con la Convención sobre los Derechos del Niño, el interés superior de la infancia debería orientar la adopción de decisiones en la materia. Ese interés exige que se reduzca al mínimo su exposición a la contaminación, se ejerza precaución en casos de incertidumbre y se preserve el medio ambiente para las generaciones actuales y venideras.

Es esencial que ampliemos el ámbito de participación de la sociedad civil en la toma de decisiones relativas al medio ambiente, con el fin de asegurarnos que se adoptan mejores decisiones y que se rinda cuenta de ellas. 

Como ocurre en todos los demás ámbitos de la formulación de políticas, los Estados tienen que adoptar decisiones regulatorias de base empírica que sean transparentes y estén libres de conflictos de intereses. En esa tarea deben evitar las influencias indebidas que puedan ejercer los diversos interesados y velar por la rendición de cuentas en lo tocante a los perjuicios derivados de la contaminación.

En caso de que los daños derivados de la contaminación llegasen a ser efectivos, los Estados deberían velar por que los perjudicados tengan acceso a remedios jurídicos eficaces y se aplique el principio de “quien contamina, paga”.

Más importante aún, el derecho internacional de los derechos humanos y el Principio 10 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, estipulan que las personas que han sido afectadas por la contaminación tienen derecho a participar en el proceso de toma de decisiones. Esas personas deberían tener acceso a la información y la justicia en cuestiones medioambientales y deberían ejercer sus derechos sin temor a represalias. En la actualidad, muchos de los afectados por la contaminación carecen de ese acceso, incluidos numerosos niños y sus padres.

Mi Oficina seguirá trabajando para ampliar el ámbito de la sociedad civil y para velar por que los defensores de derechos humanos en cuestiones medioambientales, que tratan de obtener justicia para sí mismos y para sus comunidades, estén protegidos de amenazas, represalias, acoso y daños físicos. 

Apoyaremos a los Estados en la adopción de medidas eficaces en la esfera nacional y mediante la cooperación internacional, con el fin de prevenir la exposición a los daños de origen medioambiental, tales como la contaminación del aire, mediante la elaboración de leyes específicas, la regulación eficaz, la promoción del acceso universal a la atención sanitaria económica y adecuada, y los esfuerzos constantes para asegurar la participación, el acceso a la información y la provisión de remedios jurídicos para los damnificados. 

Estas son medidas indispensables en materia de derechos humanos.

Muchas gracias.