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Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos sobre la cuestión de la discriminación contra la mujer en la legislación y en la práctica1

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Tegucigalpa (14 de noviembre de 2018) - Durante esta visita oficial a Honduras, que tuvo lugar del 1 al 14 de noviembre de 2018, la delegación del grupo de expertas, integrada por Ivana Radačić y Alda Facio, sostuvo reuniones en Tegucigalpa, La Esperanza, San Pedro Sula, El Progreso y La Ceiba. Al final de la misión, las expertas compartieron sus conclusiones preliminares en la siguiente declaración:

Deseamos expresar nuestro profundo agradecimiento al Gobierno de Honduras por invitarnos a realizar esta visita oficial, su notable apoyo en su preparación, así como la excelente cooperación durante la misión (en particular, agradecemos a nuestro punto focal en el INAM). También quisiéramos dar las gracias a todos nuestros interlocutores – las y los funcionarios públicos, profesionales de los hospitales, escuelas y cárcel, las representantes de la sociedad civil y el mundo académico, así como el sector privado- por todos estos fructíferos intercambios. Estamos especialmente agradecidas con todas las valientes defensoras, muchas de las cuales viajaron horas para dialogar con nosotras. También quisiéramos dar las gracias al equipo de las Naciones Unidas y a la Oficina del Alto Comisionado para los derechos humanos en el país por su apoyo.

Contexto

Con una población de más de 9 millones de personas1, Honduras es considerado un país de desarrollo medio (que ocupa el puesto 132/188 en el Índice de Desarrollo Humano)2. El país se enfrenta a retos considerables, con una tasa de pobreza del 66%, el mayor nivel de desigualdad económica del continente y una pandemia de delincuencia y violencia, incluida una tasa alarmante de femicidios3. Además, Honduras sufre de una aguda vulnerabilidad ambiental, siendo propensa a huracanes, inundaciones y sequías. Desde el golpe de Estado de 2009, el país se enfrenta a una crisis de gobernanza con instituciones frágiles. La impunidad estructural generalizada, la corrupción y la militarización de la seguridad nacional, también afectan las perspectivas de garantizar una gobernanza democrática plena y un desarrollo sostenible. Además, algunos aspectos de las políticas de desarrollo, como son la adjudicación de concesiones a las industrias extractivas y empresas de energía, plantean un riesgo para los medios de vida y la cultura de la población indígena, garífuna y rural, así como una amenaza para el medio ambiente. El incremento de la privatización de los servicios públicos también ha aumentado la vulnerabilidad de la población más desfavorecida, como lo son las mujeres que viven en pobreza.

En la actualidad, el país sigue marcado por la polarización postelectoral, así como la desconfianza social. Llevamos a cabo esta visita en un momento de una grave crisis migratoria, en el que, según la información recibida por parte del Gobierno, más de 7000 personas (entre ellas unas 1.500 mujeres y niñas), abandonaron el país para huir de la violencia generalizada, la pobreza y la falta de oportunidades económicas. Esperamos que el Gobierno adopte las medidas necesarias para apoyar y proteger a los retornados, así como para abordar las causas profundas de la migración. También esperamos que las políticas de seguridad del Gobierno cambien del enfoque de la militarización al de seguridad humana. Como ha señalado el Comité de Derechos Humanos, "el despliegue de las fuerzas militares para realizar tareas de seguridad civil, sólo debería tener lugar en circunstancias excepcionales, debería estar limitado en el tiempo y bajo un estricto control civil"4.

Marco legal e institucional

Halagamos los esfuerzos llevados a cabo por Honduras para fortalecer su marco jurídico para la promoción y protección de los derechos humanos de la mujer. En particular, acogemos con satisfacción el hecho de que Honduras haya ratificado todos los instrumentos fundamentales de derechos humanos y haya demostrado un firme compromiso de cooperar con los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas, tal y como lo demuestra su compromiso con los Órganos de Tratados, el EPU y su invitación permanente a los Procedimientos Especiales, con numerosas visitas de titulares de los mandatos en los últimos años. Honduras ratificó sin reservas la CEDAW en 1983. Sin embargo, lamentamos que el Gobierno de Honduras hasta este momento no haya ratificado el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, lo que demostraría el compromiso del Gobierno con la aplicación de los principios de la Convención. Además, alentamos al Gobierno a que ratifique los convenios pertinentes de la OIT.

La prohibición de la discriminación, incluida la discriminación basada en el sexo, está consagrada en la Constitución de Honduras, que establece (en su Artículo 60): "Todos los hondureños son iguales ante la ley. Se declara punible toda discriminación por motivo de sexo, raza, clase y cualquier otra lesiva a la dignidad humana". En los últimos años, el Gobierno ha aprobado una serie de leyes relacionadas con los derechos de la mujer y la igualdad de género, como la Ley de Igualdad de Oportunidades de la Mujer, la Ley de Igualdad Salarial, la Ley de Protección de los Defensores de los Derechos Humanos, los Periodistas, los Comunicadores Sociales y los Operadores del Sector de la Justicia, la Ley de Responsabilidad en Materia de Maternidad y Paternidad, la Ley de Protección de las Remuneraciones y la Regularización de los Empleos Informales, así como la Ley Contra la Violencia Doméstica. También ha establecido cupos electorales para poder aumentar la participación política de las mujeres (Decreto No. 54 - 2012), y ha tipificado como delito el femicidio (Decreto No. 23 - 2013). También acogemos con beneplácito la adopción de numerosas políticas destinadas a promover los derechos de la mujer y la igualdad entre los géneros, como ser el Segundo Plan para la Igualdad y la Equidad entre los Géneros (2010 - 2022); el Plan Nacional contra la Violencia contra la Mujer (2014 - 2022); la Política y el Plan Nacional de Acción contra la Explotación Sexual Comercial y la Trata de Personas (2016 - 2022). En Honduras no hay clases privilegiadas.

Sin embargo, el sólido marco jurídico y político no se aplica sistemáticamente en la práctica; así mismo, una mejor coordinación entre los actores pertinentes es necesario. Además, todavía hay margen para mejorar las leyes y las políticas; por ejemplo, en lo que se refiere a la participación política (tal y como se detalla más adelante). Durante nuestra visita nos informaron que varios proyectos de ley relevantes están programados en el Congreso5. Esperamos que se subsanen las deficiencias6 de las propuestas y que se aprueben los proyectos de leyes sin demoras indebidas. También instamos al Gobierno a que examine el marco jurídico de manera meticulosa y regular en vista de asegurar resultados positivos para las mujeres.

El Gobierno ha creado un sólido marco institucional sobre los derechos de la mujer, aunque las varias entidades y mecanismos todavía no reciben un presupuesto suficiente7. Acogemos con beneplácito los considerables esfuerzos desplegados por el Instituto Nacional de la Mujer (INAM), encargado de promover y coordinar la aplicación de la Política Nacional de la Mujer y de la integración de la mujer en el desarrollo sostenible. En particular, acogemos con beneplácito la iniciativa de Ciudad Mujer, que el INAM, junto con otras 16 instituciones públicas, ha puesto en marcha en 2016. Ciudad Mujer cuenta con una red de servicios ofrecidos por las instituciones pertinentes en relación con la protección contra la violencia, el empoderamiento económico, salud y la educación comunitaria enfocada en derechos humanos. La iniciativa prevé ofrecer de manera gratuita estos servicios integrales a cualquier mujer que lo necesite y se ofrece cuidado infantil mientras que las mujeres se benefician de los servicios ofrecidos. Esperamos que esta iniciativa, que consideramos una buena práctica, se implemente en toda Honduras, además de que se le asignen los recursos suficientes para que pueda tener el impacto esperado8. Así mismo, esperamos que el INAM cuente con los recursos suficientes para cumplir con su mandato y que tenga el apoyo de todos los ministerios pertinentes.

Observamos con agrado que en el 2017 se haya creado el Ministerio de Derechos Humanos como una institución autónoma, la que está llevando a cabo importantes esfuerzos para asegurar la incorporación de las normas de derechos humanos. El Ministerio está coordinando la Comisión Interinstitucional sobre el Femicidio, cuyo mandato fue renovado en agosto de 2018, así como con el Mecanismo de Protección de los Defensores de Derechos Humanos y la Comisión contra la Trata Ilegal de Personas. Este Ministerio y sus mecanismos, también deben de fortalecerse para poder garantizar en el país la aplicación de los derechos humanos y la igualdad de género.

También acogemos con beneplácito la labor realizada por el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), que tiene oficinas regionales en todos los departamentos de Honduras. Esperamos que en un futuro próximo el CONADEH pueda cumplir con los requisitos de los Principios de París, en particular con respecto a sus recursos financieros, cooperación con otras entidades, pluralismo e independencia, y recuperar su "Estatus de A".

Vida Política y Pública

Durante la visita hemos tenido conocimiento del aumento de la representación de mujeres en cargos públicos, así como el incremento del porcentaje de mujeres en la policía (del 3% al 19%) y en el poder judicial (54% de todos los jueces son mujeres). También nos hemos reunido con mujeres que ocupan altos cargos, incluida la Ministra de los Derechos Humanos. Sin embargo, las mujeres, en particular las mujeres provenientes de grupos desfavorecidos, siguen estando muy poco representadas en todos los ámbitos de la vida política y pública. Según la Unión Interparlamentaria, las mujeres constituyen el 21,9% del Congreso. En el 2017, había un 21,7% de mujeres ministras, un 7,4% de alcaldesas y un 30,7% de regidoras9.

En el 2012, el Decreto Número 54 elevó la cuota de mujeres candidatas al 40% para puestos de autoridad, así como dentro de los partidos, y también como de candidatas a cargos de elección popular. Este establece que el principio de paridad (50% de las mujeres), se aplicará a partir del período electoral de 201510. El pacto de paridad firmado por los partidos políticos de Honduras, indica que las listas deben alternar candidatas mujeres y candidatos hombres. Sin embargo, lamentamos saber que los recientes reglamentos para la aplicación de estos principios, que no exigen una alternancia a la cabeza de las listas, han tenido como resultado el listado de las mujeres debajo de los hombres, en los últimos puestos de las listas electorales. Esto ha probablemente contribuido a una disminución del número de mujeres en el cargo. Alentamos al Gobierno a que garantice la aplicación efectiva de la ley.

También se nos ha informado de otros obstáculos a la participación de la mujer en la vida política, como el hecho de que las mujeres que son candidatas a cargos públicos, a menudo se ven disuadidas de ser presentadas por las comunidades y los asociados, y que se han convertido en blanco de la violencia política. Uno de nuestros interlocutores, por ejemplo, mencionó 14 casos de violencia contra las mujeres durante las elecciones y 44 casos de violencia contra las mujeres después de las elecciones. Alentamos al Gobierno a que adopte medidas para prevenir la violencia contra la mujer en la política e investigue todos los casos. Esperamos que el proyecto de ley sobre la violencia contra la mujer en la política se apruebe pronto.

Vida Económica y Social

Tomamos nota de los esfuerzos realizados por el Gobierno para mejorar el empoderamiento económico y la inclusión social de la mujer, por ejemplo, mediante la creación del programa Vida Mejor y la adopción de la Ley de Crédito Rural. Acogemos con beneplácito la reciente ratificación por Honduras del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, tras haber constatado de primera mano cómo la pobreza y la desigualdad afectan la vida cotidiana de las mujeres en todo el país. Sin embargo, la participación de las mujeres en la vida económica sigue siendo baja. Por ejemplo, la participación femenina en el mercado laboral es del 47,2%, frente al 84,4% de los hombres11. Según el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), el 36% de las mujeres trabajan por cuenta propia.

Además, el acceso limitado a la tierra y al crédito, restringe gravemente las perspectivas económicas y la autonomía de la mujer. Según la información recibida, las mujeres que desean crear sus propias empresas a menudo no pueden hacerlo debido a la necesidad de capital o porque no pueden cumplir los requisitos reglamentarios (algunas mujeres ni siquiera tienen cuentas bancarias). El mosaico de programas de desarrollo económico y comunitario disponibles, tiene resultados aparentemente variables. Algunos programas son desestimados por las mujeres por estar politizados y, por lo tanto, no son eficaces para mejorar la situación de las mujeres que viven en la pobreza; otros parecen ser inaccesibles, incluso para las comunidades a las que van dirigidos.

Además de esto, hemos notado que los trabajadores del sector manufacturero de las maquilas, donde las violaciones de los derechos laborales han sido ampliamente reportadas12 — son predominantemente de mujeres. Esto significa que en gran medida son las mujeres las que están expuestas a los riesgos laborales del sector, incluidas las tareas físicas repetitivas que, cuando estas se llevan a cabo durante un largo período de tiempo, provocan tanto estrés físico, como lesiones. Además, en un país donde la violencia contra las mujeres es una realidad omnipresente, la compulsión por viajar hacia y desde el trabajo antes y después de un largo turno, pone en riesgo la seguridad personal de los trabajadores de la maquila. Hemos oído que la presión bajo la cual se pide a las trabajadoras que realicen este tipo de trabajo causa angustia mental y que la concesión regular de contratos temporales para este tipo de trabajo impide que las mujeres del sector disfruten de las mismas protecciones legales y beneficios sociales que los demás trabajadores. Al mismo tiempo, el hecho de que las mujeres de las zonas rurales viajen a las zonas urbanas para realizar este trabajo, puede impedirles acceder a las redes de familias ampliadas y a otras formas de apoyo social.

También nos preocupan los derechos de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico, que, según se informa, reciben salarios bajos por jornadas de trabajo igualmente largas, y a menudo se enfrentan a malas condiciones de trabajo y de vida. La naturaleza del trabajo doméstico, que se realiza en el ámbito personal y no en los espacios públicos, hace que las trabajadoras domésticas sean vulnerables al abuso y a la explotación. A este respecto, tomamos nota de un proyecto de ley pendiente sobre los trabajadores domésticos, que tiene por objeto el de ofrecer una mayor protección a las trabajadoras domésticas. Sin embargo, nos preocupa que este proyecto de ley sea insuficiente en algunos aspectos, ya que no estipula expresamente un salario mínimo y disposiciones para la seguridad social. A la luz de esta información, recomendamos reformas en la legislación que llenen los vacíos en la protección de las trabajadoras domésticas y de las trabajadoras de las maquilas, y para la aplicación coherente de la legislación laboral aplicable. Además, pedimos a los actores del sector privado que complementen la protección social de que disponen las trabajadoras, incluso mediante la prestación de servicios adecuados de guarderías y de seguros médico para sus empleados.

Educación

Si bien el progreso de las niñas y las tasas de finalización de la educación son ligeramente superiores a las de los niños13, las niñas se enfrentan a importantes obstáculos para poder acceder a una educación de calidad. En primer lugar, dados los costos relativos a la educación (que aparentemente varían), el acceso a la educación se ve restringido en un país donde la mayoría de la población vive en la pobreza. Además, el sector de la educación también ha sido cada vez más privatizado, y el cierre o la inaccesibilidad de las instituciones educativas públicas limitan el acceso a la educación de las mujeres en las zonas rurales y pobres. Los interlocutores nos dijeron que no hay centros de educación en algunas zonas, mientras que en otras sólo hay uno o dos profesores para todos los grados. Pedimos al Gobierno que garantice el acceso de todas las niñas a la educación

También exhortamos al Gobierno a que adopte medidas para mejorar la calidad de la educación y garantizar la sensibilidad de género y cultura en los planes de estudio y en el entorno escolar así como la educación en materia de derechos humanos. Si bien existen algunos programas de educación cívica, los propios docentes propusieron programas más amplios sobre la igualdad entre los géneros en las escuelas. Otros interlocutores, como ser la policía, expresaron la opinión de que la sensibilización en materia de género debe comenzar en la escuela. Coincidimos con ello, y pedimos al Gobierno que integre el tema de la igualdad entre los géneros, los estereotipos y la violencia contra la mujer en los planes de estudio, así mismo, que garantice un entorno seguro y de respeto para las niñas en las escuelas, libre de toda influencia militar o religiosa (en las escuelas públicas). También alentamos al Gobierno a que asegure una educación integral en materia de sexualidad. Por otra parte, instamos al gobierno a que se asegure de que las niñas embarazadas puedan permanecer en la escuela, ya que hemos sido informadas que algunas niñas embarazadas han tenido problemas al respecto. Además, nos preocupa la seguridad de las niñas en el camino a la escuela. Según se informa, muchos padres también dudan en enviar a sus hijas de cierta edad a la escuela para protegerlas de la violencia, en particular en las zonas mineras.

Salud

Con satisfacción hemos tomado nota de los informes de que el Gobierno ha establecido una Comisión para examinar las deficiencias del sistema de atención de la salud, que sin duda afectan a las mujeres. El acceso a la atención de la salud varía para las mujeres de todo el país, y las mujeres pobres y de las zonas rurales tienen menos acceso que las demás. En las zonas rurales, nos enteramos de que los hospitales estaban demasiado lejos, eran de mala calidad o carecían de medicamentos. Para muchas mujeres, la privatización de los servicios de salud ha reducido su disponibilidad a estos. Además, se ha informado de que las mujeres lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales (LBTI), las trabajadoras del sexo/mujeres en prostitución y las que viven con el VIH tienen menos acceso a una atención sanitaria de calidad debido a la estigmatización y a las actitudes discriminatorias sobre su identidad o su estado de salud. Las mujeres han informado de casos graves de discriminación en el sector de la salud en forma de esterilización forzada de las mujeres que viven con el VIH. También nos informaron que esto se aplica a mujeres con discapacidades, cuyas necesidades en materia de salud no están tomadas en cuenta de forma adecuada.

Debemos hacer eco de nuestros colegas del Comité de la CEDAW, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del Sistema de Procedimientos Especiales de las Naciones Unidas que han expresado su preocupación por el hecho de que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres están particularmente limitados en el país. Honduras es uno de los únicos seis estados del mundo que prohíbe el aborto en todas las circunstancias, incluso en casos de violación o incesto, donde existen amenazas a la vida y/o la salud de las mujeres embarazadas y un grave impedimento fetal. El uso, la venta, la distribución y la compra de anticonceptivos de emergencia también están prohibidos de acuerdo con el Decreto del Congreso No. 54-2009 y el Acuerdo de la Secretaría de Salud y se castigan con las mismas penas que el mismo aborto. Como muestran los datos de la OMS, las leyes restrictivas sobre el aborto afectan la tasa de mortalidad y morbilidad debido a los abortos inseguros, aunque no son eficaces para reducir la tasa de aborto14. De hecho, la mortalidad y morbilidad materna es muy alta en Honduras (129 muertes de mujeres/100.000 nacimientos)15.

Muchos interlocutores señalaron también la falta de acceso a los anticonceptivos, en particular en las zonas rurales, lo que, junto con la prohibición de la anticoncepción de emergencia, contribuye a una alta tasa de embarazos no deseados, inclusos embarazos adolescentes16. Hemos aprendido de nuestros interlocutores que muchos de estos embarazos son el resultado de crímenes de violación e incesto. Es lamentable que no se hayan puesto en práctica los protocolos propuestos y las enmiendas a la ley que habrían permitido excepciones a las prohibiciones absolutas del aborto y la anticoncepción de emergencia, y que podrían tener en cuenta las necesidades de las víctimas de la violencia sexual, incluidos los niños que son víctimas. Además, la penalización generalizada del aborto y la obligación de los profesionales de la medicina de denunciar los casos de mujeres cuyas lesiones parecen estar relacionadas con abortos inseguros, han llevado a las mujeres a la cárcel. Estas denuncias de los profesionales de la medicina pueden disuadir a las mujeres que sufren abortos espontáneos o complicaciones de buscar la atención médica necesaria, poniendo así, en peligro sus vidas. La penalización de las mujeres por aborto va en contra de las normas internacionales de derechos humanos e instamos al Gobierno a que revise su legislación sobre el aborto y la anticoncepción de emergencia para que esté en consonancia con las normas internacionales.

Hemos escuchado atentamente y reconocido las intenciones del Estado de reducir la mortalidad materna en Honduras. Estos propósitos parecen ser la motivación detrás de una campaña de salud pública que busca persuadir a las mujeres embarazadas para que den a luz dentro de los hospitales. Sin embargo, hemos escuchado numerosos testimonios de que las mujeres están siendo obligadas a tener partos institucionales en contra su voluntad y que si no lo hacen, se les imponen multas. Hemos escuchado que las parteras que atienden los nacimientos en las comunidades son amenazadas con multas o prisión. Esto es problemático porque no toma en cuenta los deseos de la mujer embarazada y muestra una falta de sensibilidad cultural.

Además, no tiene en cuenta otros factores estructurales que impiden que las mujeres visiten el hospital, incluidos los costos de transporte, que a menudo son prohibitivos para las mujeres pobres de las zonas rurales. A la luz de esto, exhortamos al Gobierno a considerar formas de trabajar junto con las parteras y las mujeres en las comunidades para poder desarrollar un enfoque común y culturalmente sensible para la reducción de la mortalidad materna.

Además, dado el contexto general de la salud de la mujer en Honduras, recomendamos la ampliación de los servicios de salud pública rurales, el desarrollo de un programa integral de educación sexual que se lleve a cabo sistemáticamente en las escuelas y un mayor acceso a la atención de la salud sexual y reproductiva, así como inversiones en medicina forense y post tratamiento.

La Vida Familiar y Cultural

Al igual que la mayoría de los países de la región, siguen siendo generalizadas las pautas patriarcales de comportamiento, actitudes, expectativas, creencias y prácticas que discriminan y denigran a las niñas y a las mujeres. Muchos interlocutores, incluidos funcionarios del Gobierno (tanto hombres como mujeres), subrayaron que existe una cultura machista en el país. Las actitudes patriarcales en Honduras perpetúan la violencia doméstica y otras formas de violencia cometidas fuera del hogar. Este sentimiento de supremacía de los hombres sobre las mujeres también tiende a limitar la capacidad de las mujeres para participar en la vida política y económica, así como en un entorno familiar más igualitario. Las profundamente arraigadas normas patriarcales imponen a los hombres el sustento de la familia, mientras que se espera que las mujeres se encarguen de las tareas domésticas, críen a los hijos y cuiden de cualquier otra persona a su cargo. Incluso, los programas del Gobierno (como los destinados a ayudar a las familias o los programas de capacitación para las mujeres encarceladas) a veces reflejan los estereotipos de género o se enfocan principalmente en su rol en la familia.

Es preciso mejorar la legislación y las políticas existentes sobre el equilibrio entre la vida laboral y la vida privada. Por encima de todo, debe desarrollarse una estrategia sostenible de sensibilización para que la distribución de las responsabilidades entre hombres y mujeres sea una realidad en lo que se refiere a la crianza de los hijos, las tareas domésticas y el cuidado de otras personas adultas dependientes, de tal manera que permita a todos beneficiarse del desarrollo personal y profesional. En este sentido, destacamos la existencia de los programas de capacitación para mujeres y la contratación de mujeres en la construcción y obras públicas, realizados por la unidad de género de la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos (INSEP). Exhortamos más iniciativas para proporcionar empleo a las mujeres y acabar con los estereotipos. También instamos al Gobierno a que emprenda esfuerzos para que se aborden las actitudes y comportamientos de los hombres.

Además de la cultura patriarcal arraigada, la vida familiar y la salud reproductiva de las mujeres, estas están altamente condicionadas por una sociedad conservadora, influenciada tanto por la iglesia católica como por la evangélica. Aprendimos de varios interlocutores que, tanto la iglesia católica como la evangélica, tienen una influencia significativa sobre los cuerpos políticos en la toma de decisiones y la opinión pública, incluso en el debate sobre la despenalización del aborto en tres circunstancias, el levantamiento de la prohibición de la anticoncepción de emergencia y la educación en sexualidad.

Los medios de comunicación desempeñan un papel clave en la formación de actitudes hacia las mujeres y perpetúan los perjudiciales estereotipos de género, reforzando la desigualdad de género. Como señalaron muchos interlocutores, los canales de televisión y la publicidad en general, siguen reforzando los estereotipos sexistas de género. Los casos "sensacionalistas" tienden a recibir una cobertura excesiva por parte de los medios de comunicación a costa de que las mujeres sean retratadas negativamente e incluso aumentan el riesgo de ser re victimizadas.

Administración y Acceso a la Justicia

La desigualdad entre los hombres y las mujeres existe en todos los sectores de la sociedad y el sector de justicia no es diferente. Reconocemos que el Gobierno ha adoptado múltiples iniciativas para mejorar el acceso a la justicia y la rendición de cuentas por la discriminación y la violencia en contra de la mujer. Estas mejoras incluyen: la modernización del Ministerio de Derechos Humanos, encabezado por una mujer comprometida; la creación de diez Fiscalías Especiales, incluida una para los Derechos Humanos con una sección especial dedicada a los defensores de los derechos humanos; la duplicación del número de fiscales y del presupuesto de la Fiscalía General de la Nación; un proceso de investigación de antecedentes que condujo a la destitución de 4.925 agentes de policía supuestamente vinculados a faltas de conducta y a la corrupción; un nuevo proceso de selección de jueces; la creación de nuevos juzgados en las zonas rurales; y la reducción de las demoras en los procedimientos judiciales. Además, se han adoptado medidas para modernizar la administración de justicia, incluida la instalación de una Dependencia de Asuntos de Género en la Corte Suprema de Justicia, la encomiable reducción de la acumulación de casos pendientes desde hace mucho tiempo, la capacitación y la sensibilización del personal de los tribunales en materia de género y la reforma de los procedimientos penales y civiles.

Sin embargo, observamos que persisten las deficiencias en el acceso de la mujer a la justicia, que es esencial para la realización de todos sus derechos y es un elemento fundamental del estado de derecho y la buena gobernanza, junto con la independencia, la imparcialidad, la integridad y la credibilidad del poder judicial, la lucha contra la impunidad y la corrupción, y la participación igualitaria de la mujer en el poder judicial y en otros mecanismos de aplicación de la ley.

Muchos de los elementos del derecho al acceso a la justicia17no están garantizados para la mayoría de las mujeres en Honduras. Observamos que el sistema de justicia, incluidos los tribunales de justicia y otras instituciones, no ofrecen soluciones realistas para las barreras que enfrentan las mujeres en el acceso a la justicia. Estos obstáculos se producen en un contexto estructural de discriminación y desigualdad, debido a factores como los estereotipos de género, las leyes discriminatorias, la discriminación cruzada o agravada, los requisitos y prácticas procesales y probatorias, y el hecho de que no se garantice sistemáticamente que los mecanismos judiciales sean física, económica, social y culturalmente accesibles para todas las mujeres. Además, la obtención de soluciones legales efectivas requiere una costosa representación legal, a la que la mayoría de las mujeres en Honduras no pueden permitirse. Aunque algunas organizaciones de la sociedad civil y consultorios jurídicos de las universidades públicas ofrecen asistencia jurídica gratuita, estos no pueden cubrir las necesidades jurídicas de la mayoría de las mujeres. Según los testimonios escuchados y la información recibida, los factores como la condición socioeconómica, la residencia en zonas rurales, el origen étnico, y la edad, influyen considerablemente en las posibilidades reales de las mujeres de acceder a recursos jurídicos efectivos. Durante nuestra visita, recibimos múltiples testimonios sobre la falta de acceso a la justicia por parte de las mujeres que enfrentan formas intersectoriales de discriminación, todas las cuales denunciaron la impunidad por la alta tasa de femicidios y otras formas de violencia basada en género, así como su profunda desconfianza en el sistema legal, lo cual también fue reconocido por algunos funcionarios del gobierno y de la policía. El machismo, la misoginia y los estereotipos de género, junto con la pobreza o la falta de independencia financiera de la mayoría de las mujeres, aumentan los riesgos a los que están expuestas y les impiden ejercer plenamente su derecho a acceder a la justicia.

Varios interlocutores expresaron su gran insatisfacción con el juicio por el asesinato de Berta Cáceres, incluidos los miembros de su familia. Hemos escuchado que a la familia, durante la fase de investigación, se les ha negado el acceso a los informes y pruebas, misma que duró más de dos años y se vio empañada por numerosas irregularidades, y que los abogados que representaban a la familia fueron excluidos del juicio sin que se les diera una razón legítima. Este juicio es emblemático por la falta de transparencia y de los injustos procesos legales que enfrentan las defensoras de derechos humanos, lo cual es motivo de gran preocupación para nuestro Grupo de Trabajo. Instamos al Gobierno a que adopte todas las medidas necesarias para garantizar que se haga justicia a la familia y que el juicio respete las normas internacionales. Cualquier irregularidad repercute negativamente en el poder judicial, que ya ha perdido la confianza por su falta de rendición de cuentas, a pesar de los esfuerzos de la Corte Suprema de Justicia y de otras instituciones para mejorar el acceso de las mujeres a la justicia. Además, la impunidad en los asesinatos y otros delitos cometidos contra las mujeres, alimenta aún más la violencia contra las mujeres.

Violencia en contra de la mujer

En el país, la violencia contra la mujer es generalizada, alimentada por la desigualdad, la inseguridad y la impunidad, y la falta de oportunidades. La regulación permisiva sobre la posesión de armas de fuego también contribuye al problema: en el 2017, el 62% de los femicidios se cometieron con el uso de armas de fuego18. Las formas de violencia incluyen la explotación, la violencia psicológica, física y sexual, la trata de personas y el femicidio, mientras que los perpetradores son las parejas, los miembros de la familia y de la comunidad, así como otros actores privados y agentes estatales. Ciertos grupos de mujeres, como las defensoras de los derechos humanos, las mujeres LBT, las trabajadoras sexuales/mujeres en prostitución y las jóvenes, son particularmente vulnerables. Según nuestros interlocutores, ha habido un aumento de la brutalidad de la violencia, así como de los casos de desapariciones de mujeres. La violencia ha sido una de las causas fundamentales de la migración de las mujeres.

La violencia doméstica y sexual se encuentran entre los delitos más denunciados en el país, y la tasa de femicidio es muy alta. Según los datos del Observatorio de la Violencia, entre el 2002 y 201719, 5.837 mujeres fueron asesinadas. Mientras que entre el 2014 y el 2017 se han registrado 1.944 casos de femicidios, de los cuales sólo 33 han sido juzgados en ese período20. La tasa de condenas ha sido muy baja21. De hecho, según nuestros interlocutores, el 95% de los femicidios quedan impunes. Además, nuestros interlocutores de las ONG estaban preocupados por el hecho de que a menudo los crímenes se atribuyen a las maras, a pesar de que estos asesinatos constituyen un pequeño número del total de femicidios. Parece que en tales casos se realizan aún menos esfuerzos de investigación.

Esta impunidad es sintomática de un patrón de discriminación estructural contra la mujer. Si bien el problema de la impunidad era obvio para todos nuestros interlocutores, los funcionarios de la justicia penal, en su mayoría, dijeron que ello se debía a que las víctimas a menudo retiraban las denuncias. Se deben tomar medidas para asegurar la confianza de las víctimas en el sistema y mejorar su seguridad, así como para sensibilizar al personal sobre las razones por las que las mujeres podrían retirar las denuncias. Además, deben investigarse las deficiencias del sistema de justicia penal. Según las normas internacionales de derechos humanos, el Estado no está eximido de la obligación de investigar los incidentes graves de violencia porque la víctima retira la denuncia: los esfuerzos de investigación deben centrarse en todas las pruebas pertinentes.

Observamos que el Gobierno ha adoptado algunas medidas para reducir la impunidad de la violencia contra la mujer. La Ley contra la Violencia Doméstica, que regula la violencia contra la mujer por parte de la pareja (cuando los actos no constituyen delitos penales), fue reformada en el año 2006. Establece una serie de medidas de seguridad, protección y precaución, así como derechos procesales para la víctima, lo cual es digno de elogio. El Código Penal tipifica el delito de la violencia intrafamiliar, el femicidio y los delitos sexuales.

Nos preocupa que pueda haber una falta de claridad en el marco legislativo sobre la violencia contra las mujeres, lo que puede dar lugar a que los casos de carácter penal queden sujetos únicamente a la jurisdicción civil. Nuestros interlocutores de los organismos estatales pertinentes hicieron especial hincapié en la función preventiva de la Ley contra la Violencia Doméstica, pero, en nuestra opinión, es cuestionable que el derecho civil, que prevé el servicio comunitario como sanción, cumpla efectivamente esta función. Además, el período de detención de 24 horas previsto en esta ley, podría ser insuficiente para proteger a las víctimas y prevenir la violencia, tal y como señaló uno de los agentes de policía con los que hablamos. También hemos oído hablar de retrasos en la tramitación de los procedimientos judiciales, lo que también debilitan la disuasión y ponen en peligro la protección de las víctimas. También nos informaron que existe un problema en la aplicación de las medidas de seguridad. Esperamos que todos los actos graves de violencia por motivos de género sean tratados como delitos penales y recomendamos un enfoque integrado y amplio de la violencia contra la mujer, que refleje la gravedad del problema. Además, de conformidad con las normas internacionales de derechos humanos, las órdenes de protección deben estar a disposición de todas las víctimas, independientemente de cómo se clasifique el acto de violencia, y ser independientes de cualquier otro procedimiento judicial.

Varios interlocutores también señalaron problemas de interpretación en la práctica de la definición de femicidio (y durante nuestra visita, hemos sido testigos de diferentes interpretaciones de femicidio), lo que puede reducir el número de cargos presentados por el delito. Las ONG también expresaron su preocupación por la insuficiencia de los servicios para las hijas y hijos de las víctimas de femicidio. Además, las ONG se quejaron de la reducción de las penas por delitos sexuales. Exhortamos al Gobierno a que aborde estas problemáticas.

Felicitamos al Gobierno por haber establecido una dependencia especializada dentro de la fiscalía para la mujer, así como unidades dentro de la policía y los tribunales especializados en violencia doméstica, así como por haber llevado a cabo actividades de capacitación y campañas sobre la violencia por motivos de género. Sin embargo, según la información recibida durante esta misión, estas unidades no están debidamente financiadas ni dotadas de personal, y sólo hay tres tribunales especializados en todo el país. Hemos escuchado que en algunos municipios hay una falta de fiscales en casos de violencia doméstica (en cuyo caso los defensores públicos asumen ese papel y representan tanto al perpetrador como a la víctima), así como una escasez de jueces para supervisar la ejecución de las medidas. Además, algunas víctimas se quejaron de la insuficiente coordinación entre las autoridades competentes, lo que da lugar a que se les envíe de una oficina a otra. También se expresó preocupación por la rotación de los jueces. Recomendamos que el Gobierno asegure los suficientes recursos humanos y financieros, así como que refuerce las unidades y los tribunales especializados, que mejore la coordinación entre los actores pertinentes y garantice la continua formación del personal pertinente. Además, se deben hacer mayores esfuerzos para investigar las desapariciones de mujeres. Por otro lado, el Gobierno debería seguir realizando campañas de sensibilización. Los medios de comunicación también deben ser sensibilizados, ya que muchos de nuestros interlocutores se quejaron de la representación irrespetuosa de las mujeres (incluidas las víctimas de femicidio), lo que puede exacerbar aún más la violencia contra las mujeres.

Nos complace que el mandato de la Comisión Interinstitucional contra Feminicidios haya iniciado en agosto de 2018, pero expresamos nuestra preocupación por la falta de fondos disponibles para llevar a cabo su trabajo y esperamos que el mecanismo se fortalezca. Nuestros interlocutores expresaron la necesidad de una mejor recopilación de datos, más investigadores y un presupuesto adecuado para el CONADEH y el Ministerio del Interior, y esperamos que estos requisitos se cumplan sin demoras indebidas.

También nos preocupa el bajo número de refugios y la falta de recursos para estos, tal y como se observó durante nuestra visita. Uno de los refugios fue cerrado durante nuestra visita debido a la imposibilidad de pagar el alquiler. Instamos al Gobierno financie los refugios y servicios para víctimas, también que preste apoyo a las mujeres que abandonan los refugios, ya que a menudo no tienen adónde ir.

Mujeres que sufren de múltiples formas de discriminación

Durante nuestra visita, tuvimos el placer de reunirnos con las representantes de mujeres indígenas, Garífunas, afrodescendientes, campesinas y mujeres rurales, mujeres transgénero, trabajadoras sexuales/mujeres en prostitución y mujeres con HIV22. Agradecemos sinceramente el testimonio de todas y cada una y apreciamos el tiempo y el esfuerzo de quienes viajaron varias horas desde sus comunidades para poder reunirse con nosotros.

Los principales desafíos a los que se enfrentan las mujeres indígenas, las mujeres garífunas, las mujeres en las zonas rurales y las campesinas, son el acceso a la tierra y el control de la misma, ya que sólo representan el 4% de los beneficiarios de un proceso de reforma agraria de 30 años y el 22% de los beneficiarios del programa de títulos de propiedad de la tierra23. También luchan contra la falta de garantía de los derechos económicos y sociales, incluso en el contexto de los proyectos de desarrollo, y las altas tasas de pobreza. Las mujeres rurales y pertenecientes a comunidades indígenas nos reiteraron su frustración por la ausencia o insuficiencia de las consultas realizadas por el gobierno antes de emprender proyectos de desarrollo a gran escala y de otorgar concesiones a las empresas internacionales. Para muchas mujeres indígenas y afro-descendientes, sus tierras, sus medios de subsistencia y su modo de vida tradicional siguen estando gravemente amenazados por estas actividades. A menudo provocan el desplazamiento de las poblaciones garífunas e indígenas, así como la denegación del acceso a los recursos naturales.

Además, no parece haber datos desglosados por origen étnico24en materia de salud y educación. Sin datos claros sobre el embarazo de adolescentes en las comunidades más pequeñas, la deserción escolar o el abuso sexual, resulta difícil abordar cualquier potencial problema social. Los anticonceptivos son inaccesibles para la mayoría de las mujeres de la zona. Se necesitan esfuerzos sinceros para garantizar el acceso a la salud para todas, incluidas los que viven en zonas remotas.

Las mujeres transgénero, las trabajadoras del sexo/mujeres en prostitución y mujeres con HIV también sufren de discriminación en el acceso a los servicios de salud y de otro tipo, así como mayor desempleo. Además, hay una alta tasa de violencia contra las mujeres transgénero y las trabajadoras del sexo/mujeres en prostitución. Esperamos que se apruebe una legislación que garantice sus derechos y felicitamos al CONADEH por sus esfuerzos en ese sentido.



Mujeres privadas de libertad.

Según la información recibida, el número de adultos encarcelados ascendía a 20.583, de los cuales 1.240 eran mujeres. Si bien el porcentaje total de privados de libertad en prisión preventiva disminuyó (del 58% al 53%), en la población femenina aumentó (del 63% al 68%). Esto indica que se presentan más cargos contra mujeres por delitos que automáticamente incluyen detenciones preventivas. De conformidad con la Resolución 1/08 de la CIDH, Los Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas, la privación preventiva de libertad se aplicará únicamente dentro de los límites estrictamente necesarios. Cuando dura demasiado tiempo, corre el riesgo de invertir la presunción de inocencia, convirtiendo una medida cautelar en una condena anticipada.

La ley hondureña establece que las hijas e hijos de las mujeres privadas de libertad tienen derecho a ser atendidos por sus madres dentro de la prisión durante sus primeros dos años de vida. Con este fin, cuando ello redunde en el interés superior de la niña/o, una resolución judicial puede extender la edad en que las madres encarceladas pueden cuidar a sus hija/os hasta dos años adicionales.

Visitamos una penitenciaría para mujeres en Tegucigalpa. Durante nuestra visita a la única penitenciaría del país, las malas condiciones de detención eran evidentes. Incluyen niveles graves de hacinamiento, incluso en el "hogar" donde las niñas y niños son colocados con sus madres, tiene una infraestructura deficiente, condiciones insalubres, programas insuficientes de formación para la generación de ingresos para su reintegración en la sociedad, una atención médica deficiente. También nos informaron que las mujeres privadas de libertad dependan de los alimentos que les traen sus familias para una nutrición adecuada. Para las penas de prisión por delitos menores y para las madres de hijas/os pequeños, deberían estudiarse penas alternativas, como lo prevén las Reglas de Bangkok para el Tratamiento de las Reclusas y Medidas No Privativas de Libertad para las Mujeres Delincuentes.

Las mujeres que asisten o reciben visitas conyugales son sometidas a diversos procesos invasivos, incluidas las pruebas de detección del VIH y, según las ONGs, a la anticoncepción forzada. Los requisitos previos para concesión de visitas conyugales menudo les impiden llevarlas a cabo. Los requisitos adicionales para detenidas no casadas con la persona visitante, además de la prohibición de los matrimonios del mismo sexo, son discriminatorios para todas las detenidas no casadas, incluyendo las personas LBT.

Además, nos enteramos de un nuevo reglamento para visitar a las personas en prisión adoptado en el 201725. Los visitantes necesitan obtener varios documentos y cumplir con muchos requisitos para obtener un permiso que sólo dura unos meses y luego tiene que ser renovado. Estos documentos, que incluyen certificaciones emitidas por notarios públicos, son costosos, lo que afecta desproporcionalmente a las personas pobres. Se nos informó que todo el trabajo administrativo que necesita ser completado por cada visitante, puede llegar a costarle a una persona unos 3000 Lempiras (124 USD) anuales. Pedimos al Gobierno que simplifique estos procedimientos y que aplique los estándares internacionales en materia de mujeres privadas de libertad.

Defensoras de los derechos humanos

Aunque Honduras ha desplegado esfuerzos para establecer un mecanismo efectivo de protección para las personas defensoras de derechos humanos, parece que todavía hay poca comprensión de la especificidades y las necesidades de las defensoras de derechos humanos y de los obstáculos que estas enfrentan. Todas las mujeres con las que hablamos dijeron que no podían operar en un entorno seguro y propicio26

Nos dijeron que se enfrentan a numerosos ataques y amenazas, así como a la criminalización de sus actividades y a la falta de acceso a la justicia. La estigmatización por parte de los funcionarios, así como de sus propias organizaciones, familias, comunidades y medios de comunicación, no sólo las despoja, sino que las expone a mayores riesgos. Se enfrentan a campañas de desprestigio dirigidas a desacreditar su trabajo, a menudo identificadas como contrarias al desarrollo de Honduras, madres y esposas "antinaturales" o incluso criminales. Una defensora nos contó que no sólo ha sido criminalizada, atacada por los miembros de su propia comunidad, sino que es constantemente acosada e insultada por los miembros de su familia por ser una mala madre. Con gran pasión nos contó que aunque esté plagada de dolor y culpa, ella está defendiendo su tierra, que está siendo tomada por la agroindustria, precisamente porque le preocupa que sus hijas/os no tengan un futuro en su región, lo cual la convierte en una buena madre.

También recibimos testimonios de defensoras de derechos humanos que se enfrentan a acciones legales por difamación y calumnia, así como a la amenaza de las mismas. Otras han informado de que sus organizaciones están sujetas a requisitos irrazonables de supervisión fiscal y registro. También se nos dijo que las mujeres que son más explícitas, corren el riesgo de recibir un trato más severo, incluido el uso excesivo de la fuerza e incluso el asesinato.

Conclusión

El Estado de Honduras ha realizado esfuerzos para mejorar la situación de las mujeres en el país, tanto en el ámbito legislativo, como en el político e institucional. Se adoptaron varias leyes y políticas y se estableció un marco institucional sólido. Nos reunimos con varias personas muy comprometidas, tanto a nivel del gobierno central como local. Nos impresionó particularmente la iniciativa Ciudad Mujer y esperamos que sea apoyada por todos los recursos necesarios y desarrollada en todo el país.

A pesar de los esfuerzos desplegados, la desigualdad de género persiste y las violaciones de los derechos de la mujer son generalizadas. Las mujeres están infrarrepresentadas en las esferas políticas y económicas, las niñas se enfrentan a importantes obstáculos en la educación de calidad (inclusa la educación en materia de sexualidad) y el acceso a servicios de salud integrales y de calidad aún no está garantizado. En particular, el acceso a la salud sexual y reproductiva es muy restrictivo, Honduras prohíbe el aborto en todas las circunstancias, así como la anticoncepción de emergencia. La violencia contra las mujeres es generalizada, y el país tiene una de las tasas de femicidio más altas del mundo, mientras que la impunidad es generalizada y las mujeres se enfrentan a obstáculos en materia de acceso a la justicia. Ciertas categorías de mujeres se encuentran en una posición particularmente de desventaja, tal y como las mujeres de las minorías étnicas y las mujeres indígenas, las mujeres LBTI, las mujeres de las zonas rurales y las mujeres en situación de pobreza. Las mujeres privadas de libertad también sufren de condiciones paupérrimas y las defensoras de los derechos humanos son objeto de criminalización, violencia, estigmatización e intimidación.

Aunque ciertos representantes del Estado hayan demostrado su voluntad para tratar estas cuestiones, instamos al Gobierno a que redoble sus esfuerzos para garantizar la igualdad de género, los derechos de la mujer y que se logren resultados mensurables (como una baja en la tasa de embarazos adolescentes y violencia contra las mujeres). Deberían de adoptarse medidas para aumentar la participación de la mujer en la vida pública y política, así como promover su empoderamiento económico, y para garantizar su acceso a la salud y la educación, incluida la educación sexual. Deben abordarse los riesgos a los que se enfrentan las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, debe mejorarse el acceso a la justicia y debe eliminarse la impunidad de la violencia contra la mujer. El marco jurídico debería revisarse a la luz de las deficiencias mencionadas anteriormente y el Protocolo de la CEDAW y los convenios pertinentes de la OIT deberían ser ratificados. Las instituciones deberían de reforzarse aún más y asignarse suficientes recursos tanto financieros, como humanos.

Nuestras conclusiones y recomendaciones se desarrollarán con más detalle en un informe que se presentará al Consejo de Derechos Humanos en junio de 2019.

FIN

El Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la problemática de la discriminación contra la mujer en la ley y en la práctica, fue creado por el Consejo de Derechos Humanos en el 2010 para identificar, promover e intercambiar opiniones, en consulta con los Estados y otros actores, sobre las buenas prácticas relacionadas con la eliminación de las leyes que discriminan contra la mujer. El Grupo también tiene la tarea de entablar un diálogo con los Estados y otros agentes sobre las leyes que tienen un efecto discriminatorio en lo que respecta a la mujer.

El Grupo de Trabajo está integrado por cinco expertos independientes.

Notas:

1. http://www.hn.undp.org/

2. http://www.hdr.undp.org/sites/default/files/2018_human_development_statistical_update.pdf

3. https://www.worldbank.org/en/country/honduras

4. Observaciones finales sobre Honduras, 2018, A/HRC/37/3/Add.2., §19

5. Por ejemplo, proyectos de ley para regular el trabajo doméstico, la reforma agraria, la violencia contra las mujeres en política, los derechos de las personas transgénero, los derechos de las trabajadoras sexuales/mujeres en prostitución, hogares para mujeres víctimas de violencia y una ley integral sobre la violencia contra las mujeres

6. Nuestros interlocutores nos informaron que, por ejemplo, la Ley sobre Trabajadores Domésticos no contiene ninguna provisión relativa al salario mínimo o protección social obligatoria y las horas laborales son más largas que en otros sectores

7. Según nuestros interlocutores, sólo el 1,17% del presupuesto total se destina a programas para mujeres.

8. Es necesario proveer recursos adicionales (humanos, financieros y materiales) en particular por parte del Ministerio de Salud. Las mujeres solicitan principalmente servicios de salud en Ciudad Mujeres

9. http://archive.ipu.org/wmn-e/classif.htm

10. https://oig.cepal.org/en/countries/15/system (Véase también el informe nacional para el EPU sobre el cupo.) 30

11. http://hdr.undp.org/sites/all/themes/hdr_theme/country-notes/HND.pdf

12. See, e.g., the report of the Special Rapporteur on Violence against Women (A/HRC/29/27/Add.1) and the Inter-American Commission on Human Rights (http://www.oas.org/en/iachr/multimedia/2016/honduras/honduras-en.html), as well as concluding observations of the Human Rights Committee (CCPR/C/HND/CO/2) and Committee on Economic, Social and Cultural Rights (E/C.12/HND/CO/2).

13 http://uis.unesco.org/country/HN

14. OMS (2012). Aborto seguro: Technical and policy guidance for health systems (2nd edition).

15. http://www.who.int/gho/maternal_health/countries/hnd.pdf.

16. La tasa de embarazo adolescente es de 65 nacimientos por 1000 mujeres entre 15 y 19 años. Ver www.hdr.undp.org/sites/all/themes/hdr_theme/country-notes/HND.pdf

17. Según la Recomendación General Número 35 del Comité de CEDAW "El derecho de acceso a la justicia es multidimensional. Abarca la justiciabilidad, la disponibilidad, la accesibilidad, la buena calidad y la rendición de cuentas de los sistemas de justicia, y la provisión de recursos para las víctimas.”

18. UNAH, Boletín especial sobre Muerte Violenta de Mujeres, www.iudpas.unah.edu.hn

19. Observatorio de seguridad y violencia de las mujeres (2018), Femicidios: Monitoreo de fuentes oficiales y medios de comunicación escrita, p. 3.

20. Id, at 8.

21. Según el informe anual de CONEDAH, en el 2017, se presentaron 19 casos de femicidios ante los tribunales, de los cuales cuatro terminaron con una condena, uno fue desestimado provisionalmente y siete están siendo juzgados. http://app.conadeh.hn/descarg, as/INFORME%20ANUAL%20COMPLETO%202017.pdf

22. No tuvimos la oportunidad de reunirnos con mujeres con discapacidades pero varios interlocutores compartieron información con respecto a los problemas a los cuales se enfrentan

23. Informe anual del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Honduras, versión avanzada distribuida el 19 de marzo de 2018 (A / HRC / 37/3 / Add.2), párr. 10.

24. En este país, hay nueve etnias diferentes, siete grupos indígenas y dos grupos de descendientes de africanos.

25. Reglamento de Visitas en los Establecimientos del Sistema Penitenciario Nacional, Instituto Nacional Penitenciario Acuerdo Número 001-2016.

26. Todas las mujeres que hemos conocido trabajan para exigir y proteger los derechos de la mujer y promover la igualdad de género en todos los ámbitos para todas las mujeres de todas las edades. Algunas trabajan para promover la educación formal e informal, incluida la educación en derechos humanos desde una perspectiva de género, así como la educación sexual de las mujeres y niñas; otras luchan contra el acoso sexual, la violencia y los estereotipos negativos; y otras se organizan en torno al acceso a la anticoncepción de emergencia y al aborto seguro y legal; muchas trabajan contra la discriminación por motivos de sexo, por los derechos de las mujeres lesbianas y bisexuales, así como por los derechos de las mujeres transexuales o por los derechos de las trabajadoras del sexo; muchas trabajan para proteger el medio ambiente, sus ríos y sus medios de subsistencia; otras trabajan para mejorar las condiciones de trabajo, especialmente en el caso de las trabajadoras domésticas y de las trabajadoras de las maquilas; otras trabajan para proteger a las mujeres de los traficantes; otras se organizan en torno a la ratificación de los instrumentos internacionales pertinentes. Todas ellas están tratando de poner fin a la impunidad y a las muchas formas de violencia y discriminación que enfrentan las mujeres en Honduras.