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El derecho al agua 2019

“Que nadie quede rezagado”
Declaración del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet

19 de marzo de 2019
De 16:00 a 17:30
Palacio de las Naciones, Sala XVI

S.A.R. Princesa Sumaya,
Ministro Del Re,
Excelencias,
Colegas y amigos:

Hoy celebramos el Día Mundial del Agua y presentamos este importante informe. Mi Oficina se complace en acoger el evento de este año y en coordinar la campaña de un año de duración, en colaboración con el ACNUR, bajo los auspicios de ONU-Agua.  Aprovecho la oportunidad para aplaudir el gran número de organismos de las Naciones Unidas y organizaciones asociadas que hablan con una sola voz en un tema tan fundamental.

“Que nadie quede rezagado”; la idea es esencial en todos los ámbitos del desarrollo, pero tiene especial resonancia en lo relativo al agua. El agua es un derecho humano básico y es fundamental para la dignidad humana. Las cifras que figuran en este informe deberían conmovernos a todos e impulsarnos a la acción. Tres de cada diez personas en el mundo carecen de acceso al agua potable. Seis de cada diez carecen de servicios de saneamiento seguros.

Si las personas no alcanzan a disfrutar de su derecho al agua, tampoco podrán disfrutar del derecho a la vida. Muchas de las 800 mujeres que fallecen cada día por causas vinculadas al embarazo y el parto, podrían salvarse si tuvieran acceso al agua potable y los saneamientos. Las enfermedades que se transmiten por el agua matan a unos dos millones de personas cada año. Más de 700 niños menores de cinco años de edad mueren cada día de diarreas causadas por el agua y el saneamiento inseguros. Las aguas no tratadas de fuentes, ríos y lagos pueden llevar consigo residuos industriales tóxicos y transmitir enfermedades. La escasez de agua puede convertir los hospitales en zonas de alto riesgo de infección. 

Pero los beneficios del agua segura van más allá de la salud e inciden en la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia y muchos otros derechos humanos fundamentales. Nuestro compromiso de proporcionar “agua para todos” nos obliga a abordar no solo la necesidad de agua potable segura e instalaciones sanitarias adecuadas, sino también las causas profundas de las múltiples desigualdades que afectan a las comunidades más vulnerables. 

Debemos erradicar del mundo esta situación en la que unos pocos disponen de un acceso mejor y más barato al agua, mientras que la mayoría de la gente tiene que pagar más por menos servicio.

Si no abordamos estas desigualdades con medidas urgentes, el agua no será una fuente de vida, sino de conflictos.

Los estimados de ámbito mundial indican que dentro de poco más de un decenio, 700 millones de personas podrían verse desplazadas por la escasez de recursos hídricos, en una crisis progresiva alimentada por el cambio climático, el crecimiento demográfico y la creciente competencia en pos de los recursos escasos. En muchos lugares del mundo podrían estallar guerras en torno al agua.

En la actualidad, ya unos cuatro mil millones de personas afrontan una severa escasez de agua, al menos durante una parte del año.

Casi la mitad de las personas que en el mundo beben diariamente agua procedente de fuentes no protegidas viven en el África subsahariana. Habida cuenta de que está previsto que de aquí a 2050 la demanda de agua aumente de un 20 a un 30 por ciento por encima de los niveles actuales, es obvio que existe una necesidad apremiante de tomar medidas al respecto.

Amigos y colegas:

Es difícil imaginar una prioridad en materia de desarrollo que incida de manera más clara y directa en la dignidad fundamental de los seres humanos que el ODS 6, cuyo fin es garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua. Esto se traduce en el lema “que nadie quede rezagado”. 

Aunque se han logrado progresos en la consecución de la Agenda 2030, el vaso sigue medio vacío. Miles de millones de personas todavía carecen de agua segura y saneamientos.

El derecho internacional de los derechos humanos obliga a los Estados a trabajar en pro del acceso universal al agua y los saneamientos, sin discriminación, y al mismo tiempo a dar prioridad a los más necesitados. Estas metas no son ni facultativas ni inalcanzables.

Los Estados deben tomar medidas para colmar las brechas existentes entre los países y también en el interior de estos. Y a este fin deben llegar a los más marginados, entre los que figuran los refugiados y desplazados, las personas que viven en barrios miserables, los pobres de las zonas rurales y los pueblos indígenas, que aunque sólo constituyen el 5 por ciento de la población mundial, representan el 15 por ciento de los pobres del planeta.

Pero el compromiso de “que nadie quede rezagado” es aún más profundo. Para acabar con estas desigualdades en lo tocante al acceso al agua, debemos invertir en los pueblos, valorar sus contribuciones y verlos como derechohabientes activos, que son agentes de su propio desarrollo sostenible.
“Quienquiera que seas, dondequiera que estés, el agua es tu derecho humano”.

Esta campaña es en gran medida una consigna para todos nosotros: un llamamiento a defender los derechos humanos.

Muchas gracias.