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Mesa redonda de personalidades eminentes de la Conferencia sobre América Latina y el Caribe celebrada en Berlín

Observaciones formuladas por la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

28 de mayo de 2019

Ministro Maas,
Maestro Daniel Barenboim,
Distinguidos ponentes,
Excelencias,
Colegas y amigos:

Es ist eine große Freude, hier zu sein. Ich habe von einem jahrelangen Studium in Deutschland profitiert und begrüße den Start der Beziehung, die heute zwischen deutschen und lateinamerikanischen Frauen aufgenommen wird.

Espero con interés el debate sobre los logros de América Latina y los nexos que el intercambio cultural puede inspirar a pueblos de diversas regiones y distintas experiencias históricas.

Rosa Luxemburgo, cuyo legado abarca a todos los continentes, nos enseñó que “la libertad de las mujeres es un signo de libertad social”.

Permítanme ampliar un poco ese concepto. La libertad de las mujeres es más que un signo, es una dinámica generadora de mayores libertades y progreso social. Durante más de cien años, en todas las regiones del mundo, las activistas han desempeñado una poderosa función catalizadora y han fomentado el progreso social.

Las mujeres lucharon para derribar las barreras que impedían la igualdad. Y, al hacerlo, también han luchado en pro de los derechos de los trabajadores, los pueblos indígenas, los afrodescendientes y el colectivo LGBTI, entre otros grupos. 

Las mujeres se enfrentaron a las desigualdades sociales y económicas, así como a los regímenes autoritarios, y siguen haciéndolo. 

Las mujeres han contribuido a establecer sistemas más eficientes e integradores para el ejercicio de los derechos fundamentales, y han luchado por el acceso a la atención sanitaria, la educación, el agua y la vivienda.

Las mujeres han creado nuevos ámbitos de expresión y participación. Se han esforzado por alcanzar mejores sistemas judiciales y políticas sólidas; por el funcionamiento respetuoso de las fuerzas de seguridad y los derechos a la tierra y los recursos naturales. 

Como señala la escritora Elena Poniatowska en su historia de la Revolución Mexicana, titulada Las soldaderas, las mujeres han mantenido la lucha en pro de la justicia “viva y fértil, como la tierra misma”.

Al superar tantos obstáculos y liberar a millones de mujeres  -y de hombres- de la discriminación que les oprimía, la consecución de los derechos de la mujer a lo largo del siglo pasado puede considerarse una de las revoluciones más profundas y de mayor alcance acontecidas en el mundo. 

Ninguna sociedad es libre si la mitad de sus integrantes se encuentran reducidos a una situación de dependencia y solo pueden ejercer funciones estrictamente delimitadas. Por supuesto, cada sociedad presenta sus propias características y tiene enfoques diferentes. Pero también cada sociedad está mejor gobernada y es más vivible cuando todos sus miembros pueden contribuir con el máximo de sus capacidades. 

Hoy en día, ante la compleja situación de emergencia medioambiental que amenaza el futuro de nuestro planeta, las mujeres pueden contribuir a la aplicación de soluciones mejores y más inclusivas para preservar el bienestar y los derechos humanos de todos.

Las mujeres indígenas y las que viven en zonas rurales, que padecen de manera más que proporcional las repercusiones del cambio climático, pueden desempeñar una función muy importante en los esfuerzos de adaptación a dicho cambio climático. Y todas las mujeres, en cualquier lugar del mundo, pueden defender el derecho de las generaciones venideras a disfrutar de un planeta sano y sostenible. El caso de Greta Thunberg, la adolescente sueca de 16 años de edad cuya defensa de los derechos humanos ha inspirado a tantos jóvenes, e incluso a muchos adultos, constituye un buen ejemplo de lo anterior. Y hay muchos otros. La existencia de estas personas nos proporciona un mundo mejor y más lleno de esperanza. 

Nuestro mundo tiene una necesidad urgente de que las mujeres contribuyan a crear soluciones a los retos que plantean las nuevas herramientas digitales, con miras a garantizar el respeto a la intimidad, y el rechazo al odio y la violencia en Internet. Empresas de índole social dirigidas por mujeres, tales como Laboratoria –que facilita a mujeres de bajos ingresos de Chile, Perú, México y Brasil el acceso a cursos abreviados de cinco meses de duración en materia de codificación—abordan actualmente importantes lagunas existentes en las estructuras básicas del mundo digital.

Es preciso que las mujeres contribuyan a concebir y aplicar soluciones a las crecientes desigualdades que afectan a casi todas las sociedades en casi todas las regiones. A este fin, necesitamos mujeres procedentes del mundo empresarial, del derecho y la arquitectura, de la ingeniería y el gobierno.
Y necesitamos mujeres que nos ayuden a luchar contra la fragmentación y polarización de nuestras sociedades, y a combatir el terrorismo y el extremismo político que nos dividen. 

Las activistas han desarrollado una gran capacidad de resiliencia en la lucha contra el sexismo y el racismo. Yo he tenido el privilegio de ver numerosos ejemplos de su denuedo, pragmatismo, generosidad y creatividad. Y también he visto el tipo de progreso que se puede consolidar sobre la base de sus éxitos. Es menester que esa visión y ese impulso sigan reforzando los avances, no solo para nuestras hijas, sino también para nuestros hijos. 

La igualdad de género y el respeto genuino hacia los derechos humanos de las mujeres no solo se refieren a la justicia para miles de millones de niñas y mujeres. Ambos serán factores esenciales para garantizar la existencia de sociedades resilientes y sostenibles, y proporcionar respuestas eficaces a cada uno de los graves desafíos que afronta nuestro mundo. 

Pienso de nuevo en tantas mujeres que he conocido y en lo que han logrado, incluso en las más adversas circunstancias, para sus sociedades y sus familias. La fuerza de las mujeres, su sabiduría e ingenio, deben considerarse parte de los grandes recursos subutilizados de la humanidad. Y no podemos esperar otros cien años para aprovechar ese potencial.  

De modo que, en mi opinión, la red que se inaugura hoy, integrada por movimientos feministas de Alemania y América Latina, es un instrumento para consolidar nexos flexibles y provechosos, susceptibles de acelerar este progreso.
Es preciso que aceleremos y coordinemos nuestros esfuerzos en pro de una mayor igualdad de género. Es menester redoblar el apoyo a las iniciativas que promueven la labor tan necesaria que está pendiente, y crear un contexto en el que puedan prosperar.

La agenda orientada a garantizar la igualdad de género y los derechos de las mujeres es un programa de ámbito mundial, un desafío para todos los países, ricos o pobres, tanto del norte como del sur. Y la concertación de personas de todos los orígenes sociales  puede crear sinergias poderosas.

Espero que la red UNIDAS logre establecer vínculos de diversa índole entre las mujeres de Alemania y de América Latina, de modo que ambas partes puedan beneficiarse del denuedo y el ejemplo de la otra, y que juntas alcancen a configurar una fuerza que propicie el progreso en muchos ámbitos.

Muchas gracias.