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La Alta Comisionada insta a las naciones del Pacífico a continuar con su trabajo en la vanguardia de la lucha global por la justicia climática

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Bienvenidos, y gracias a todo por acudir a este Taller sobre la protección de los derechos de las personas procedentes de naciones ubicadas en atolones de baja altitud ante la amenaza existencial del cambio climático.

La pandemia de la COVID-19 y la crisis climática comparten algunas características peligrosas.

Son problemas globales y que no entienden de fronteras.

Son multidimensionales: más allá de sus repercusiones inmediatas - para la salud humana, o para el medioambiente - también conllevan consecuencias enormes para los derechos económicos, sociales, civiles y políticos, así como para el derecho al desarrollo.

Estas dos catástrofes ya están causando un retroceso en el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Los más afectados suelen ser los habitualmente excluidos: los pobres; los discriminados; y los que ya se han visto obligados a abandonar sus hogares.

Y una respuesta eficaz tanto a la pandemia como a la crisis climática requieren de acciones inmediatas y globales para poder defender los derechos humanos de todos.

Estamos todos juntos en esto. Y solamente mediante iniciativas de peso, coordinadas y que produzcan cambios, y que respalden derechos fundamentales, como es el derecho humano a un entorno seguro, limpio, saludable y sostenible, podremos asegurar salud y bienestar para todo el mundo.

Para los pueblos de las naciones ubicadas en atolones, la crisis climática socava los propios cimientos de la dignidad humana. Amenaza sus modos de vida y medios de subsistencia, la integridad de sus territorios, sus culturas y su propia existencia como naciones.

La subida de las mareas amenaza con sumergir islas enteras, un proceso que se está acelerando conforme los ecosistemas de arrecifes, los cuales ofrecen protección natural contra las mareas de las tormentas y las mareas altas, continúan deteriorándose. El aumento de la vulnerabilidad en todos los aspectos de la vida, incluyendo el agua, los alimentos, la higiene, las infraestructuras, la pesca y el turismo, así como la pérdida de hogares, ya han obligado a muchos habitantes de las naciones ubicadas en atolones a abandonar sus tierras que han ocupado desde tiempos inmemoriales. 

Es una injusticia. Las naciones de los atolones han contribuido en casi nada a las causas del cambio climático. Es fundamental que nosotros, como comunidad internacional, apoyemos a las poblaciones de las naciones de los atolones para asegurar que hacemos todo lo que está en nuestras manos para defender sus derechos humanos, incluyendo sus derechos a un entorno saludable, a su cultura y a su propia vida.

Debemos impedir que el calentamiento global supere el objetivo de 1,5 grados centígrados por el que las naciones de los atolones lucharon tanto en París.

Cada país debe actualizar su contribución que haya establecido a nivel nacional y abordar de manera seria cuestiones climáticas. Intensificar nuestros objetivos climáticos debe considerarse como una obligación fundamental en derechos humanos para las generaciones futuras, y para todos aquellos que se ven afectados de forma injusta por una crisis climática que ellos no han provocado.

Además, les debemos a aquellos que más han sufrido que reparemos las pérdidas y daños que han tenido que soportar, y garantizar que tienen acceso a recursos efectivos que habrán de asumir los responsables del cambio climático.

Debemos asimismo movilizar recursos financieros adecuados para la adaptación y resiliencia que beneficien a los más afectados por el cambio climático.

Y hemos de encuadrar nuestro trabajo en una visión más global que atienda a la relación entre un clima seguro y la protección de la biodiversidad y los ecosistemas. Las próximas negociaciones globales sobre clima y biodiversidad nos ofrecen una oportunidad de llevar esto a cabo, integrando los derechos humanos dentro de la labor vital que realizan la CMNUCC y el Convenio sobre la Diversidad Biológica.  

Pido a las naciones ubicadas en atolones de baja altitud que continúen con su trabajo a la vanguardia de la lucha global por la justicia climática.

Felicito a Kiribati, Maldivas, Islas Marshall y Tuvalu por iniciar el Diálogo de Adaptación de los Atolones y por identificar ocho prioridades concretas para la adaptación de las naciones ubicadas en atolones. Me alegro también de observar como las Islas Marshall se incorporan al Consejo de Derechos Humanos, y se unen a Fiji para elevar la alerta climática en el organismo intergubernamental de derechos humanos líder en el mundo.  

Estoy convencida de que un enfoque basado en la normativa internacional de derechos humanos puede impulsar medidas más consistentes a nivel global y regional contra el cambio climático.

Un enfoque basado en los derechos humanos garantiza que los Estados adoptan políticas climáticas basadas en la rendición de cuentas, la no discriminación, la transparencia, la solidaridad, igualdad, equidad, el empoderamiento y el estado de derecho.

También se basa en el derecho a una reparación eficaz de los daños y perjuicios, una cuestión vital para las naciones de las islas del Pacífico.

De manera específica, un enfoque basado en los derechos humanos promueve una participación considerable de todas las partes interesadas. Las poblaciones indígenas, los mayores, los niños, las personas con discapacidades, las personas que viven en la pobreza y las mujeres suelen quedar marginados y están sometidos a mayores riesgos. Ellos deben formar parte de la solución para el clima.  

Me complace mucho comprobar que las organizaciones de la sociedad civil y los jóvenes se implican en este taller. Debemos asimismo destacar las contribuciones de nuestros mayores. El conocimiento tradicional, que se traspasa de generación en generación y que se va acumulando a lo largo de la historia, puede ayudar a salvar el planeta y las naciones ubicadas en Atolones si este conocimiento, así como los derechos de sus portadores se respeta y protege.

Queridos amigos,

Comencé mi intervención poniendo de relieve el impacto dañino que la COVID -19 añade a la tragedia de nuestra crisis climática.

Pero a la hora de volver a construir tras la COVID-19, como tendrá que hacer cada país, surgirá también la oportunidad de lidiar con el cambio climático construyendo sistemas nuevos que sean más justos y resilientes, en un mundo que sea más limpio y más seguro.

En los meses venideros, conforme los gobiernos y las empresas adoptan medidas para relanzar sus economías y sus sociedades, tendrán el deber de solventar las desigualdades, y de realizar cambios para una transformación a procesos ecológicos, con cero emisiones.

Debemos actuar ahora, ofreciendo apoyo sólido y recomendaciones detalladas que puedan conducir a las mejores decisiones posibles. Y necesitamos de vuestro liderazgo, como poblaciones y representantes gubernamentales de las naciones de los Atolones, para ayudar a marcar el camino a seguir.

Mi Oficina está lista para apoyar vuestros esfuerzos y las medidas que surjan de este taller.

Muchas gracias.