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"Recomenzando la Argentina y la Patria Grande" evento organizado por la Pastoral Social Argentina

Video de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

Monseñor Jorge Lugones,
Monseñores,
Amigos,

Para mí es un honor participar en este evento y compartir con ustedes algunas de mis esperanzas y preocupaciones con respecto a nuestro mundo -- y nuestra región.

En agosto, tuve el honor de discutir estos asuntos tan importantes con el Papa Francisco y subrayar nuestra visión común sobre la gran necesidad de la solidaridad en el mundo.

Necesidad ahora más importante que nunca.

La COVID-19 ya ha cobrado más de un millón de vidas e infectado a más de 30 millones de personas en todo el mundo. Y el desafío no está todavía superado. Las señales de nuevas olas son fuertes y presentes.  

La pandemia ha costado, hasta hoy, unos 500 millones de puestos de trabajo en todo el mundo.  Décadas de desarrollo humano y los logros alcanzados en materia de salud y educación durante la última década, están en peligro.

Junto con la emergencia climática, esta es la amenaza global más grave que hemos enfrentamos en generaciones.

Y ella ha venido acompañada de la más profunda recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Una recesión tan brutal que amenaza con llevarnos al primer aumento de la pobreza mundial desde 1998, empujando a más de 100 millones de personas a la pobreza extrema.

América Latina es una de las regiones más afectadas del planeta. Lamentablemente, se calcula que se puede llegar al medio millón de muertos a fines de año. Y la situación económica es muy preocupante.

En medio a todos estos desafíos globales, vemos también nuestros valores comunes bajo ataque, incluso a través de la difusión de mensajes de odio.

Necesitamos reafirmar nuestra humanidad común.

Esto comienza con cada uno de nosotros. No hay ninguna acción que sea demasiado pequeña.  Todos podemos construir puentes. Todos podemos defender los derechos humanos. Nuestros propios derechos, claro, pero no solamente ellos. Me refiero a defender a los derechos de todos los demás seres humanos. Y a la salud del planeta.

Individualmente, quizás ninguno de nosotros pueda salvar al mundo. Pero todos nosotros podemos servir al mundo. Y ese servicio a los demás quizás constituya la forma más significativa de vivir: beneficia no sólo a los demás, sino también, en un sentido profundo, a nosotros mismos. Para mí, es claro: podemos y debemos expresar el bien común y actuar para apoyar la inclusión, la igualdad, la compasión y la dignidad de cada ser humano.

La pandemia es, en efecto, una tragedia humana - pero también nos presenta la notable oportunidad de cambiar la forma en que hacemos las cosas. Para hacerlo mejor.

No podemos volver a la "normalidad" que hizo a nuestras sociedades tan vulnerables, frágiles y desiguales.

La COVID-19 ha desnudado la inaceptable pandemia de desigualdades en que vivimos.

Los que ya se encuentran en situaciones vulnerables son los que más sufren los efectos sanitarios y socioeconómicos de la COVID-19.

La pandemia debería estimularnos a adoptar medidas fuertes y transformadoras para aumentar las poderosas protecciones que solo pueden ofrecer las políticas basadas en los derechos humanos -- promoviendo la salud pública, la confianza de la población y una mayor resiliencia social y económica.

En el contexto actual, la protección social universal es un instrumento crucial y de vital importancia para permitir el acceso a la atención de la salud y la educación, proteger el derecho a la vivienda y la alimentación y proteger a las personas de la pobreza extrema.

Pero la protección social para todas y todos es un sueño lejano para la mayoría de la población mundial. Según la Organización Internacional del Trabajo, la OIT, el 71% de las personas que viven hoy en día no tienen cobertura de seguridad social, o sólo la tienen de manera parcial e inadecuada. Las mujeres, que muchas veces trabajan en la economía informal, son frecuentemente privadas de protección social.

Los esfuerzos sostenibles de recuperación serán esfuerzos que promuevan la protección social universal, incluida la cobertura sanitaria universal. Esfuerzos que integrarán el acceso a la educación, protegerán el derecho a la vivienda y la alimentación y protegerán a las personas de la pobreza extrema. Y que se basarán en procesos inclusivos y participativos, garantizando la igualdad de oportunidades para todos.

Todas las personas deben beneficiarse de estos esfuerzos basados en los derechos humanos.

Y no puedo subrayar esto lo suficiente: cualquier vacuna contra COVID-19 debe ser distribuida como un bien público mundial.

Sé que son tiempos llenos de incertidumbres, pero soy optimista.

Mi Oficina defiende estos derechos y valores. Valores que son las raíces de la paz y la inclusión. Abogamos por soluciones prácticas al miedo y la injusticia, para que los gobiernos protejan los derechos de toda su población de acuerdo con el derecho internacional. Estamos a favor de mayores libertades. Un mayor respeto. Más compasión. 

Sé que compartimos de estos principios.

Tengo plena confianza de que juntos podemos reconstruir sociedades que los defiendan a ellos. 

Además de ser imperativos legales, los derechos humanos son las herramientas para construir sociedades más estables, más pacíficas y más resilientes.

Cuento con ustedes.

Muchas gracias.