Seguridad en casa, una ilusión para muchísimas mujeres en Iraq


Mujeres iraquís durante una protesta en Bagdad © Ahmad Al-Rubaye/AFP

“Las mujeres de Iraq se enfrentan en la actualidad a varios desafíos adicionales,” afirma Danielle Bell, Jefa de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Iraq.

“Las medidas restrictivas adoptadas para combatir la COVID-19 en Iraq aumentan el riesgo de violencia doméstica, al mismo tiempo que disminuye de forma sustancial la posibilidad de las víctimas de denunciar abusos y de acceder a refugios eficaces, apoyo y a la justicia.”

A medida que la COVID-19 azota el planeta, en muchos países son las mujeres las que sufren las consecuencias de la crisis. Ser las principales encargadas del cuidado y responsabilidades domésticas es solo un aspecto. Las mujeres han de enfrentarse también a un acceso más complicado a asistencia sanitaria debido a las cuestiones de estigma que rodean el virus, además de ser mucho más vulnerables a la violencia en sus propios hogares.

Cuando el pasado 24 de febrero se declaró el primer caso oficial de COVID-19 en Iraq, las autoridades pusieron rápidamente en marcha medidas. Según fueron aumentando los casos, se cerraron las escuelas, universidades, restaurantes y centros comerciales, y se prohibieron las reuniones de muchas personas en mezquitas y otros espacios religiosos. A mediados de marzo, se instaló el confinamiento y toque de queda en todo el país, así como restricciones para viajar.

“A la vez que estas medidas tempranas de prevención eran necesarias para ayudar a impedir la transmisión, el toque de queda ha tenido graves repercusiones para las vidas de las mujeres,” continúa Bell. “Hemos recibido informes de que algunas mujeres no pueden abandonar sus hogares para buscar atención médica debido al estigma y la vergüenza que esto podría conllevar para sus familias, pero también debido a que las normas culturales no permiten que las mujeres se encuentren solas en centros de cuarentena en ausencia de un pariente varón.”

“Una de nuestras mayores preocupaciones es el recrudecimiento de la violencia doméstica en el país, cuyo número de casos no denunciados nos tememos era ya muy alto incluso antes de la pandemia.”

Cuando el hogar no es un lugar seguro

Aunque la Constitución de Iraq prohíbe toda forma de violencia y maltrato en la familia, escuela y en la sociedad, el Código Penal establece que el castigo de una mujer por su esposo supone el ejercicio de un derecho legal y, por tanto, no es delito. Los agresores suelen quedar impunes. No obstante, el gobierno iraquí está demostrando su compromiso para cambiar esto, consiguiendo que el parlamento esté debatiendo actualmente la Ley contra la Violencia Doméstica.

Estos debates se desarrollan en medio de un contexto preocupante para las mujeres y las niñas. A mediados de abril, Naciones Unidas en Iraq confirmó numerosas denuncias de malos tratos terribles, incluyendo la violación de una mujer con necesidades especiales, violencia conyugal, acoso sexual de menores, y suicidios a raíz de violencia doméstica. El Consejo Superior de Poder Judicial de Iraq emitió una circular reclamando a los jueces que usaran todas las disposiciones jurídicas como efecto disuasorio, aunque esto no logrará colmar las lagunas legales. 

El confinamiento afecta a las denuncias

Los medios de comunicación y las redes sociales en Iraq han informado también de un aumento en los actos de violencia doméstica. Por otro lado, las autoridades han observado una disminución de las denuncias oficiales de violencia doméstica, aunque han reconocido en algunos casos que el toque de queda ha contribuido a este descenso.  

La “humillación” de verse expuestas enfrente de vecinos y de la comunidad ha conducido en muchas ocasiones a un número inferior en las denuncias por violencia doméstica. Las víctimas no siempre buscan apoyo por miedo a avergonzar públicamente a sus familias. Este hecho empeora durante el confinamiento domiciliario.  

“A lo largo de todo Iraq, familias enteras son confinadas juntas,” señala Bell. “Con mucha frecuencia, existe presión para resolver disputas familiares, incluyendo la violencia doméstica, sin la intervención de terceras partes debido a la vergüenza y estigma asociados con esta violencia. Se llega entonces a soluciones tensas, y el ciclo de violencia simplemente continúa.”

“Los planes de respuesta de Iraq contra la COVID-19 deben incluir la aprobación de la Ley contra la Violencia Doméstica para permitir la prevención y reparación de la violencia contra las mujeres,” afirma Bell. “Sin duda, este es el momento para que el gobierno iraquí reanude sus esfuerzos para ultimar la ley y organizar los medios que ésta dispone para las mujeres, incluyendo la creación de suficientes refugios sin procedimientos complejos para acceder a los mismos.”

En el contexto de la pandemia de la COVID-19, la firma e implementación de esta ley es más importante que nunca. Las medidas actuales de confinamiento suponen que solamente la mitad de los empleados de las unidades de protección de la familia iraquís estén yendo a trabajar. Estas unidades ofrecían anteriormente un espacio seguro y de apoyo para mujeres víctimas de la violencia. Ahora, las pocas mujeres que consiguen acudir para denunciar un caso suelen ser rechazadas rápidamente, además de tener que conseguir que un juez les firme la denuncia, lo que supone claramente una tarea ardua y compleja. 

En aquellas situaciones donde los agresores han tenido que comparecer ante la justicia, simplemente se les ha obligado a firmar un documento comprometiéndose a no repetir el delito. Otra “solución” que se ha preferido es pedir a las víctimas que se “reconcilien” con los agresores.   

La impunidad para los agresores debe terminar

“Desde el comienzo del toque de queda por la COVID-19 en Iraq, los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de denunciar la violencia doméstica han creado una sensación de impunidad aún mayor para los agresores de estos delitos,” explica Bell. “La violencia contra las mujeres y las niñas es un crimen, y los agresores deben responder ante la justicia.”

Derechos Humanos de las Naciones Unidas está apremiando al Gobierno para que adopte medidas inmediatas. “Es necesario poner inmediatamente a disposición de las mujeres medidas especiales, incluyendo servicios en línea seguros y confidenciales donde presentar denuncias, o suavizar los requisitos para que las mujeres denuncien los malos tratos y obtengan refugios de emergencia,” señala Bell.

Para Bell, la aprobación de la Ley contra la Violencia Doméstica es fundamental en la batalla para salvar los derechos humanos y vidas humanas. “Mientras tanto,” afirma, “los sistemas judiciales deben seguir procesando a los agresores. Las mujeres y las niñas de Iraq, como en cualquier otro país, se merecen el derecho a la protección, y a estar seguras en sus propios hogares.”

13 de mayo de 2020

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