Huir de la trata de seres humanos: La historia de Pamela


Cuando Pamela aceptó la oferta de un amigo de su vecino para ayudarla a viajar a Italia, pensó que estaba aceptando la oportunidad de labrarse un brillante porvenir. La joven tenía 21 años de edad y la promesa de un empleo en Europa era una opción atractiva, comparada con las limitadas perspectivas que le brindaba su Nigeria natal. Le presentaron a un hombre que le dijo que tenía que participar en una ceremonia de juju, un ritual tradicional nigeriano que le aseguraría protección, siempre y cuando cumpliera con todo lo que él le ordenaría. Luego el hombre entregó a Pamela a un chófer de autobús, le dio un billete para el viaje y el número de teléfono de la persona que sería su contacto en Italia.

Pamela viajó a través de Nigeria y Níger, en un autobús repleto de pasajeros de ambos sexos y un mes más tarde llegó a Libia. Allí, los llevaron a una casa que estaba bajo el control de un grupo de nigerianos y de hombres del Medio Oriente, quienes dijeron al grupo que estaba prohibido salir de la vivienda mientras esperaban el barco que los llevaría a Italia. Tras un mes de confinamiento en la casa, en la que presenciaron palizas, violaciones y otros abusos, Pamela y los demás migrantes fueron llevados a la costa, donde subieron a un barco con rumbo a Italia.

Una vez que llegaron a Sicilia, ella y otra viajera del grupo fueron recibidas por un hombre que las condujo a Nápoles, donde las alojó en el apartamento de una nigeriana. La mujer entregó a las jóvenes algo de ropa y unos preservativos, y les explicó que tendrían que ejercer la prostitución en la calle y ganar una media de 100 euros al día, a fin de pagar la deuda de 35.000 euros que habían contraído por el viaje a Europa. Tenían que llevar a los clientes a una “casa de citas” próxima y entregar el dinero que ganaran a la mujer que supervisaba esa casa.  

Pocos días después de haber llegado a Italia, Pamela se vio obligada a trabajar día y noche, vendiendo su cuerpo en las calles y, entre una y otra jornada laboral, la dejaban encerrada bajo llave en el apartamento. El día de trabajo habitual empezaba a las 10 de la mañana y se prolongaba hasta las 9 de la noche; tras algunas horas de descanso, tenía que volver a la calle para el turno de madrugada, que iba de la medianoche a las 6 de la mañana.

Una semana más tarde, tras haber ocultado algún dinero para su uso particular, Pamela abandonó el trabajo una mañana y se dirigió a la terminal de ferrocarril, donde tomó un tren hacia Roma. Allí pidió ayuda a una mujer italiana, que a su vez llamó a la policía; los agentes enviaron a Pamela al local de una ONG denominada BeFree Social Cooperative, que administra un conjunto de albergues para mujeres víctimas de la trata.

“Pamela estaba sumamente traumatizada. Al igual que muchas otras víctimas de la trata, estaba en malas condiciones. Son personas que han pasado por el infierno y han sobrevivido”, afirmó Loretta Bondi, Directora de Proyectos Internacionales de BeFree, organización que recibe apoyo del Fondo de contribuciones voluntarias de las Naciones Unidas para luchar contra las formas contemporáneas de la esclavitud.

Según esta organización, alrededor del 75 por ciento de las víctimas de la trata en Europa son mujeres, la mayoría de Nigeria y de otros países de África Occidental, muchas de ellas han estado expuestas a la violencia sexual y otras vulneraciones de derechos humanos durante el viaje y casi a dos tercios de ellas se les obliga a ejercer la prostitución y son esclavizadas por los traficantes en cuanto llegan a Europa.

“Muchas migrantes que han sido víctimas de la trata de personas no buscan ayuda porque no son capaces de escapar de los traficantes o porque no saben cómo hacerlo, a causa de las barreras culturales o lingüísticas”, dijo la Sra. Bondi.

 “Muchas ni siquiera saben que la trata de seres humanos es un delito. Saben que han padecido violencia y abusos. Pero no saben que son víctimas de un delito internacional y que, por su condición de víctimas, tienen derecho al amparo jurídico”.

Gracias a un donativo del Fondo de las Naciones Unidas, administrado por el ACNUDH, BeFree lleva a los tribunales casos como el de Pamela. Desde que se fundó, hace una década, BeFree ha pleiteado en las cortes numerosos casos en defensa de mujeres migrantes que han sido víctimas del tráfico de personas. En un veredicto histórico obtenido en 2012, un tribunal italiano otorgó a 17 mujeres nigerianas víctimas de la trata una indemnización, pagadera con los bienes confiscados a una banda de 14 traficantes que fueron hallados culpables. 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, hizo hincapié en la importancia de mantener la exigencia de soluciones multilaterales para hacer frente a las redes internacionales que trafican con seres humanos.

“La rendición de cuentas es esencial. La trata de personas constituye una vulneración de derechos humanos que causa daños profundos y es también un delito. Quienes la practican deben ser perseguidos y obligados a rendir cuentas de sus actos”, afirmó el Sr. Zeid en un debate reciente en el que las partes interesadas examinaron el Plan de Acción Mundial para Combatir la Trata de Personas. “Debemos seguir insistiendo en que se otorgue la máxima importancia a la protección y asistencia a las víctimas. Muchas son migrantes –a menudo, mujeres y niños- que han sido engañadas o secuestradas. Y son personas sometidas a la compraventa, la explotación sexual, el trabajo forzado, la extracción de órganos y otras modalidades de explotación sumamente abusivas”.

La Oficina del ACNUDH, a través del Fondo de contribuciones voluntarias de las Naciones Unidas para luchar contra las formas contemporáneas de la esclavitud, ha asignado varios millones de dólares estadounidenses a la financiación de proyectos de organizaciones como BeFree, que prestan servicios capaces de transformar la vida de personas que han sido víctimas de la trata de seres humanos, la prostitución forzosa y otras formas modernas de esclavitud.

En los centros de apoyo de BeFree, las supervivientes de la trata reciben asistencia letrada, asesoramiento psicológico, cursos de idiomas y talleres de orientación cultural que les informan de sus derechos y promueven la comprensión de las costumbres locales de las comunidades de acogida.

“Es una lucha permanente para tratar de identificar a las víctimas de la trata, a fin de proporcionarles la asistencia que necesitan. Muchas no logran escapar de los traficantes o tienen miedo de exponer su situación”, dijo la Sra. Bondi. “Pero siempre nos reconforta la inmensa capacidad de recuperación de las que hemos logrado salvar y su determinación de asumir la responsabilidad de su propio futuro”.

ACTÚE:

Apoye a los supervivientes de la trata de seres humanos – ayúdeles a reconstruir su vida. Haga aquí un donativo al Fondo de contribuciones voluntarias de las Naciones Unidas para luchar contra las formas contemporáneas de la esclavitud:
 http://www.ohchr.org/EN/Issues/Slavery/UNVTFCFS/Pages/Howtocontribute.aspx

Creado en 1991 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Fondo de contribuciones voluntarias para luchar contra las formas contemporáneas de la esclavitud ayuda a las víctimas cuyos derechos humanos han sido gravemente vulnerados como consecuencia de la esclavitud moderna.

28 de julio de 2017

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