Cuando se defiende a las niñas, se defiende a todas las personas


Para Francis Oko Armah, cuando uno asume la defensa de las jóvenes y las mujeres, está defendiendo a todas las personas.

Francis Oko Armah (al centro) fotografiado con otros jóvenes activistas durante un festival de arte callejero en Accra (Ghana). Créditos: © Eugene Odoi“La gente debería saber que cuando uno defiende los derechos humanos de las niñas y las mujeres, está defendiendo los derechos de todo el mundo”, afirmó Armah. “Cuando uno es capaz de comprender las desigualdades e injusticias que afrontan nuestras niñas y jóvenes, y defiende sus derechos humanos, eso significa que está defendiendo los derechos humanos de todos los demás”.

Armah es un joven activista de Accra (Ghana), donde trabaja con jóvenes, en particular con mujeres y niñas, para fomentar sus conocimientos sobre la salud reproductiva y su acceso a soluciones en materia de salud. Esta labor la lleva a cabo por diversos medios, entre otros las redes sociales, la prensa tradicional, el trabajo en las escuelas e incluso mediante la celebración de debates para jóvenes en locales comunitarios. Armah realiza esta labor en zonas rurales del norte de Ghana.

La educación es fundamental para alcanzar la autonomía

Armah vio que muchas jóvenes y mujeres adultas carecían de conocimientos suficientes en materia de salud sexual y reproductiva, lo que causaba embarazos precoces y complicaciones, y comprendió que era fundamental mejorar la información que recibían, para que pudieran exigir sus derechos humanos en lo relativo a asumir el control de sus cuerpos, su salud y su educación.

Pero Armah encontró cierta resistencia al tratar de incorporarse, en tanto que joven activista, a un diálogo que se consideraba competencia exclusiva de las mujeres. Pasó algún tiempo antes de que lograra instaurar la confianza necesaria con las niñas y las mujeres, muchas de las cuales se preguntaban “¿pero qué puede saber un hombre acerca de la menstruación?” También tuvo que luchar contra los estereotipos de otros hombres, que dudaban que fuera “lo suficientemente hombre” como para hablarles de sexo seguro y preservativos.

La clave para convencer a ambos grupos fue la comunicación, dijo Armah. Los jóvenes lo veían como alguien que escuchaba sus problemas y preocupaciones, lo que para muchos de ellos era una novedad. Y Armah les facilitaba un espacio para que plantearan sus interrogantes y recibieran información.

“Una de las estrategias que funcionó bien…. fue la de celebrar algunos debates… entre jóvenes de ambos sexos sobre salud sexual… y derechos”, explicó. “Y a medida que chicos y chicas exponían sus ideas, el intercambio se desplazaba de un diálogo conmigo a un debate general entre ellos acerca del tema”.

El esfuerzo de Armah para mejorar el acceso a la salud sexual y reproductiva y la información relativa al género, le llevó en 2017 al Consejo de Derechos Humanos, donde participó en una mesa redonda que examinó la forma de mejorar el acceso a ese tipo de información. En Ginebra, el joven activista aprendió las mejores tácticas para promover el cambio.

“Conocí las diversas dimensiones del tema en distintos países y las tácticas que se usan en ellos”, dijo Armah. “Desde que regresé a mi país, he tratado de aplicar algunas de esas lecciones en mi estrategia, en la ejecución de mi trabajo y los retos a los que me enfrento”.

Cumplir su función de defensor de derechos humanos

A pesar de su activismo en pro de los derechos de los jóvenes al acceso y la información sobre la salud sexual y reproductiva, y de sus esfuerzos por lograr que las niñas y las mujeres tengan más control sobre sus propios cuerpos, sólo en fechas recientes Armah se dio cuenta de que era un defensor de derechos humanos.

Ocurrió durante uno de los animados debates que coordina, en los que los jóvenes discuten sobre las diferentes modalidades de explotación sexual y los casos de abusos. Una joven se le acercó al final de la reunión y le confesó que era víctima de abusos, pero nadie le creía. La joven quería que alguien frenara al abusador o que la comunidad supiera lo que estaba pasando. Armah ayudó a la joven en la búsqueda de asesoramiento y denunció el caso a través de los servicios sociales. Ella le explicó a Armah que se había dirigido a él, aunque era un hombre, porque había visto cómo defendía a las chicas. En toda su vida, ningún hombre la había defendido.

“Comprendí que no tenía por qué limitarme a escuchar los relatos de la gente, sino que podía actuar”, dijo Armah. “En ese momento comprendí que lo que hacía era defender los derechos humanos de los demás”.

“La educación, en particular la relativa a la salud sexual y reproductiva, es un derecho humano importante que es preciso defender, porque empodera a los jóvenes, sobre todo a las niñas y las mujeres, para que puedan alcanzar la autonomía completa de sus cuerpos y aprendan acerca de su salud y sus derechos.  Esa educación también orienta a los niños y los muchachos hacia una forma positiva de masculinidad que contribuye a crear un mundo más igualitario”, declaró Armah. 

8 de febrero de 2019

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