Un antídoto contra las sociedades injustas


Hace ya más de diez años, algunos educadores en derechos humanos de la India empezaron a impartir clases a sus alumnos acerca de sus derechos, los principios de la no discriminación y la igualdad, y la manera en que estos se aplicaban en la vida cotidiana.

Premalatha, una joven estudiante de derechos humanos de una pequeña aldea de Tamil Nadu, en la India meridional, es uno de los 300.000 niños indios que se beneficiaron de las iniciativas que apoyaron el Programa de las Naciones Unidas de educación y formación en materia de derechos humanos, el gobierno y la sociedad civil.

“En la aldea, mi familia es de una casta inferior”, explicó Premalatha. “Mi madre es obrera de la construcción; mi padre, chófer de camión. Ellos me obligaban a hacer todo el trabajo, nunca a mis hermanos; en nuestra familia, sólo se valora y apoya a los chicos”.

Gracias a la educación que recibió, Premalatha tiene ahora una nueva perspectiva sobre las tradiciones centenarias que todavía persisten a lo largo y ancho de la India. “No creo que haber nacido mujer sea un problema”, afirma. “Me denegaron mis derechos. Pero esos derechos me pertenecen desde que nací. Desde que estudié acerca de los derechos humanos he querido llegar a ser maestra. Quiero impartir enseñanza sobre los derechos humanos”.

Hace cinco años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre educación y formación en materia de derechos humanos, bajo la premisa de que la educación fomenta valores, creencias y actitudes que alientan a todas las personas a defender sus derechos y los de los demás.

Sus promotores creen que, a largo plazo, la educación en materia de derechos humanos puede contribuir a prevenir los abusos de derechos humanos y que constituye una inversión importante para lograr una sociedad más justa, en la que se valoren y respeten los derechos de todos.

En el último periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, los expertos reflexionaron sobre los logros alcanzados cinco años después y las mejoras que podrían efectuarse en los programas de educación en materia de derechos humanos que promueven esas normas universales en el mundo entero.

Al inaugurar la mesa redonda, la Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Sra. Kate Gilmore, recordó que la aprobación de la Declaración formó parte de un proceso normativo que había comenzado con la Declaración Universal de Derechos Humanos, que encargó a cada persona y cada institución la  promoción de los derechos humanos mediante la educación.

La buena noticia es que eso es lo que está ocurriendo”, dijo la Sra. Gilmore. “Un informe  publicado recientemente por mi Oficina en el contexto del Programa Mundial señaló que, en determinados países, las instituciones desarrollan cada vez más programas de educación en materia de derechos humanos, con mejores herramientas y metodologías, y con más colaboración de los departamentos gubernamentales y más cooperación entre gobiernos, universidades, instituciones nacionales de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales”.

En Costa Rica, la educación en derechos humanos se basa en la tradición pacifista del país, señaló la Ministra de Educación, Doña Sonia Marta Mora Escalante. La abolición del ejército y la inversión, en 2014, del 8 por ciento del PIB en educación fueron, dijo la Ministra, señales inequívocas de la voluntad de forjar una cultura de paz basada en el respeto de los derechos humanos.

La Sra. Mora Escalante expuso el caso de un joven de 13 años de edad, al que le denegaron el acceso a la escuela porque llevaba el cabello largo y trenzado al estilo rastafari. Tras analizar los convenios internacionales y el derecho nacional, el Ministerio dejó sin efecto la normativa interna de la escuela que afectaba a la identidad cultural de las personas “en reconocimiento de la especificidad cultural de la población negra, para permitir que los estudiantes, como este joven que acudió a nuestra autoridad, expresen libremente su identidad cultural”.

En 2003, Brasil aprobó su primer Plan nacional de educación en materia de derechos humanos, tras haber aplicado políticas sobre dicha educación durante los dos últimos decenios. Los planes sucesivos sirvieron de herramienta de orientación en ámbitos tales como la educación básica, la enseñanza superior, la educación informal, la formación de los funcionarios de la policía y el sistema judicial, y la educación para los medios de comunicación.

“Una vez que hemos reconocido y aceptado la educación en materia de derechos humanos como un derecho humano en sí misma, es ineludible adoptarla y aplicarla como un medio de empoderamiento y una fuente de inspiración para el cambio social, habida cuenta de su capacidad transformadora y emancipatoria”, declaró la Sra. Flavia Piovesan, Secretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de Brasil.

La Sra. Piovesan añadió que la persistencia de las violaciones de derechos humanos puede explicarse por la existencia de tradiciones culturales de abuso y violencia. “La mejor respuesta –el antídoto real- es la transformación de esas pautas culturales de transgresión en pautas culturales de promoción de los derechos. Para lograrlo, la educación en materia de derechos humanos es sin duda la herramienta más eficaz”.

Para el Sr. Driss El Yazami, Presidente del Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos, la educación y la formación son sumamente importantes para garantizar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Un país que cuenta con ciudadanos instruidos que conocen sus derechos, señaló, es un país que ha dado un paso hacia la democracia.

El Centro para la prevención de la radicalización que conduce a la violencia, con sede en Montreal, Quebec (Canadá), se hace cargo de personas radicalizadas y colabora con sus familias para rehabilitarlas e infundirles un sentimiento de empatía hacia los demás seres humanos.

El Director Ejecutivo del Centro, el Sr. Herman Deparice-Okomba, señaló que la prevención del extremismo violento exige la garantía de que los derechos humanos seguirán influyendo en la vida social y política de nuestras sociedades.

“Todos nuestros instrumentos, actividades, cursos de capacitación y talleres de sensibilización tienen por objeto fomentar la comprensión, la tolerancia, la igualdad de género y la convivencia”, afirmó. “Alentamos a nuestros jóvenes a que participen en la vida democrática y desarrollen actitudes y conductas cívicas de apertura, respeto y aceptación de la diversidad”.

29 de septiembre de 2016

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