Cuando las mujeres indígenas alcanzan el poder, equilibran la identidad, el género y la política


Un grupo de mujeres indígenas espera en cola para votar en las elecciones generales en Santiago Atitlán (Guatemala), en septiembre de 2007. Créditos: © AFP PHOTO/Eitan ABRAMOVICH“Ser intrépida es saber lo que tú quieres, no dejar que los demás te definan”, declaró Ethel Blondin-Andrew.

Blondin-Andrew es miembro de la nación dene de Canadá y fue la primera mujer indígena elegida para ocupar un escaño parlamentario en ese país.  Desempeñó cargos políticos durante 17 años y en 12 de ellos formó parte del Ejecutivo. Ha sido dirigente de su comunidad y representante de otros pueblos indígenas. Blondin-Andrew afirmó que su cultura indígena no fue un obstáculo (aunque muchos trataron que así fuera) sino un elemento que le ayudó a lograr un audaz éxito en política. 

“Entré en política porque pensé que podría cambiar las cosas, porque sentí que mi fuerza y mi entusiasmo serían imparables, una vez liberados por la acción de quienes trataban de menospreciarme”, dijo Blondin-Andrew. Su abuela, una gran matriarca, fue una fuente de motivación para ella. “Desde que yo era niña, mi abuela me enseñó que mi vida podía ser mucho más de lo que la gente creía que debería ser. Y esa idea me acompañó a lo largo de la carrera y de toda mi acción política”. 

La historia de Blondin-Andrew fue una de las siete biografías que contaron las mujeres indígenas que habían desempeñado cargos políticos de alto nivel en sus respectivos países, en el marco de una mesa redonda de debates coordinada por el Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (EMRIP, por sus siglas en inglés) en la sede de las Naciones Unidas. El panel, que llevó por título “Mujeres indígenas en el poder”, ofreció una oportunidad para poner de relieve los éxitos y compromisos de las mujeres indígenas que han alcanzado puestos políticos de importancia, así como para inspirar a otras personas.

La moderadora, Carolyn Rodrigues Birkett, una indoamericana de Guyana que ocupó un escaño en el parlamento de su país de 2001 a 2015 y que actualmente trabaja en la FAO, definió su experiencia en política, en tanto que mujer indígena, como un acto de equilibrio. 

“En mi condición de indígena… mi labor era transversal”, declaró. “Era preciso fomentar la confianza tanto entre las personas cuyas vidas quería cambiar, como entre los miembros del gabinete y el parlamento que, a fin de cuentas, tendrían que aprobar las leyes, medidas, programas y presupuestos. Era fundamental lograr la confianza de ambos grupos y tener la capacidad de convencerlos de que esas políticas serían mutuamente ventajosas”.

El camino hacia la política

“Nunca me planteé la posibilidad de dedicarme a la política”, dijo Janine Lasimbang, oriunda de Malasia.

Lasimbang, miembro del grupo étnico kadazan, es una diputada estatal que cumple su primer mandato. Durante 32 años ha promovido los derechos de los pueblos indígenas y en 17 de esos años trabajó como capacitadora y organizadora. Esta experiencia le demostró que para reformar la comunidad es preciso cambiar las leyes.

“Yo sabía que si no cambiábamos las leyes y las políticas, siempre estaríamos aplicando remedios parciales y por eso trato de colaborar con las comunidades”, declaró.

Sara Olsvig, miembro de la comunidad inuit de Groenlandia, dijo que su trayectoria le había llevado de la política en términos de relaciones de poder con el Estado a la atención de los asuntos sociales: preocupaciones relativas a las condiciones de vida, la situación social y otros temas, especialmente en lo tocante a los niños indígenas. 

Olsvig fue simultáneamente diputada en el parlamento de Dinamarca (en representación de Groenlandia) y en el de Groenlandia, y allí descubrió que con su trabajo podía inducir determinados cambios, tanto de ámbito nacional como local. No obstante, afirma que para los problemas que afronta la comunidad indígena, en particular los niños, este nivel de participación resultaba demasiado lejano. En la actualidad, Olsvig es directora de UNICEF-Dinamarca en Groenlandia. 

“En mi opinión, es muy importante que recordemos siempre quién es el destinatario de nuestros esfuerzos, para quién tratamos de lograr autonomía en el futuro, más autodeterminación y autogobierno. Es para los niños”, declaró Olsvig. 

La maternidad no frenó su actividad. Su liderazgo como ministra se hizo más sólido durante el embarazo. “El hecho de tener un bebé en el vientre me aclaró mucho las ideas”, afirmó.

En algunos casos, la trayectoria que las condujo a la política fue más directa. Anna Otke es miembro de la étnia chukchi que vive en el norte de la Federación de Rusia y en la actualidad representa a su región en el Consejo Federal de Rusia. Otke, que fue titular de una beca en el Programa para asuntos indígenas de la Oficina del ACNUDH, explicó que su trabajo en las cuestiones indígenas la llevó con toda naturalidad a la labor política.

“Para la gente real, que así se autodenominan todos los pueblos indígenas de Rusia, el fin de la política consiste en vivir una vida digna de sus ancestros en un mundo que cambia con suma rapidez”, declaró Otke.

La identidad refuerza la política

Para Zakiyatou Oualett Halatine de Malí, su desempeño como ministra del gobierno de su país fue el último peldaño de la escalera por la que logró realizar sus sueños. Para llegar a ese punto, se apoyó en la labor que otros habían efectuado y aprovechó el sistema vigente para alcanzar a los 15 años, cuando todavía era una niña pobre y nómada, una prestigiosa beca, que le permitiría luego obtener un diploma de ingeniería y más tarde convertirse en una figura política que lucha por los derechos de los pueblos indígenas.

El apoyo de su familia le confirió fortaleza. De su madre aprendió que cuando uno desea hacer algo, tiene que empezarlo bien y terminarlo bien, y de su padre aprendió a alzarse por encima de los prejuicios. 

“Si alguien te dice que no eres más que una pobre mujer, responde: Sí. Tengo dos manos, dos piernas y una cabeza. ¿Cuántas tienen los hombres?, pregunta Zakiyatou.

Joenia Wapichana ha sido una pionera durante toda su vida. Miembro de la comunidad wapichana de Brasil, Joenia fue la primera indígena que obtuvo un diploma de abogada y la primera en ser elegida diputada al parlamento nacional. Galardonada con el Premio de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2018, Joenia aprovecha su notoriedad para promover los derechos de los hombres y las mujeres indígenas en Brasil y en la arena internacional. Afirma que su “dualidad” –el hecho de ser mujer e indígena- le ha proporcionado una perspectiva privilegiada y una fuerza singular.

“Estoy aquí porque sé quién soy. Estoy aquí porque conozco a mi pueblo. Sé adónde quiero llegar y sé que todos somos parte de este planeta. Tenemos que proteger las tierras y los derechos de los pueblos indígenas”.

El 9 de agosto de cada año, más de 370 millones de indígenas que viven en 90 países son honrados mediante la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo.

9 de agosto de 2019


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