Convertir las ciudades en motores del crecimiento sostenible basado en los derechos humanos


Las personas sin hogar, que duermen en cartones tendidos en las calles de París, bajo los puentes de Ginebra o en un parque de Londres, a pocos metros de lujosos hoteles de cinco estrellas, se han convertido en un hecho cotidiano a medida que millones de ellas buscan seguridad y oportunidades en ciudades del mundo entero.

Las Naciones Unidas calculan que el 60 por ciento de los 14,4 millones de refugiados y el 80 por ciento de los 38 millones de desplazados internos que hay en el planeta están trasladándose a zonas urbanas, donde reside actualmente más de la mitad de la población mundial.

Los movimientos en gran escala de personas que tratan de mejorar su existencia y vivir en seguridad, lejos de los conflictos, plantea tanto oportunidades como desafíos para las ciudades, que coordinan la aplicación de la Nueva Agenda Urbana, aprobada en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo sostenible (Hábitat III), que tuvo lugar recientemente en Quito (Ecuador).

“El número de personas que se trasladan en la actualidad es superior al de cualquier otro momento del pasado, ya sea por elección propia o porque no tienen ninguna otra opción. Las ciudades, que son el corazón palpitante de la sociedad mundializada, deben humanizar el contexto en el que habitan personas muy diversas”, declaró la Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Sra. Kate Gilmore, ante 30.000 funcionarios locales y regionales, planificadores urbanos y grupos comunitarios y de la sociedad civil congregados en la conferencia. ”De modo que invertir para integrar en la ciudad a migrantes y refugiados no sólo es lo correcto, sino también lo más inteligente que se puede hacer”, añadió.

Las ciudades pueden asumir el liderazgo mediante la defensa de los derechos y la dignidad de sus habitantes, dijo la Sra. Gilmore. “Pero en la actualidad, a causa de los desahucios, la falta de seguridad en la tenencia, la carencia de acceso a los servicios esenciales y la lenidad hacia la intolerancia, la ciudad es, en muchísimos casos, un agente de deshumanización”, afirmó.

Alrededor del 25 por ciento de los habitantes de zonas urbanas vive en barrios marginales y carece de acceso a los servicios básicos. La Alta Comisionada Adjunta se refirió a la necesidad de humanizar las ciudades, mediante políticas de planificación urbanística basadas en los derechos humanos, que otorguen prioridad a la protección e integración de migrantes, refugiados y otras minorías, para garantizarles una vivienda adecuada y combatir la discriminación, en particular la que se ejerce contra las personas más necesitadas de amparo.

En una sesión especial dedicada a la migración y los refugiados, el debate puso de relieve la función decisiva y las contribuciones de migrantes y refugiados al desarrollo de las ciudades.

“Los refugiados, los desplazados internos y los apátridas poseen capacidades, talentos y aspiraciones, y se sienten atraídos por las oportunidades que ofrecen las ciudades”, dijo Steven Corliss, Director de la División de Gestión y Apoyo de Programas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). “Estas personas vienen en busca de cosas que la mayoría de nosotros damos por sentadas: trasladarse libremente y sin miedo, tener un hogar decoroso, hallar un empleo digno para mantener a sus familias, educar a sus hijos, visitar a un médico cuando se enferman y atreverse a soñar con un futuro mejor”.

La Nueva Agenda Urbana ofrece un plan de acción para las dos próximas décadas, orientado a coordinar al crecimiento de pueblos y ciudades para velar por el acceso equitativo a la vivienda y los servicios urbanos básicos, y promover ciudades más limpias y ecológicas, que en el futuro sean motores del desarrollo sostenible.

28 de octubre de 2016
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