“Porque tu opinión es válida”


En noviembre pasado, Mary Consolata Namagambe, estudiante de derecho y activista de derechos humanos de Dinamarca, fue seleccionada para participar en el Programa de Becas del ACNUDH para Afrodescendientes.

Fotografía de Mary Consolata Namagambe sosteniendo un paquete de almohadillas sanitarias reusables que su empresa elabora. Créditos: She for She/ Mary Consolata Namagambe. © She for She/ Mary Consolata NamagambeLa joven quería escuchar las experiencias de otros becarios del programa y aprender a reforzar su activismo mediante el aprendizaje sobre los diversos mecanismos del sistema de las Naciones Unidas.

Las semanas que pasó en el programa le proporcionaron mejores perspectivas acerca de su propia lucha. “Ahora sé que no se trata únicamente de mi sensibilidad personal, porque en las Naciones Unidas y los convenios de derechos humanos hay mecanismos que protegen a las personas de mis características”, afirmó.

A los nueve años de edad, Namagambe abandonó su país de origen, Uganda, y se mudó a Dinamarca con sus padres. Muy pronto, se percató de que era diferente. Al principio, la atención que sus condiscípulos le dispensaban le hizo sentirse especial.

“Yo fui la primera niña africana de piel oscura que se incorporó a la clase y todos estaban muy alborotados conmigo. Querían tocarme, acariciarme el pelo… De modo que me sentía diferente, pero de forma positiva”, recuerda. “Pero mientras más entendía el idioma más me percataba de los apodos que los demás niños me ponían”. 

Muy pronto, Namagambe empezó a oír los insultos raciales que le dirigían. Al principio no entendía su significado, pero de manera instintiva comprendió que eran expresiones despectivas. “Neger” es un término danés que suele traducirse como negro, pero en su peor acepción equivale a “niche” (en inglés: nigger).

“Para mí fue muy difícil crecer en Dinamarca sabiendo lo que mi color significaba y, al mismo tiempo, desarrollar mi autoestima. En la televisión, nadie se parecía a mí y cuando abría un periódico, no había ninguna foto de una persona de aspecto semejante al mío”, afirma la joven activista.

Namagambe también se sintió marginada del ámbito político, porque en los mensajes de campaña de los partidos nunca figuraban afrodescendientes. Recuerda la decepción de sus padres cuando, al volver a casa tras un día de trabajo, hablaban de la marginación y discriminación que padecían por parte de los daneses.

Activismo juvenil

“Cuando mis ideas maduraron, reivindiqué el hecho de que también yo formaba parte de esos daneses y por ese motivo no iba a limitarme a debatir el asunto en el hogar. Iba a entablar un diálogo más amplio, en todo el país. Iba a decirles a los daneses cómo se sentía una persona afro-danesa”, señala la joven activista.

“Así empezó mi activismo. Me dije que yo vivía aquí, que amaba este país y quería enseñarle a la gente con la que convivía cómo debían tratarme y cómo debían dirigirse a mí, de modo que pudiéramos convivir mejor”, añade. 

A los 24 años de edad, Namagambe se propuso crear una plataforma para que los afrodescendientes pudieran hablar sobre lo que significaba para ellos que los llamaran ‘niches’ y para reflexionar sobre las vivencias que habían experimentado cuando eso ocurría. Y creó una organización denominada The N-word Hurts [‘La palabra que empieza con N hace daño’]. 

“Era un proyecto muy delicado, porque podía verme reflejada en él. Podía verme cuando era más joven y me acosaban. Para mí era muy importante crear un espacio donde expresarme, mantener una conversación con mis condiscípulos daneses y enseñarles el daño que esa palabra nos infligía”, afirma. 

Namagambe creó también la plataforma Udlændinge vejleder udlændinge, [‘Extranjeros que guían a otros extranjeros’], que opera en inglés, un programa de orientación entre homólogos destinado a asesorar a los estudiantes extranjeros recién llegados que encuentran dificultades para desenvolverse en el sistema educativo de Dinamarca. 

Posteriormente, Namagambe trató de ayudar a las jóvenes y las mujeres de su país natal. Al igual que ocurre en otros lugares del mundo, muchas niñas y adolescentes ugandesas se ven obligadas a permanecer en casa varios días al mes, debido al ciclo menstrual. El costo prohibitivo de las almohadillas sanitarias les impide comprarlas todos los meses, por lo cual no pueden asistir a la escuela ni ir a trabajar durante la menstruación. 

Namagambe fundó la empresa She for She [‘Ella para ella’], que produce  almohadillas sanitarias reusables en varios países africanos. Fue su manera de empoderar a las muchachas y mujeres de Uganda. Su empresa se ha extendido a otros países del continente. 

Ahora, la joven reflexiona sobre los comienzos de su activismo.

“Cuando empecé, fue sobre todo porque no quería quedarme de brazos cruzados y limitarme a escuchar. No quería caer en la indignación pasiva. Quería tomar parte en el diálogo”, afirma. “Si usted ve que en su comunidad ocurre algo que no es correcto, si puede sentir en lo más profundo que la situación es injusta, entonces ¡hágale frente!”.

“Porque su opinión es válida. Incluso si al principio usted duda y se pregunta ‘¿Me están escuchando?’, ‘¿Tiene importancia lo que hago?’, debe seguir opinando”.

Véase también