El uso desmedido de intervenciones biomédicas ignora la complejidad emocional de los humanos, afirma experto de las Naciones Unidas


Un terapeuta de arte trabaja con un joven autista alojado en el hospital mental de día, durante un encierro de COVID-19 en París, Francia, el 7 de mayo de 2020. © Loic VENANCE/AFP

“Con demasiada frecuencia, el cuidado global de la salud mental recurre a un enfoque denominado ‘loco o malo’, el cual ignora los derechos humanos y justifica una coerción generalizada con el objetivo de prevenir comportamientos considerados peligrosos o proporcionar tratamiento sin consentimiento considerado necesario desde el punto de vista médico,” explica Dainius Puras, Relator Especial sobre el derecho a la salud.

Puras estaba presentando el último informe de su mandato al Consejo de Derechos Humanos.

Para el experto, el predominio del modelo biomédico para explicar los trastornos emocionales ha resultado en un uso desmedido de la medicalización y la institucionalización, a la vez que se ha ignorado los contextos social, político o existencial que contribuyen a manifestaciones de desórdenes mentales.

El experto apreció los avances conseguidos para entender la función de los medicamentos psicotrópicos, pero también su efectividad limitada, lo que no es comparable a otras medicinas que son fundamentales para determinadas condiciones físicas. “Desgraciadamente, los efectos secundarios de las medicinas psicotrópicas y sus daños asociados se han minimizado en la bibliografía publicada a la vez que se han exagerado sus beneficios,” destacó Puras.

“Este hecho ha conducido a menudo a un número excesivo de diagnósticos y a un uso desmedido de intervenciones biomédicas, sin procurar de este modo intentar entender el complejo contexto de los humanos en la sociedad y dando a entender que existe una solución simplificada y mecánica para los trastornos mentales.”  

El legado de una medicalización excesiva refleja una reticencia a enfrentarse al sufrimiento humano de forma significativa e integra una intolerancia hacia la diversidad de emociones que todos experimentamos en la vida.

El experto planteó además que el modelo biomédico actual corría el riesgo de legitimar prácticas coercitivas y arraigar la discriminación contra grupos marginalizados, como personas con discapacidades, personas que viven en la pobreza, consumidores de drogas, personas mayores, y niños y adolescentes.

El experto enumeró los principios clave para un enfoque basado en los derechos humanos en la atención a la salud mental, “dignidad y autonomía, seguidos de inclusión social, participación, igualdad y no discriminación, diversidad de cuidados para el desarrollo de respuestas aceptables y de calidad, así como la importancia de los factores determinantes en la salud mental.”

Puras también resaltó que las instituciones se han convertido en focos de COVID-19; personas en instituciones psiquiátricas, en residencias de ancianos, y bajo detención han sido más vulnerables al virus tal como demostraron las elevadas tasas de contagio y de mortalidad que se han visto en estas instituciones.

“La pandemia ofrece a la comunidad global una oportunidad única para demostrar voluntad política para dejar atrás la medicalización y la institucionalización en el cuidado de la salud mental,” añadió Puras, reclamando la desaparición definitiva de instituciones psiquiátricas segregadas que reflejaban el legado histórico de exclusión social, privación, estigma y discriminación.

24 de julio de 2020

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