Las personas de edad avanzada necesitan que sus derechos humanos estén mejor protegidos


“Creo que el mayor de los problemas que los ancianos afrontan actualmente es la invisibilidad. No logran reconocimiento. Nadie los ve”.

Mujeres de la localidad trabajan en Lesuata (Timor-Leste). Créditos: © UN Photo/Martine Perret Idah Mukuka Nambeya lo sabe todo acerca de la invisibilidad de las personas de edad avanzada. En su condición de asesora principal del programa Grandmothers to Grandmothers [De abuela a abuela], Nambeya dedica gran parte de su tiempo a trabajar con ancianas de diversas comunidades africanas.  Estas mujeres han tenido que hacerse cargo de niños pequeños, desempeñar distintos trabajos, apoyar a sus familias y muchas otras actividades, en comunidades que han perdido a generaciones enteras a causa de la crisis del VIH y el sida. 

“Esas mujeres han contribuido mucho a proteger nuestras comunidades”, afirma la activista. “Sin ellas, nuestras sociedades se habrían desintegrado”.

Las abuelas se enfrentan a muchas dificultades, asegura Nambeya. Eso se debe, sobre todo, a que nadie les presta atención. Las iniciativas y las ayudas suelen centrarse en los jóvenes y los niños. Incluso el derecho internacional de los derechos humanos tiende a prestar atención a los jóvenes, pero deja rezagados a los ancianos.

“Dicen que todos tenemos derechos, pero esos derechos no se extienden a las personas mayores”, afirma Nambeya. “Estamos dejando rezagados a los ancianos. Nosotros pedimos que se codifiquen los derechos de los mayores. Las personas de edad avanzada deberían estar amparadas por una ley”.

En fecha reciente, el Consejo de Derechos Humanos debatió acerca de las lagunas específicas de derechos humanos que afectan a la protección de las personas mayores. Los debates se centraron en los problemas que afrontan las mujeres mayores, así como en qué puede hacerse, mediante la cooperación técnica y el aumento de capacidades, para mejorar el disfrute de los derechos de los ancianos en general.

Un problema que va a más

Es preciso que se reconozcan y se aprovechen las contribuciones de las mujeres de edad avanzada, declaró la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. Casi la cuarta parte de las mujeres mayores de 60 años trabajan actualmente, muchas de ellas en la agricultura y otras labores del sector informal. En el África Subsahariana, el 42 por ciento de las mujeres mayores de 65 años siguen activas en el mundo laboral.

“Numerosas mujeres mayores realizan tareas domésticas o proporcionan cuidados, labores por las que no reciben retribución alguna y que no se computan en la economía formal, pero sin las cuales muchas sociedades apenas podrían funcionar”, afirmó Bachelet. “Es preciso que se proporcione apoyo público a esos servicios para proteger los derechos de quienes los necesitan y de quienes los proporcionan”. 

En un informe elaborado por la Oficina del ACNUDH,* en el que se examinan los derechos de las personas de edad, se llegó a la conclusión de que con demasiada frecuencia los ancianos son víctimas de discriminación, abandono, marginación y otras violaciones de derechos humanos, y que la comunidad internacional no ha prestado la atención suficiente a esos obstáculos. 

“La participación de las personas mayores en la vida económica y social también podría correr peligro debido a las imágenes negativas de los ancianos que prevalecen en la opinión pública”, advierte el informe. “A pesar de esas realidades, en el ámbito de los derechos humanos todavía es muy escasa la notoriedad de los asuntos relativos a los ancianos”. 

El creciente número de personas de edad avanzada que hay en el mundo ha generado el reto de reconocer y mejorar de manera específica sus derechos humanos. En 2018, por primera vez en la historia, hubo en el mundo más personas mayores de 65 años que niños menores de cinco, señala el informe. Se calcula que de aquí a 2050 el número de mayores de 65 años se duplicará en el mundo entero. 

“Esta longevidad es el resultado de los más importantes logros de la humanidad – la consecuencia de la reducción de la mortalidad por causas prevenibles, de la salida de la pobreza extrema de millones de personas, de los avances sociales, médicos y de atención sanitaria que hoy permiten que muchos de nosotros vivamos más años, con mejor salud y con más seguridad”, declaró la Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Kate Gilmore.

El dividendo de la vejez saludable

Una manera de aprovechar el potencial de esta creciente población de mayores consistiría en crear una estrategia más coherente para invertir en cuidados sanitarios, declaró el Dr. Ruediger Krech, director del Departamento de Promoción de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En vez de ver la vejez como un problema que debemos prevenir, es preciso adoptar la idea del envejecimiento saludable, afirmó.

“El envejecimiento saludable es un asunto de cuidados sanitarios y de derechos humanos, así como una cuestión económica y social”, dijo Krech. “No se trata únicamente de vivir muchos años, sino de tener una vida más sana”.

Otra iniciativa posible sería aprobar una nueva convención que protegiera los derechos humanos de las personas de edad, afirmó Andrew Byrnes, profesor de derecho de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). En debates celebrados recientemente en el marco del Grupo de trabajo de composición abierta sobre los derechos humanos de las personas de edad, con la participación de la Experta Independiente de las Naciones Unidas sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad, quedó claro que un tratado podría codificar las obligaciones en la materia que tienen los Estados y que no están estipuladas de manera específica en las normativas actuales de derechos humanos. 

Por ejemplo, para las personas mayores no está garantizado el derecho a la educación o la formación a lo largo de toda la vida, un aspecto de importancia sobre todo para las mujeres mayores que desean o necesitan seguir desempeñando trabajos remunerados, dijo Byrnes. 

“El prejuicio ubicuo e inicuo contra la vejez está en el núcleo de la discriminación de las personas mayores”, aseguró el profesor. “Un tratado que prestase especial atención a las cuestiones relativas a la edad permitiría un tratamiento exhaustivo del asunto”. 

Al igual que se insta a las comunidades a que aprovechen el “dividendo de la juventud” (las vastas cohortes de personas menores de 30 años que han reducido la edad media de algunos países por debajo de los 18 años), el número cada vez mayor de ancianos también debería aprovecharse, dijo Gilmore.

“El envejecimiento mundial se considera –erróneamente-- como una carga para la sociedad y la economía”, añadió Gilmore. “Pero los estudios confirman que la defensa de los derechos de las personas mayores y la inversión en sus capacidades son factores susceptibles de cambiar esa situación y de propiciar su contribución activa a la sociedad durante mucho más tiempo”.

22 de julio de 2019


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