Podemos frenar el extremismo populista dondequiera que surja


“El nacionalismo y el populismo no aportan soluciones reales a los complejos problemas que las sociedades afrontan actualmente. Esas ideologías se basan en teorías conspirativas, que se repiten y amplifican a través de las redes sociales, donde las mentiras que no se comprueban llegan a hacerse realidad”, declaró la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

Un grupo de manifestantes grita consignas en el centro de Atenas (Grecia), durante una marcha antirracista celebrada el 22 de marzo de 2014. Ese día, miles de griegos e inmigrantes protestaron contra el racismo. Créditos: . @AFP PHOTO / ARIS MESSINIS

Según la Alta Comisionada, el nacionalismo es lo contrario del patriotismo, en la medida en que aumenta la división y la violencia, y genera sociedades más inseguras.

Bachelet hizo uso de la palabra ante el Consejo de Derechos Humanos reunido en Ginebra (Suiza), donde los expertos trataron de analizar las diversas dimensiones regionales del populismo nacionalista, al tiempo que reflexionaban sobre posibles soluciones. La Alta Comisionada sostuvo que debía condenarse el discurso del odio y que tanto los gobiernos como las empresas de la prensa digital deberían proteger los derechos fundamentales en el ámbito cibernético.

Sithembile Mbete, conferenciante de la Universidad de Pretoria (Sudáfrica), mostró estadísticas preocupantes sobre al auge de las ideologías de extrema derecha en las dos últimas décadas. Si hace 20 años los partidos populistas solo obtenían el 7 % de los votos emitidos en todo el continente europeo, en la actualidad uno de cada cuatro ciudadanos de Europa vota por ellos, según una encuesta realizada por el diario The Guardian, que la profesora citó en su intervención. Su propio país, añadió Mbete, no había quedado al margen de esa tendencia. 

En opinión de Mbete, la aplicación de diversos instrumentos existentes en el dispositivo de derechos humanos de las Naciones Unidas, concebidos para combatir la discriminación racial, desempeñaría una función esencial para contener el auge de las ideologías supremacistas extremas. “El mundo ya se enfrentó en el pasado a esas ideologías y estamos obligados, en aras de las generaciones venideras, a proseguir el combate y a erradicar para siempre todas las formas de discriminación racial”, añadió.  

En América Latina, un cambio social significativo se produjo como consecuencia de la lucha en pro de una mayor participación política y del empoderamiento de varios sectores de la población que hasta entonces habían sido ‘invisibles’ en términos históricos, dijo Pedro Mouratian, director de diversidad y no discriminación del Centro de Estudios para la Gobernanza de Argentina.

Pero nuevos idearios y actitudes han puesto en peligro esos logros, afirmó Mouratian, y añadió que esos nuevos relatos tienden a complacer a la mayoría de quienes desconfían de la democracia liberal y rechazan el modelo de la mundialización. 

“Los partidos políticos no han logrado aportar las respuestas adecuadas a las preguntas que se han planteado y surgen grupos autoritarios que atribuyen a las estructuras republicanas el origen de esos problemas sociales, en vez de centrar la atención en el déficit de políticas sociales y de inclusión”, afirmó.

Según Mouratian, sería necesario reconstruir la nación mediante la incorporación de nuevas perspectivas que abarquen toda la riqueza de la diversidad social y cultural, y que sigan reforzando el carácter democrático de los Estados de la región.

Necesitamos cambios culturales y conceptuales

La dimensión de “movimiento político” que tiene el racismo contemporáneo alarma a Rafal Pankowski. Este miembro de la asociación polaca Never Again afirma que el extremismo no es únicamente el azote de los partidos políticos sino que se manifiesta también a través de movimientos callejeros, redes extremistas organizadas en torno al mundo del fútbol y grupos creados mediante la propaganda racista en Internet. Pankowski describió estas nuevas formas de racismo cultural, tal como se expresan en la cultura popular. 

“Sin embargo, la cultura popular puede servir también como una fuerza auténticamente emancipadora en las luchas actuales en pro de la justicia racial”, dice Pankowski. “A pesar de las limitaciones estructurales que entraña la organización de los medios internacionales de comunicación, el auténtico mensaje antirracista puede transmitirse a través de distintos canales de la cultura popular contemporánea, con ejemplos impresionantes de héroes populares como Mohammed Ali y Bob Marley, por sólo mencionar a dos”.

Irene Santiago, especialista en paz y seguridad y asesora en la materia del alcalde de la ciudad de Davao (Filipinas), cree que ha llegado el momento de ejecutar un “giro conceptual” en lo relativo al populismo.

“El populismo es siempre una reacción al statu quo. Hay miedo e inseguridad ante el presente, cuando este se vincula a un futuro hipotético que está envuelto en la incertidumbre”, aseguró Santiago.

“La ‘gente’ que se beneficia del statu quo o que es responsable de él, se convierten en ‘ellos’. La otra ‘gente’, que se encuentra marginada o padece a causa de ese mismo statu quo, se transforman en ‘nosotros’. Así, ‘los otros’ llegan a ser el centro de todos los odios, temores y esfuerzos de exterminio. En Asia suroriental, hay populistas autoritarios que se erigen en salvadores y protectores de la gente y nos preservan de los males que “ellos” nos infligen a “nosotros”. 

Santiago recuerda que seis años después del 11 de septiembre de 2001, ya estaba en marcha una transformación conceptual. Del concepto inicial de “guerra contra el terror” surgió un nuevo concepto: el de “prevención del extremismo violento”.

“¿No debería haber también un cambio conceptual en este asunto del populismo?, se preguntó. “Ya que, a fin de cuentas, el populismo es una cuestión de poder, ¿no sería posible que su significado se desplazara del autoritarismo y la concentración de poder a la democracia y a una redistribución de poder que integrara a todas las personas?

Según Santiago, no basta con dictar nuevas leyes y políticas. A menos que la cultura política cambie también –a menos que los ciudadanos lleguen a pensar, sentir y actuar de una manera que acomode realmente las necesidades y aspiraciones de los demás—el cambio auténtico no llegará a producirse”.

Cada año, el mundo conmemora el 21 de marzo el Día Internacional contra la discriminación racial, en recuerdo de 69 manifestantes que murieron en esa fecha en Sudáfrica, en 1960, mientras protestaban contra la ideología racista del apartheid. Esta efeméride recuerda al mundo los valores de igualdad racial y no discriminación, que inicialmente se consagraron en la Declaración Universal de Derechos Humanos.  

21 de marzo de 2019


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