Una reflexión sobre 25 años de activismo en pro de los derechos de la mujer


Aunque la adopción de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing hace 25 años representó una revolución, “ahora no es momento para la indulgencia”, advirtió la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

Un grupo de mujeres debaten el temario durante el Foro de Organizaciones No Gubernamentales celebrado en Huairou (China), que formó parte de la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, que tuvo lugar en Beijing (China), del 4 al 15 de septiembre de 1995 Foto de las Naciones Unidas

Bachelet hizo uso de la palabra en el panel de alto nivel del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, donde examinó los progresos logrados en los últimos 25 años en la consecución de la igualdad de derechos para la mujer.

La Alta Comisionada destacó, entre otros aspectos, que más de 140 países garantizan ahora la paridad de género en sus constituciones y diez más han promulgado leyes relativas al acoso sexual. Además, ha aumentado el porcentaje de mujeres que desempeñan empleos remunerados y los países disponen de un volumen mucho mayor de estadísticas sobre la violencia ejercida contra las mujeres.

Pero, señaló Bachelet, ahora aumenta el riesgo de retroceso. “Vemos que repuntan los argumentos contra la igualdad de género, basados en siglos de discriminación”, dijo la Alta Comisionada. “Debemos resistir cualquier impugnación que pretenda devaluar la verdad que tanto nos costó afirmar: que los derechos de las mujeres son derechos humanos, en su universalidad e indivisibilidad, para todas las mujeres, en su plena y libre diversidad”, agregó.

La Conferencia de Beijing, fuente de normativa

Cuando en 1995 la actual vicepresidenta del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la nepalesa Bandana Rana, que entonces era una joven periodista, participó en la cuarta conferencia sobre la mujer, quedó conmovida por lo que describió como “la euforia y el poder de un movimiento colectivo” que transformó su vida. Bandana sintió entonces un enérgico impulso que la llevó a defender a las niñas y las mujeres discriminadas y explotadas, y desde entonces no ha cejado en esa misión.

“La innovadora Plataforma de Acción de Beijing ha sido el marco de referencia que me ha orientado a lo largo de mi carrera de activista en materia de igualdad de género y paz, y 25 años después es aun más pertinente para proteger los derechos humanos y la igualdad entre los sexos”, declaró Bandana.

Mediante el diálogo constructivo y las recomendaciones, el CEDAW ayuda a los países a medir los progresos que realizan y a través de esos mecanismos Bandana observa los vínculos entre los compromisos contraídos en Beijing y los cambios que se suceden sobre el terreno. 

“Con su marco legislativo, el CEDAW ayuda a que los Estados Miembros construyan sociedades más transparentes, en las que se reducen paulatinamente la violencia, la estigmatización y los estereotipos, en las que se elimina el matrimonio infantil, donde se perciben salarios iguales por trabajos iguales; un mundo de paz y seguridad duraderas para todos”, añadió. 

“Para hacer realidad los derechos de las mujeres, es preciso crear instituciones eficaces, dotadas de recursos adecuados. Es preciso escuchar las opiniones de las mujeres y las adolescentes. Debemos abordar las diversas necesidades de las mujeres, tanto en el ámbito privado como en el público”, dijo la vicepresidenta del CEDAW.

La lucha en pro de la igualdad de la mujer tuvo lugar en un “campo de batalla”

La experta en derechos humanos e igualdad de género, Magalys Arocha Domínguez, describió a la Conferencia de Beijing y sus acuerdos como “un campo de batalla”.

“Algunos asuntos se vieron obstruidos por las fuerzas más retrógradas y reaccionarias: los recursos económicos, los derechos sexuales y reproductivos, lo relativo a los conflictos armados. El concepto de diversidad sexual, de género y familiar, entre otros, fue objeto de intensos debates, celebrados bajo presiones y amenazas”, afirmó Arocha Domínguez.

Veinticinco años después, en Ginebra, la activista pidió más acción y más estrategias para erradicar las prácticas nocivas y la supremacía masculina, así como los estereotipos sexistas que constituyen el fundamento de toda la discriminación y la violencia contra las mujeres y de las distinciones establecidas entre ellas.

“La igualdad femenina no puede lograrse de manera aislada; su consecución exige cambios estructurales en la sociedad”, añadió.

En la actualidad, hay más niñas escolarizadas que nunca antes y la brecha de género en el número de alumnas matriculadas está en vías de cerrarse, señaló la Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka. Se reducen las cifras de mortalidad materna porque ha mejorado el acceso a la atención obstétrica. Pero Mlambo-Ngcuka lamentó la falta de igualdad real entre hombres y mujeres, especialmente en lo relativo a las actividades económicas; la persistencia de la violencia contra las niñas y las mujeres, y la crisis ecológica que ha llevado a las mujeres a ocupar puestos de vanguardia en los movimientos ambientalistas.

Mlambo-Ngcuka manifestó su esperanza de que el Foro para la Generación de Igualdad, que se reunirá este año en México y Francia, permita la creación de seis coaliciones de acción capaces de aportar resultados concretos que cambien las condiciones de las niñas y las mujeres en los próximos cinco años.

6 de marzo de 2020

Véase también