Galina Edin, activista por los derechos de los pueblos indígenas: “Me siento responsable de mi gente”


Galina Edin, activista de los derechos de los indígenas de la Federación de Rusia

Galina Edin es periodista, locutora y activista social rusa, así como miembro de las poblaciones indígenas mansí de la región de Khanty-Mansi (Yugra). Es una de las cofundadoras y miembro activo de la organización comunitaria que ayuda a los jóvenes indígenas rusos a adaptarse a la vida urbana cuando se trasladan a las ciudades en busca de formación.

La Federación de Rusia es uno de los países con mayor diversidad étnica del mundo, e incluye más de 160 pueblos distintos. La legislación de la Federación de Rusia protege a los "pueblos indígenas poco numerosos de Rusia", definidos como las personas que viven en territorios tradicionalmente habitados por sus antepasados y que mantienen un estilo de vida y actividad económica tradicionales. Existen oficialmente 46 grupos “poco numerosos” y su tamaño varía a desde menos de 300 a más de 40.000.

Dichos grupos han podido preservar sus identidades, culturas, idiomas y tradiciones únicas y particulares. Sin embargo, persisten los problemas profundamente arraigados y, según diversas fuentes, los pueblos indígenas generalmente presentan peores indicadores de desarrollo humano que otros sectores de la población.

Galina, como periodista, ha grabado numerosos documentales sobre los pueblos indígenas del norte de Rusia. Su último reportaje se centra en cómo el cambio climático está afectando las vidas, las tradiciones, la cultura y los medios de subsistencia de los pueblos indígenas.

Anteriormente, Galina había participado en el Programa de Becas para Indígenas del ACNUDH, que ofrece formación para reforzar los conocimientos especializados de los defensores de los derechos humanos de los pueblos indígenas.

Galina describe la vida desde la perspectiva de una mujer indígena en la Federación de Rusia y los principales problemas sobre derechos humanos que trata de solucionar para su gente.

¿Cómo fue tu vida creciendo como una persona indígena en Rusia? ¿Disfrutaste de los mismos derechos que los demás? ¿Sufriste alguna discriminación?

Mi vida no fue muy diferente a la de otros rusos y sentía que tenía los mismos derechos. De mayor, no noté ninguna actitud negativa por parte de otras personas. Cuando decidí marcharme a la ciudad de Khanty-Mansiysk e inicié mis estudios, los indígenas recibimos una mayor atención. Como estudiantes, recibimos apoyo estatal, como por ejemplo becas y ayudas para comprar ropa, material escolar y otras cosas. Ahora esas prestaciones se ponen a disposición únicamente de estudiantes procedentes de familias rusas de renta baja. 

Sin embargo, cuando empecé mi carrera de periodista, me topé con prejuicios. Algunas personas fruncían el ceño o usaban algunos gestos y palabras que daban a entender que mi estatus era inferior de algún modo. Me parece que hay cierto resentimiento por que los pueblos indígenas reciben prestaciones y subvenciones, y tienen privilegios que otros no tienen.

¿Cuál es la situación actual para los pueblos indígenas en Rusia?

Varía según la región. Por ejemplo, algunas de las regiones del noroeste son económicamente estables, y existen programas estatales bien financiados que apoyan el desarrollo socioeconómico de los pueblos indígenas.

En las regiones infrafinanciadas, la población vive peor, y los pueblos indígenas tienen que ser autosuficientes para poder sobrevivir. Los medios de subsistencia de algunos lugares, tales como la pesca, el pastoreo, la caza y la recolección, se han visto considerablemente mermados, a la vez que se ha privado a personas del acceso a las zonas de pesca y caza.

Pese a los esfuerzos de algunas autoridades, todavía existen violaciones de los derechos de los pueblos indígenas y discriminación contra ellos en Rusia.

Recientemente se aprobó una ley federal sobre los derechos de los pueblos indígenas, aunque existe el riesgo de que termine dividiendo a los pueblos indígenas entre los que viven en las zonas urbanas y los que viven en las zonas tradicionales. Este hecho no solo intensificará la competencia y el odio entre los mismos, sino que también empeorará la actitud de los demás hacia ellos.

¿Cómo te llevó tu carrera profesional a ser periodista y activista social?

De niña no tenía intención de ser periodista. Soñaba con aprender diferentes idiomas y trabajar en el sector turístico. Me hice periodista por casualidad y no me arrepiento de ello: he encontrado mi sitio en la vida. Ser periodista me ha llevado a desempeñar una labor social. Gracias al trabajo en los medios de comunicación, he podido ver que no todos los pueblos indígenas viven con dignidad. Muchos, sobre todo los jóvenes, no poseen ningún título universitario.

Esta vulnerabilidad social de nuestra gente ha afectado a muchas de las decisiones en mi vida.

¿A qué retos, si los hay, te enfrentas como mujer indígena que se dedica al periodismo en Rusia?

Nunca he tenido problemas como mujer periodista, pero sí como periodista indígena. Han intentado evitar que asistiera a eventos y reuniones organizadas por autoridades ejecutivas regionales sobre cuestiones indígenas. Asimismo, el contenido que preparé para un programa de televisión sobre cuestiones indígenas fue rechazado varias veces.

Tu último reportaje trata sobre el cambio climático. ¿Cómo describes la forma en que el cambio climático afecta a las poblaciones indígenas del norte de la Federación de Rusia?

El cambio climático y el calentamiento rápido del norte han tenido una gran repercusión en el estilo de vida tradicional de mi gente, y nos preocupa sumamente. Los inviernos son muy cálidos ahora. Durante la mitad del invierno, la carretera que lleva al asentamiento está cubierta de nieve, lo cual limita el acceso a los alimentos y a la asistencia sanitaria.

El año pasado fue especialmente complicado para los residentes de mi asentamiento. El invierno fue cálido y nevó mucho. Hubo nieve en las montañas hasta junio. Luego empezó a derretirse y provocó niveles de agua elevados durante todo el verano. Esto tiene como consecuencia una falta de forraje para el ganado e insuficiente pescado y plantas silvestres para que las personas puedan alimentarse.

¿Qué te motiva a continuar con esta labor?

Me siento responsable de mi gente, de mi futuro, y del futuro de mis hijos. Aunque viva en una ciudad, siento que sin familia, terreno, ni casa, en verdad no me siento persona. Lamentablemente, el ambiente urbano es deprimente para los jóvenes indígenas del norte, incluso para mí. Estamos predispuestos a estar rodeados de naturaleza y nos resulta muy difícil adaptarnos a la vida urbana. Se da una alta tasa de suicidios entre los jóvenes indígenas que se trasladan a la ciudad y que después regresan a sus casas. Son incapaces de encontrar su sitio al regresar.

¿De qué manera te ha ayudado en tu trabajo el Programa de Becas para Indígenas de Derechos Humanos de las Naciones Unidas?

Como periodista, soy plenamente consciente de las cuestiones a las que se enfrentan los pueblos indígenas que viven en aldeas remotas y campamentos nómadas, y que no siempre se pueden resolver solo creando sensibilización en los medios de comunicación. Las personas necesitan asistencia jurídica real.

El programa me brindó una oportunidad única de adquirir nuevos conocimientos sobre la legislación nacional e internacional, así como sobre el sistema de derechos humanos y mecanismos existentes, incluidos los relacionados con los derechos de los pueblos indígenas. Ahora estamos mejor preparados para contribuir con nuestras organizaciones y comunidades en la protección y la promoción de los derechos de los pueblos indígenas.

¿Por qué es importante para ti que aunemos fuerzas en pro de los derechos humanos?

Creo que todos los seres humanos tienen el derecho a una vida digna, con independencia de la raza, la religión o el grupo social. Deberíamos preguntarnos qué futuro queremos para nuestros hijos y para nosotros mismos. Queremos que sea prometedor, ¿cierto? Me gustaría que hubiera más defensores de los derechos humanos y activistas entre las comunidades indígenas. No solo para hablar, sino para actuar, de forma que sus semejantes puedan vivir con dignidad.

7 de agosto de 2020

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