Las aplicaciones informáticas pueden ayudar a combatir la impunidad en materia de violencia sexual


La tecnología tiene una importante función que desempeñar en la búsqueda de métodos innovadores para ayudar a las víctimas de la violencia sexual durante los conflictos bélicos, afirmó Céline Bardet, fundadora y presidenta de la organización We are not Weapons of War [No somos armas de guerra].

Mediante un teléfono móvil se fotografía a una mujer ingresada en un hospital de Yemen. Créditos: EPA-EFE/Yahya Arhab

“Lo que hace la tecnología es acelerar las cosas y permitirnos alcanzar a personas o lugares que de otro modo serían inaccesibles”, dijo Bardet.

La ONG que Bardet preside lucha contra el uso de la violación como arma de guerra.  Su organización creó recientemente la aplicación informática Back Up, que facilita a las víctimas de violaciones la notificación de los hechos y el acceso a la ayuda. El dispositivo también compila datos sobre casos de violación para usarlos posteriormente en procedimientos judiciales. 

La aplicación se ha ensayado en Libia, con magníficos resultados, señaló Bardet. Como consecuencia directa de la información compilada y luego analizada a partir del servidor externo, la ONG presentó el año pasado una denuncia por actos de tortura y barbarie contra el mariscal Khalifa Haftar en el Tribunal de Grande Instance de París.

“Pudimos incoar la demanda judicial porque tuvimos acceso a la información por conducto de Back Up”, dijo Bardet. “La aplicación validó el procedimiento. Mucha gente se identificó y nos contó lo que les había pasado… muchos dijeron ‘este dispositivo me ayudó a sanar’ ”.

La tecnología, una herramienta útil para los derechos humanos

La aplicación Back Up es un ejemplo de cómo la tecnología puede ser una herramienta segura y decisiva para afrontar los retos en materia de derechos humanos, declaró Peggy Hicks. En una mesa redonda reciente en la que se examinó el uso de la tecnología para combatir la violencia sexual en contextos de conflictos bélicos (CRSV, por sus siglas en inglés), profesionales de la informática y expertos en violencia sexual analizaron de qué manera la tecnología puede respaldar los esfuerzos encaminados a responder y prevenir la CRSV.

Hicks afirmó que la tecnología es una herramienta provechosa en la fase decisiva de registrar la información fidedigna para desafiar la impunidad de esos delitos.

“La tecnología ayuda cada vez más a documentar las experiencias de los supervivientes de la violencia sexual, un paso decisivo hacia la rendición de cuentas”, declaró durante la mesa redonda.

Pero la tecnología no ayuda mucho si las personas que la necesitan carecen de acceso a ella, apuntó Antonia Mulvey, directora de la organización Legal Action Worldwide, copatrocinadora de la mesa redonda. La brecha de género en esta materia es real y en el mundo entero la proporción de hombres que usan Internet sigue superando a la de las mujeres. En los países en desarrollo, solo una de cada siete mujeres usa la informática. Según Mulvey, cualquier dispositivo tecnológico que se emplee para combatir la CRSV debe tener en cuenta de qué modo puede superarse esa brecha.

“El asunto tiene muchas dimensiones, tales como el número de analfabetos, las personas que carecen de acceso a los teléfonos inteligentes y la falta de conexión a Internet”, dijo en el curso de la mesa redonda. “¿Cómo podemos resolver esta situación? ¿Cómo lograr que la tecnología esté al servicio de los supervivientes?”.

La tecnología depende de los seres humanos que están detrás de ella

Los esfuerzos orientados a usar las nuevas tecnologías para abordar los peligros que afrontan los derechos humanos han sido el centro de nuestra labor, declaró Scott Campbell, del ACNUDH. En los últimos años, la Oficina del Alto Comisionado ha examinado las nuevas tecnologías en dos dimensiones fundamentales: la tecnología como herramienta y como desafío. 

“Creo que en los últimos años la Oficina ha comprendido que el uso de la tecnología repercute cada vez más en nuestra vida cotidiana y en nuestros derechos humanos y que lo hace de formas múltiples y de amplio espectro”, señaló. 

Un modo de hacer que la tecnología sea más propicia a los derechos humanos consiste en lograr que quienes la generan incorporen los principios relativos a esos derechos en el diseño y elaboración de productos y políticas tecnológicos, afirmó Campbell. Por ejemplo, los algoritmos de la inteligencia artificial pueden reflejar los prejuicios de quienes los crean y el uso de datos sesgados puede incrementar los resultados discriminatorios.

“La tecnología depende de los seres humanos que la diseñan, que elaboran los lineamientos relativos a su utilización y que supervisan su empleo, una vez que se ha instalado”, dijo Campbell.

Este tipo de mejoras en lo relativo a la documentación y el archivo de pruebas proporcionadas por las víctimas es un aspecto esencial en el que la tecnología es capaz de ayudar a los supervivientes de la violencia sexual, dijo Hicks.

“Es preciso que aprovechemos las innovaciones tecnológicas para ayudar a quienes se encuentran en las situaciones más vulnerables, a fin de marcar la diferencia”, añadió.

10 de mayo de 2019


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