La Siria desaparecida: la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación


Meriem Hallaq sujeta una foto de su hijo, Ayham © Artino Van Damas para la campaña de Siria

 “Era una auténtica fuente de alegría para la familia. Siempre estaba contento”.

Meriem Hallaq lleva viviendo una pesadilla desde 2012: ese año, su hijo Ayham fue arrestado y detenido por manifestarse pacíficamente contra el gobierno sirio. Recuerda el momento en el que, al pasar por la puerta de una habitación de su casa donde Ayham pasaba la mayor parte del tiempo, tuvo la sensación horrible y repentina como si alguien estuviera arrojando el cuerpo de su hijo delante de ella.

Aunque Meriem intentó no hacer caso a su corazonada sobre el trágico desenlace, descubrió que estaba en lo cierto tres meses después.

Meriem perdió a Ayham en los violentos sucesos que acabarían convirtiéndose en la guerra siria. Su historia se asemeja a las tragedias de miles de personas que han perdido a sus seres queridos en desapariciones forzadas, detenciones, torturas o asesinatos en medio del conflicto sangriento y permanente de nueve años de duración.

Ayham, un dentista, había participado en manifestaciones pacíficas en 2011 cuando empezó la guerra. Tenía 24 años. Se dedicaba a documentar las violaciones de derechos humanos perpetradas por el gobierno, e incluso contribuyó a la creación de una organización dedicada exclusivamente a este propósito, el Centro de Documentación de Violaciones. Su labor llevó a su arresto y tortura en una ocasión antes de ser detenido por segunda vez y asesinado.

Ayham falleció el 11 de noviembre de 2012. Fue sometido a palizas y torturas graves.

“Nunca recibí su cuerpo, ni sus pertenencias”, declaró Meriem. “Lo único que queda de él es su certificado de defunción”.

En búsqueda de la verdad 

Aunque se desconoce el número exacto, al menos decenas de miles de hombres, mujeres y niños de origen sirio han sido víctimas de desaparición forzada, detenidos, secuestrados o desaparecidos a manos del gobierno, grupos armados de la oposición y grupos terroristas que actúan en Siria desde el estallido del conflicto en 2011.

Muchas familias, al igual que Meriem, cuentan con información confirmando que sus seres queridos han perdido la vida, pero otros miles permanecen en el limbo, viven con el temor y la incertidumbre, además de no saber si sus familiares regresarán alguna vez.

La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de Siria se encuentra colaborando con las familias de las víctimas y las organizaciones locales centradas en la cuestión de las detenciones ilegales y les apoya para hacer llegar sus voces a los foros internacionales. En particular, la Oficina ayuda a las familias a entablar mejor contacto con los mecanismos internacionales de derechos humanos y dar a conocer los casos a los mismos, como por ejemplo el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias, un órgano del Consejo de Derechos Humanos que sirve para determinar la suerte o el paradero de los desaparecidos.

“El delito de las desapariciones forzadas tiene amplias repercusiones en los derechos humanos no solo de las personas que desaparecieron, sino también en sus seres queridos”, detalla Dimiter Chalev, Director de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de Siria. “Aquellas personas que han sido víctimas de desapariciones forzadas se ven privadas en lo esencial de todos sus derechos, incluidos los derechos a un proceso justo y a las garantías procesales, al mismo tiempo que sus familiares soportan violaciones continuas de sus derechos, que varían desde una condición jurídica personal indefinida, la discriminación y el estigma social, hasta los derechos a un nivel de vida y educación adecuado”.

Asimismo, el personal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas les apoya en la búsqueda de apoyo psicosocial, así como de asistencia jurídica, a fin de ayudarles a sobrellevar la situación a diario y, a largo plazo, les ayuda a elaborar estrategias para reclamar en público sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

“Mantuvimos la esperanza, sobre todo los primeros días” 

Hiba Alhamed es una refugiada siria de 26 años que vive en Francia. Su padre, Ismail, desapareció en 2013.

“Para mí, mi padre es la persona más amable que he conocido en mi vida”, asegura Hiba. “Se preocupa tanto por los demás, por su familia. Es un auténtico ejemplo para nosotros”.

Ismail, un cirujano, se encontraba trabajando en Arabia Saudita cuando el conflicto estalló en 2011 en Siria. Regresó a su país de inmediato para participar en el movimiento de protesta pacífica y para realizar labores humanitarias. Según Hiba, su padre se caracteriza por un firme compromiso con los derechos humanos y por la lucha contra la injusticia.

Le secuestraron en Raqqa, bajo control del EIIL, al noreste de Siria, de camino a su trabajo. Hiba se encontraba en Aleppo en ese momento y escuchó la noticia por primera vez en las redes sociales.

“En ese momento comenzó nuestra lucha por saber dónde se encontraba”, explicó. “Mantuvimos la esperanza, sobre todo los primeros días. Creíamos que le habían capturado por error y que estaría de vuelta pronto”.

 La madre de Hiba se quedó en Raqqa haciendo todo lo que estaba en sus manos para localizar a su marido y llevarle a casa. Lo intentó todo durante un año y llegó incluso a contactar con los rangos más altos del EIIL. Pero después de un año de intentos fallidos y de enfrentarse ella misma a muchos peligros, huyó de Siria con sus cinco hijos.

La familia acabó en Marsella, Francia, donde todavía viven como refugiados. Su búsqueda de Ismail continúa cada día.

“Hemos recibido mucha información sobre su supuesto paradero en los últimos siete años, pero no podemos estar seguros de nada”, aclara Hiba. “Lo último que hemos oído ha sido que trasladaron a los prisioneros, incluido a mi padre, a una ciudad en la frontera de Siria con Iraq, pero aún no sabemos si eso es cierto”.

Alzar la voz en busca de justicia 

La solidaridad con otras personas que han perdido a familiares por desaparición o fallecimiento en medio de la guerra siria está sirviendo de ayuda a muchos —como en el caso de Meriem y Hiba— para encontrar una vía para hacer justicia. En los últimos años, las redes de víctimas sirias y asociaciones de familias en Siria y en todo el mundo han comenzado a organizarse mejor para alzar sus voces sobre las violaciones de derechos humanos cometidas por todas las partes del conflicto sirio, y para exigir la verdad y la justicia.

Tanto Meriem como Hiba han resultado decisivas para la creación de esas organizaciones, las cuales han reunido a personas que sufren un dolor muy parecido.  
Sus organizaciones han participado en el lanzamiento reciente de la Carta de la Verdad y la Justicia, la cual establece una visión común para promover los derechos de las víctimas, la búsqueda de la verdad y la justicia, y hacer que los responsables respondan de sus actos.

La Caesar Families Association, de la cual Meriem es miembro, es un grupo de familias que han perdido a sus seres queridos por la tortura en las prisiones del gobierno sirio. El grupo se constituyó tras identificar a sus familiares a través de las conocidas "fotografías de César", unas imágenes que se filtraron desde los centros de detención y que se hicieron públicas en 2014.

“Estamos intentando llegar a los foros internacionales de cualquier forma posible”, aclara Meriem. “No solo estamos relatando historias. Somos testigos de estos delitos. Sabemos quiénes son los responsables”.

Aunque Meriem está decepcionada con la respuesta de muchos países, los cuales “no han hecho nada” pese a tener pruebas, está determinada a seguir insistiendo.

“Creemos que toda gota de agua que cae sobre una roca acaba formando un agujero. Lograr que se haga justicia llevará mucho tiempo, pero terminaremos consiguiéndolo. Y seguiremos alzando nuestra voz porque es lo único que tenemos”.

Hiba afronta una batalla parecida a la hora de intentar que los gobiernos emprendan acciones para los desaparecidos, aunque continúa su lucha. Es miembro fundador de la Coalición de Familias de Personas Secuestradas por el EIIL, una organización creada en 2019 para buscar a los desaparecidos.

“Si no nos unimos como familias, si no apoyamos esta causa o si no reclamamos, nadie lo hará por nosotros”, asevera.

Para Hiba, su padre y sus amigos, quienes se alzaron contra el EIIL y contra el gobierno, son los “verdaderos héroes”.

“Me siento tan orgullosa de él, aunque la situación me haya causado mucho dolor”, prosigue. “No cuestiono el motivo por el cual hizo eso porque es mi padre. Sus amigos y él han pagado un precio demasiado alto. Pero necesitamos saber su destino para proseguir con nuestras vidas, y por ellos”.

11 March 2021


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