La exposición a sustancias tóxicas es una “epidemia silenciosa” para los niños


En uno de los países más ricos del mundo, unos 12.000 niños estuvieron expuestos a altas concentraciones de plomo en el agua que bebían. La comunidad de Flint, en Michigan (Estados Unidos) es predominantemente afroamericana y alrededor del 30 por ciento de sus habitantes viven por debajo del índice de pobreza.

Pero Flint no es un caso único. Los niños de otra minorías, tales como las comunidades indígenas y las de bajos ingresos del mundo entero, afrontan amenazas tóxicas similares en el agua que beben, la comida que ingieren y el aire que respiran, así como en sus hogares, escuelas y terrenos de juego. Las consecuencias para la salud de la exposición a sustancias tóxicas no aparecen hasta muchos años después, en lo que un experto de derechos humanos de las Naciones Unidas denomina “una pandemia silenciosa”.

“Los niños son sumamente vulnerables a las sustancias tóxicas y la contaminación”, dijo Baskut Tuncak, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre las sustancias y los desechos peligrosos. “Durante años, los niños están totalmente indefensos. Reciben sus efectos de formas que no afectan a los adultos. Se ven expuestos a concentraciones más altas que los adultos, incluidas las sustancias tóxicas que se hallan en el cuerpo de la madre. Muchas repercusiones sobre la salud están vinculadas a la exposición a toxinas durante la infancia, entre otras el cáncer, los desórdenes del desarrollo, las discapacidades cognitivas y las dolencias respiratorias”.

Tuncak formuló sus comentarios en su último informe, que presentó durante el 33er. periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, que se desarrolla actualmente en Ginebra y que concluirá a finales de septiembre. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1,7 millones de niños menores de cinco años murieron en 2012 a causa de “factores medioambientales modificables”, dicho de otro modo, por problemas como la contaminación del aire o del agua. En su informe, el Sr. Tuncak afirma que estas muertes sólo son la punta del iceberg,  ya que muchas otras discapacidades y enfermedades vinculadas con la exposición a las toxinas y la contaminación no se manifiestan hasta años o décadas más tarde, lo que impide que se les pueda exigir responsabilidades a los culpables.  

En determinado país, los índices de cáncer infantil han aumentado casi un 20 por ciento en un periodo de 20 años, afirmó. Algunos niños padecen ahora tipos de diabetes que antes sólo se manifestaban en adultos. Las tasas de asma, pubertad precoz y defectos congénitos también han aumentado drásticamente. La mayoría de estos y otros aumentos no pueden explicarse simplemente por la diversidad de estilos de vida o la genética, y se han producido en periodos de rápida industrialización, dijo el Sr. Tuncak.

En su informe, el Relator Especial hizo hincapié en que los Estados tienen la obligación de evitar que los niños se vean expuestos a sustancias tóxicas y contaminantes, y las empresas tienen una responsabilidad correlativa.

En el informe el Sr. Tuncak formula cierto número de recomendaciones dirigidas a los Estados y las empresas, a fin de proteger más a los niños de la exposición a sustancias tóxicas. Entre otras, se sugiere a los Estados que tengan en cuenta el interés superior de los niños al concebir y aplicar leyes y políticas relativas a las sustancias tóxicas y la contaminación; y se recomienda a las empresas que eviten la exposición a las sustancias tóxicas y la contaminación en el curso de sus actividades y como parte de la aplicación del principio de la debida diligencia en materia de derechos humanos.

 28 de septiembre de 2016

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