Marlene Urscheler: la acción humanitaria durante la pandemia del COVID-19


Más de 6.200 casos de infección por COVID-19 se han registrado en África Occidental y los organismos de las Naciones Unidas presentes en la región han aunado esfuerzos para apoyar la respuesta de los gobiernos a la pandemia.

Marlene Urscheler, Directora del Equipo de Respuesta de Emergencia de la Oficina Regional del ACNUDH para África Occidental, con sede en Dakar (Senegal), en abril de 2020. Créditos: OHCHR/Marlene Urscheler

Todos los países de la región han informado de la existencia de casos y, en las últimas semanas, en varios de ellos se han producido brotes agudos de infección y casos de comunidades infectadas. Habida cuenta de que la pandemia del COVID-19 está poniendo en jaque a los sólidos sistemas sanitarios de los países más ricos, se han suscitado graves preocupaciones en África Occidental, donde la mayoría de los sistemas sanitarios, políticos y económicos de los países también tienen que enfrentarse a debilidades inherentes a fin de responder con eficacia a la pandemia.

Marlene Urscheler dirige el Equipo de Respuesta de Emergencia de la Oficina Regional del ACNUDH para África Occidental, con sede en Dakar (Senegal). En fecha reciente, Urscheler fue nombrada punto focal de la oficina para asuntos relativos al COVID-19 en la región.

P: ¿De qué manera su trabajo se ha visto afectado por el COVID-19?

El COVID-19 ha cambiado completamente nuestra forma de trabajar. Primero, en cuanto al hecho de no ir a la oficina, trabajar desde casa, tener que adaptarnos a la enseñanza a distancia que los niños reciben en el hogar y a conciliar las prioridades de los padres. En nuestra condición de Oficina Regional, somos responsables de 16 países. En condiciones normales, pasamos la mitad del tiempo viajando por la región para estrechar contactos con nuestros asociados y las autoridades gubernamentales, y celebramos talleres y actividades conjuntas. Todo eso cambió de la noche a la mañana. Creo que nadie vio realmente lo que se avecinaba y pienso que nos pilló por sorpresa, de modo que tuvimos que reorganizarnos.

En breve me asignaron tareas directamente vinculadas con la respuesta de la Oficina al COVID-19. Entre otras, estuvo la coordinación de una plataforma regional de las Naciones Unidas y la sociedad civil, dirigida conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA). Esa plataforma funciona como un centro de intercambio de información y, mediante su estructura de seis pilares, proporciona apoyo y orientación en los diversos aspectos de la respuesta a la pandemia. En uno de esos pilares tratamos de realizar una evaluación conjunta de las cuestiones más importantes para los países de la región, de qué países deben recibir prioridad y de cómo aplicar criterios objetivos en ese ámbito.

Toda la labor que durante meses habíamos desarrollado en la preparación de nuestros planes de trabajo quedó anulada y tuvimos que empezar de cero. Tuvimos que rehacerlos, ya que tanto los proyectos y las prioridades como las posibilidades de llevarlos a cabo habían cambiado. Reasignamos los recursos para la consecución de los nuevos objetivos. Hemos podido reajustar algunas actividades, pero también hemos debido tener en cuenta la voluntad y las posibilidades de colaboración virtual de nuestros asociados.

Tuvimos que preguntarnos si íbamos a lograr los mismos resultados. Cuando celebrábamos seminarios de tres o cuatro días de duración, los participantes solían mencionar la importancia de establecer contactos durante las pausas. En una reunión virtual eso no ocurre de la misma manera ni con la misma intensidad.

A causa de la pandemia, estamos adentrándonos en un nuevo sector donde hay que interactuar más con agentes humanitarios, con los cuales antes no manteníamos tantas relaciones. Hemos descubierto que, para nosotros, es más fácil colaborar en ámbitos en los que ya teníamos contactos y disponíamos de planes de trabajo conjuntos.

P: ¿Qué ha hecho la Oficina Regional para proteger los derechos de la población durante esta pandemia?

La misión del ACNUDH consiste en proteger los derechos de todos y en el contexto de esta pandemia hemos hecho especial hincapié en los grupos humanos cuyo derecho a la salud podría verse más afectado. Por ejemplo, en el caso de las personas con discapacidad, ¿cómo podríamos garantizar que, en situación de confinamiento, conservan acceso a la atención sanitaria y a los exámenes médicos periódicos que necesitan? Pero nuestro trabajo trasciende con mucho el derecho a la salud. Por ejemplo, tenemos que velar por que la cuestión de la violencia sexual y de género forme parte del debate cotidiano ya que, por desgracia, es una lacra que se multiplica en situaciones de confinamiento. Solo he mencionado dos ejemplos, pero debemos identificar a los grupos más vulnerables y tratar de promoverlos, convertirnos en sus voceros y defenderlos para velar por que nadie quede rezagado. Creo que esa es la función que la Oficina debe desempeñar.

Otro elemento que, a mi juicio, debemos tener muy presente es la prevención, la capacidad de mirar más allá del momento actual y de prepararnos para el porvenir. Operamos en una región donde hay múltiples crisis humanitarias y numerosos conflictos; hay una crisis migratoria, con desplazados internos y manifestaciones de extremismo violento… Esto añade una problemática totalmente diferente al contexto de la pandemia. Sería difícil calcular la magnitud de la recesión económica que nos espera y en qué medida esa crisis afectará a determinados grupos humanos. La economía informal constituye una parte importante de la actividad económica en África Occidental. Los confinamientos y los toques de queda, así como las crisis económicas generales afectan de manera más que proporcional a quienes trabajan en la economía informal, ya que carecen de seguridad social y de subsidios de desempleo. Tenemos que encontrar los medios para adaptar las medidas de respuesta a la pandemia de modo que esos grupos no queden rezagados de nuevo, de que los más vulnerables, que siempre son los más perjudicados, no se queden atrás, y que el desarrollo, la seguridad y la salud no beneficien únicamente a quienes ya se encuentran en mejor situación.

El Programa Mundial de Alimentos (WFP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) elaboraron recientemente informes prospectivos sobre la inseguridad alimentaria que podría sobrevenir en la región en los próximos tres o seis meses y las cifras que mencionan son muy preocupantes. Además, las restricciones de desplazamiento que están en vigor dificultan mucho el movimiento de bienes y personas con fines humanitarios.

P: ¿Hay otras situaciones de derechos humanos, entre las que su oficina monitorea regularmente, que se hayan agravado a causa de la pandemia? ¿Hay otras situaciones nuevas que ustedes estén considerando ahora por el mismo motivo?

Un tema que estamos examinando es el problema de la reclusión. En la región existe un enorme hacinamiento en muchos centros de detención, específicamente en las prisiones, y la propagación del virus se definió desde el principio de la epidemia como una amenaza para quienes se encuentran recluidos en esas condiciones insalubres. El ACNUDH ha apoyado el proceso orientado a obtener indultos presidenciales o a lograr la excarcelación de muchos reclusos, que, en mi opinión, fue una medida muy positiva que tomaron varios gobiernos. De todos modos, queríamos que el problema del hacinamiento carcelario se tratase, aunque no hubiese mediado una epidemia, pero la propagación del COVID-19 ha puesto de relieve que el hacinamiento puede convertirse en una carga para los gobiernos, porque si no excarcelan ahora a esos reclusos, podrían enfrentarse luego a una crisis mucho más grave.

Por ahora, casi todas las personas han visto sus derechos afectados, de un modo u otro, por el COVID-19, y hay numerosos asuntos sobre los que podríamos y deberíamos trabajar. Recibimos peticiones de muchos sectores, pero debemos escoger con sentido estratégico y colaborar en ámbitos en los que ya teníamos contactos previos, donde ya habíamos establecido iniciativas conjuntas y donde sabemos que podemos contribuir en un aspecto que, sin nuestra labor, podría quedar desatendido.

4 de mayo de 2020


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