De víctima a vencedor: la historia de Souleymane Guengueng


“Tres años de cárcel. Nueve años luchando en el Chad sin contacto con el mundo exterior. Más de 16 años de batallas jurídicas. En conjunto, he luchado durante más de 26 años en busca de justicia”, dijo Souleymane Guengueng, activista de derechos humanos y víctima de torturas en el Chad durante la dictadura de Hissène Habré.

Souleymane Guengueng recibe el Premio Bellevue Cornerstone de 2016 en la gala benéfica anual del Programa para supervivientes de la tortura. © Créditos: Bellevue/ NYU- PSTEl Sr. Guengueng era contador público en el Chad, cuando la policía de Habré, conocida como DDS, lo acusó de participar en actividades políticas ilícitas. Como les ocurrió a muchos otros chadianos inocentes, Guengueng fue víctima de una acusación falsa, arrestado y enviado a prisión.

“Yo no era un personaje político, tan sólo era un contable”, explicó. 

El Sr. Guengueng, que ahora tiene 65 años de edad, pasó tres años de su vida internado en diversas prisiones, entre ellas una conocida como “la piscina”. Miles de personas como él fueron encerradas y torturadas en antiguas piscinas reconvertidas, donde a menudo se encontraban  hacinadas en una misma celda. Las víctimas recibían sesiones de luz intensa, tenían que mantener posturas incómodas y pasaban hambre.

 

“Estaba encerrado y vi cómo docenas de mis compañeros de cárcel morían por las torturas. Estaban desnutridos. Morían de sed o morían de enfermedades”, recuerda Guengueng. Los guardias solían dejar deliberadamente a los fallecidos varios días en las celdas atestadas de presos.

“A un compañero de celda llamado Ibrahim lo trasladaron a otro módulo. Yo lo había conocido mucho antes, cuando íbamos a la escuela juntos”, relató. “Lo pusieron con gente que no hablaba francés. Se ensimismó en sus pensamientos durante tres días. Al final del tercer día, murió”. El Sr. Guengueng, que también estuvo al borde de la muerte a causa de una enfermedad, juró que si sobrevivía no dejaría de luchar hasta que su torturador fuera llevado ante los tribunales.

Cuando en 1990 Habré se exilió en Senegal, los acusados recuperaron la libertad. “Cuando el régimen cayó, se vio que no había justicia, que no había motivo para las detenciones. El propósito del encarcelamiento era dejar que los presos murieran, de modo que fue un milagro que nos pusieran en libertad”, señaló Guengueng.

Entonces comenzó su viaje de 26 años en busca de justicia, mediante la compilación de testimonios de sus compañeros supervivientes, las viudas y los huérfanos. Guengueng fundó la Asociación de Víctimas de la Represión y los Delitos Políticos, en la cual las víctimas empezaron a organizarse y a contar sus vivencias.

 

“Los dividí en dos grupos, los de experiencia directa y los de experiencia indirecta. Era mucho más fácil lograr que los supervivientes de la tortura narraran sus historias, pero los familiares de los presos tenían miedo de las repercusiones”, explicó el Sr. Guengueng. Mediante esta labor, pudo reunir alrededor de 800 testimonios y en 2001 se descubrieron unos archivos de la policía que validaron los relatos de las víctimas y reforzaron sus casos. Los archivos implicaban al régimen de Habré y daban razón de más de 12.000 víctimas que pasaron por los centros de detención del Chad. En total, el gobierno de Habré asesinó a unos 40.000 “opositores políticos”. 

En 2004, debido a la influencia que ejercían algunos elementos del antiguo régimen, el Sr. Guengueng tuvo que huir a Estados Unidos. Allí se puso en contacto con el Programa para supervivientes de la tortura del Hospital Bellevue y la Universidad de Nueva York, un proyecto conjunto que recibe apoyo financiero del Fondo de contribuciones voluntarias de las Naciones Unidas para las víctimas de la tortura, con el fin de obtener el tratamiento médico que necesitaba y proseguir con seguridad su viaje en pos de la justicia. La distancia no iba a impedir que incoara una causa contra su torturador.

El Sr. Guengueng recibió un tratamiento de cirugía oftalmológica que contribuyó a revertir el deterioro de la visión que padecía a causa de los traumas y participó en un grupo de terapia junto con otros supervivientes de lengua francesa. “El  programa me ayudó a resistir. Sé que muchos de mis compatriotas no sobrevivieron, porque no tuvieron los cuidados sanitarios y el apoyo que yo recibí de este programa”. 

En noviembre de 2015, un grupo de 90 supervivientes y testigos, entre los que figuraba el Sr. Guengueng, prestó testimonio contra el antiguo régimen del Chad y, al término del proceso, el ex dictador fue sentenciado a cadena perpetua, en un juicio histórico celebrado en mayo de 2016, ante el Tribunal Especial de la Unión Africana reunido en Dakar (Senegal).

“No buscábamos venganza. Buscábamos justicia. Nuestro testimonio fue muy influyente”, explicó Guengueng. El veredicto fue a la vez una victoria para las víctimas que hicieron posible el juicio y una advertencia a otros dictadores: se hará justicia. 

El Sr. Guengueng tiene un mensaje para otras víctimas y para cualquiera que desee escucharlo: “La justicia refleja el hecho de que hay una verdad. Narre su historia y diga la verdad a la gente, y entonces hallará justicia”.

El 9 de enero de 2017, los abogados de Hissène Habré interpusieron un recurso de apelación para anular la sentencia de cadena perpetua, con el argumento de que el primer juicio estuvo plagado de irregularidades procesales. Al igual que muchas otras víctimas y sus aliados, el Sr. Guengueng sigue participando activamente en el procedimiento jurídico y asistió al inicio de la vista en el tribunal de Dakar.

“Era previsible que después del juicio la defensa interpusiera recurso de apelación si no quedó satisfecha [con la sentencia]. Volví a Dakar porque comprendí que los argumentos planteados por la defensa carecían de fundamento”, dijo Guengueng. “No hay motivo para perdonar al acusado; en virtud del derecho internacional, bastaría uno solo de los cargos para condenarlo a cadena perpetua”.

“El Sr. Habré ni siquiera dio ocasión para que se consideraran las circunstancias atenuantes. Mostró su desprecio por las víctimas y desdeñó al tribunal africano, como si él estuviese por encima de la ley”.

El Sr. Guengueng señaló que las víctimas de Habré y sus familiares se sienten confiados. “Creemos que los jueces de la Corte de Apelación basarán su fallo en el derecho, especialmente en el derecho internacional”, afirmó. “Dios mediante, regresaré a Dakar para oír el veredicto el 27 de abril”.

19 de enero de 2017

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